Mar del Plata fundacional, una ciudad para “turistas de pies descalzos con doble apellido”

Foto: Imágenes de Mar del Plata

 

Mar del Plata en retrospectiva, una ciudad creada para unos pocos privilegiados que disfrutaban de los tres meses de verano en las costas balnearias. Con el correr del tiempo, este contexto fundacional se transformó en lo que hoy conocemos: uno de los destinos turísticos mas destacados del país.

Portal Universidad dialogó con Victor Pegoraro, Doctor en Historia y Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien explicó los comienzos de la urbanización de Mar del Plata hasta convertirse en ciudad.

Si bien desde siempre se relacionó a Mar del Plata como la ciudad predilecta para veranear, no siempre fue así. “Lo primero que hay en esta zona es un saladero donde se producía carne para alimentar a esclavos que pertenecía a Coelho de Meyrelles, un cónsul portugués que vivía en Argentina”, comentó Pegoraro.

A mitad del siglo XIX, Patricio Peralta Ramos “compra estancias improductivas que daban al mar y, en 1860 adquiere la Laguna de los Padres, la Armonía y San Julián de Vivoratá”. A partir de esta compra, 14 años después “surge la idea de crear un pueblo y en 1874 se funda Mar del Plata”, indicó. De esta forma, Mar del Plata se crea en tierras de Peralta Ramos.

Tres años después llega Pedro Luro, un inmigrante vasco francés que “viene sin nada y va haciendo fortuna, se va dedicando al trabajo de campo y le compra al hijo de Peralta Ramos la zona y el saladero, convirtiéndose en uno de los pioneros que empieza a urbanizar”.

Igualmente, desde antes de su fundación habitaban los trabajadores del saladero y pescadores de la zona. En paralelo a ese momento, se funda la ciudad de Balcarce, por lo tanto, “mucha gente se traslada pensando que esa ciudad iba a ser más importante por su relación con el campo”.

En ese contexto, Mar del Plata empieza a crecer con estos trabajadores estables pero lo hace de a poco. “De aquí en más se establece el muelle, el almacén de ramos generales y un primer hotel porque Pedro Luro y sus hijos son los primeros en pensar a la ciudad como un destino turístico de élite, para las clases altas”, afirmó Pegoraro.

Luro, tenía la idea que Mar del Plata debía ser “un balneario templado donde veranean las clases altas argentinas. En ese momento, podían realizar un turismo rural en las cercanías de Buenos Aires o iban a los balnearios de moda en Europa, donde estaba la aristocracia latinoamericana en general, que luego van a formar parte de la historia de Mar del Plata”.

Para finales del siglo XIX, a 20 años de la creación de la ciudad, llega en 1886 el primer tren a Mar del Plata y en 1888 se realiza la inauguración del Bristol Hotel. “Esta serie de acontecimientos dan cuenta de que la ciudad empieza a crecer como un balneario restringido para los círculos de élite. Se habla de turistas de pies descalzos con doble apellido que vienen a pasar tres meses de temporada de verano con toda su servidumbre para socializar” destacó.

“Mar del Plata, en ese momento, era el lugar de la crème de la crème, a ejemplo y semejanza de los balnearios europeos se establece como el primer balneario de Argentina. Entonces, la ciudad era un lugar destacado. Estas clases altas son las que, años más tarde, van a construir las grandes villas balnearias, las grandes mansiones sobre la costa y la Avenida Colón, aunque ya no quedan tantas”, señaló.

Con una mirada de la actualidad y de lo que dejó esta Mar del Plata fundacional, el docente comentó que “en la ciudad lo que siempre pervivió fue el negocio inmobiliario. Desde sus comienzos y hasta ahora es pensada con esa característica turística y cómo la urbanización de las tierras se destinan a este público turístico”.

Del mismo modo, explicó que “siempre se está pensando en el habitante del afuera por más que el tipo de turista haya cambiado. De ese balneario aristocrático pasamos a uno bastante popular que cuenta con una oferta turística para todas las clases sociales“.

Por último, afirmó que “esta encrucijada entre la población permanente y la población transitoria de verano es parte de la identidad de Mar del Plata. Esa disyuntiva de trabajar para los marplatenses o para los turistas siempre estuvo presente, esa tensión todavía no se pudo resolver”.

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