Edificios: “El impacto urbanístico puede ser negativo o positivo”

 

Desde hace años el crecimiento exponencial de Mar del Plata es un interrogante en la población, no solo por su forma expansiva de desarrollarse, sino también debido a la cantidad de edificios que se van construyendo tanto en el centro de la ciudad como en la costa.

Portal Universidad dialogó con Miguel Rótolo docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y Magister Scientiae en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano, sobre el impacto urbanístico que tienen los edificios, el mismo “puede ser negativo o positivo”.

Rótolo explicó que “la ciudad viene creciendo, extendiéndose, acercándose al campo y tomando tierras”, por lo tanto el tener una vivienda o construir en un barrio lejano provoca la necesidad de ampliar los servicios básicos que se necesitan para vivir, como infraestructura, gas o trasporte. Del mismo modo, el docente planteó que Mar del Plata “puede crecer con densidad, dentro de la ciudad u ocupando vacíos”.

La ciudad “debe ser lo más compacta posible”, ya que de esta manera sería “más económico, el transporte más corto y la red de infraestructura estaría más cerca”, detalló. Por ende afirmó que “cuando vemos una gran cantidad de edificios en el centro, no necesariamente es un impacto negativo”.

Por otro lado, indicó que la gran cantidad de edificios que hay en la ciudad se debe a que “tenemos un contexto de inflación estructural hace años, lo que hace que la construcción sea una reserva de valor para los que tienen capital y así una posibilidad de ganancia”.

Ante la recurrente pregunta de para quién se construye, el docente reflexionó que “no es para esa gente que está en los bordes de la ciudad tratando de ocupar un lugar. Hay que encontrar una solución para que se pueda construir no solamente en el centro de la ciudad para una cierta gente, sino que pueda haber viviendas para todos”.

En referencia a los chalet, que por muchos años caracterizaron a la ciudad y que cada vez son menos, comentó que “las familias van desapareciendo, la gente se hace muy mayor, se va a vivir a otro lado y las casas van quedando y deteriorándose”. 

Igualmente, “la población va cambiando, va buscando otras maneras de habitar”, como la decisión de vivir en un edificio que “puede ir desde preferirlo hasta la seguridad que transmiten”, indicó.

“Hay edificios que cuentan un poco de la historia de la ciudad, pero que se hace imposible de mantener, tanto para los dueños como para la municipalidad”, destacó.

El docente se refirió a que “muchas veces se quiere que el Estado compre los chalet para convertirlos en museos. Por ejemplo, el Museo Mar es un edificio que prácticamente se mantiene solo, obviamente habrá que hacerle cosas pero no es como estos chalet de época que tienen una construcción que implica un mantenimiento inmenso”.

Con respecto a la normativa de construcción, manifestó que en otros municipios, como en Rosario, se realizan excepciones donde se permite construir “una cantidad X de pisos más, si cedes a la ciudad un terreno. Entonces, eso permite que el Estado se haga de tierra y que después pueda disponer para que otra gente pueda construir”. 

Para finalizar, destacó que “la construcción es un motor importante y tiene que funcionar. Se mueve una cantidad de capital que hace que la gente tenga trabajo”.

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