Comunidades Wichi: “En la agenda de nadie”

Por Lorena Volonté/ Lucía Maldonado*

 

En el marco de la reciente semana de los pueblos originarios que se conmemora entre el 19 y 25 de abril con el objetivo visibilizar la realidad de las comunidades indígenas, desde MediaLab de Portal Universidad dialogaron con la organización Miremos con Amor. Dicha agrupación se dedica al acompañamiento de comunidades Wichi ubicadas en las provincias de Salta y Formosa.

La organización Miremos con Amor nació hace 10 años en Mar del Plata, con el objetivo de “saldar una deuda social”. Su fundador, José Emilio Alegre, explicó que tanto él como sus amigos habían podido transitar todos los niveles de educación pública, gratuita y de calidad y fue así que decidieron saldar esta deuda trabajando con la educación como herramienta de cambio y movilidad social para comunidades que fueran muy vulneradas, como lo son los pueblos originarios.

Hoy cuentan con 20 voluntarios, más de 100 socios, y realizan tareas de acompañamiento en seis escuelas: dos en Salta y cuatro en Formosa, que incluyen primarias con sus niveles iniciales, primarias de adultos y secundarias rurales.

                                   Fundador de Miremos con Amor, José Emilio Alegre.
Fuente: Facebook Miremos con Amor
  • ¿Cómo se fundó Miremos con Amor?

En el 2011 me encontré en Facebook una publicación llamada “Pueblos Originarios del Norte necesitan de tu ayuda”. Después de analizarlo mucho terminé sumandome con unos amigos al proyecto, y viajamos con ese grupo en julio del 2012. Estuve una semana parando en la escuela de Capitán Paget y de ahí hicimos territorio a todas las demás escuelas que el grupo acompañaba en ese momento.  Hasta que viajé no tuve dimensión de la escala de lo que significaba, ahora entiendo que lo que allá se vive es catástrofe humanitaria. 

  • ¿Ese primer viaje fue el disparador? 

Totalmente. En ese primer viaje no estaba la expectativa de que estábamos abriendo una puerta que requeriría una gran responsabilidad, de que eso generaría lo que hoy es Miremos. Es enorme, muchísimo más grande de lo que nunca imaginamos. Para mí, en lo personal, le dio un sentido a mi vida que hasta ese momento no lo tenía. La militancia social, el trabajar en función de construir redes para acomodar la vida de los otros, es definitivamente el sentido de mi vida en estos últimos diez años.

Empezamos con algo muy pequeñito, nos planteamos hacer algo pero no simplemente desde el asistencialismo, sino algo que promoviera más la vida. Fue muy difícil, ¿Cómo hacer el recorte, sobre qué zona trabajar, a quiénes acompañar en este proceso? Nosotros éramos un grupo de gente sin recursos, sin relaciones políticas, sin la posibilidad de buscar cooperación internacional. Por lo tanto, requirió ser muy precisos sobre cuál era el espacio en el que podíamos  intervenir. La acción que hacemos desde Miremos es la de acompañar. Está prohibida la palabra ayudar, es autoritaria y establece una relación vertical con la que no nos identificamos.

“En esa época las escuelas no tenían clases porque no contaban con útiles escolares,  las familias aborígenes se acercaban allí únicamente para que los hijos pudieran comer de lunes a viernes. La primera transformación fue llevar material y trabajar en la motivación de los docentes. Las dificultades que tienen las familias wichís con las escuelas  y sus docentes son muy profundas, ya que suele haber un importante nivel de racismo, y si bien hay un proyecto de educación intercultural bilingüe, en la práctica no funciona”.

     Infografía realizada por el medio con imágenes aportadas por la organización
  • ¿Cómo fueron los inicios de la organización?

Al regresar del primer viaje decidimos que no queríamos continuar con aquel grupo, ya que tenían un modelo muy asistencialista. Nos propusimos en primera instancia, construir un modelo de gestión muy ardua, centrada en nosotros mismos en términos de financiación. Decidimos no establecer vínculos ni político partidarios, ni de tipo religioso porque entendíamos que ellos son los responsables de la situación que viven en la actualidad los pueblos originarios.

  • ¿Cómo es la situación de los pueblos originarios en Argentina?

Las comunidades atraviesan muchas situaciones complejas de emergencia, que en el caso de Formosa es mucho más grave porque el 70% de la población de su población es aborigen. La problemática no es sólo social, donde hay una marcada asimetría arraigada en la discriminación. La mayoría no tiene electricidad, no tienen agua potable en cantidad suficiente y necesaria. En algunas comunidades disponen sólo del agua de los charcos para el consumo. Junto a la emergencia alimentaria, hídrica y sanitaria, está la de tipo ambiental: el uso del glifosato, la agroindustria y el permanente desmonte transformó la vida de estas comunidades. Mientras había monte tenían resuelta su situación de subsistencia perfectamente, porque se alimentaban de todo lo que la naturaleza les proveía. Una vez que empezaron a encerrarlos, a desplazarlos, a destruir sus tierras, todo empeoró.

«En el país residen 44 etnias. No están en la agenda política ni en la agenda social, a nadie les importa. No lo toman como un problema porque no es algo que “pague”, que gane votos, ni sea interesante para una elección.»

  • ¿La llegada de la pandemia significó un antes y un después? ¿Cómo se organizaron frente a esta nueva situación que se planteaba?

La pandemia supuso una situación de mucho movimiento personal y familiar, así que varias personas se tomaron licencia este año. Con su inicio, empezamos un proceso de una gran transformación digital, imprescindible para poder asumir la no presencialidad que implicaba.
El año pasado tuvimos que empezar a trabajar a tele distancia así que implementamos distintas cuentas de drive que cubren cada uno de los programas de la organización. También, estamos armando una página web trilingüe: en wichí, castellano e inglés. Asimismo, intentamos que en Facebook e Instagram todas las publicaciones empiecen a aparecer en las dos lenguas, wichí y castellano. Por otro lado y a raíz de la pandemia venimos con cierto desfasaje financiero, causado por la imposibilidad de realizar eventos, que representaban la recaudación más importante para nosotros.

  • ¿Por qué precisamente “Miremos con Amor”?

Llamamos a la Campaña Miremos con Amor porque creíamos, de verdad, que  esa era la manera de mirar el mundo: amorosamente, desde la empatía, desde la construcción con el otro para que esa construcción sea posible  y proponer así, una transformación, lo que en la sociedad no abunda. Los nenes no tienen tiempo de esperar que el mundo cambie, esa es una urgencia que nos empuja siempre y es el sentido del trabajo de esta organización. En esta asimetría tan  violenta que viven, tienen un concepto muy comunitario, y esa conciencia comunitaria hace que justamente no puedan entender que alguno de ellos tenga algo que no tienen los demás.

Después de seis años de nuestro trabajo, el egreso de los primeros nenes de las escuelas fue una experiencia única: habíamos consolidado ese sueño de la educación como herramienta de cambio.

 

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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