La odisea de una marplatense varada en Nueva York con coronavirus

 

Por Maria Belén Alvarez Cestona*

 Valentina Sosa tenía 17 años cuando al no viajar con sus compañeros de curso al tan ansiado Bariloche Marcelo y Magali, sus padres, decidieron obsequiarle un viaje a Estados Unidos con fecha 3 de marzo.

Ella ya había viajado a este país para sus 15 años con su familia. Por ello, les pareció buena idea a sus progenitores darle su primer vuelo sola para aprender el idioma y que pueda visitar a sus amigos de toda la vida por 20 días.

Con la valija llena de ilusiones, Valentina se embarcó en una nueva aventura. El 4 de marzo del 2020 partió rumbo a Estados Unidos. Allí, se quedaría con Rubén Darío y Adelina, amigos de la familia, a quien cariñosamente llama tíos, y su primo en el barrio de Queens.

Todo parecía ir bien, “mis tíos fueron a buscarme al aeropuerto, y yo tenía fecha de regreso para el 23 de marzo. La idea era ir, pasear y disfrutar” comentó Valentina. Y añadió, “las primeras dos semanas pude hacerlo, me levantaba temprano, íbamos con mi tía, me compré cosas, disfrute esas dos semanas. Después fue todo encierro, estuve tres meses sin poder volver a mi casa”.

Así, pudo visitar todos los lugares deseados en un país que no esperaba que la enfermedad cruce el océano y los afecte directamente. Tan solo veinticuatro horas antes de su llegada, Nueva York registraba su primer caso. “Era la primera vez que viajaba sola y le tengo miedo a los aviones. Sin dudas, no era la experiencia que me imaginaba”, dijo dolida.

Valentina paseando por las calles newyorkinas

La llegada de la pandemia

Luego de la diversión, llegó la desdicha. Las noticias comenzaron a correr, se estaban cerrando las fronteras y Valentina seguía en Estados Unidos. Ella regresaba con la empresa Latam, pero le cancelaron el vuelo días antes de la vuelta a casa.

Magali, su mamá, intentó comprar un pasaje para el día 17 de marzo, pero la aerolínea no le respondía bajo ningún medio. Esto sucedió cuatro veces más, Latam reprogramó en un inicio su vuelo para el 1 de abril, luego lo pasó al 12 de abril, más tarde al 1 de mayo y por último al 3 de junio. “Fue difícil, con mis papas comprábamos pasajes, y tres o cuatro días antes me lo reprogramaban y luego cancelaban. Así estuve tres meses” contó Valentina. Todo era desesperación.

Además, no había vuelos directos desde la gran manzana a Argentina, “sí o sí, tenías que hacer escala en Miami. Era un lío, porque si a mí me cancelaban el vuelo de Miami a Argentina, me tenía que quedar ahí sola, sin nadie”, añadió Valentina.

Los casos comenzaban a crecer de forma sustancial y Nueva York era uno de los estados más complicados con la situación. Valentina decidió dirigirse al consulado argentino, allí había muchísimos más argentinos en la misma situación. “Había mucha incertidumbre, no salían vuelos desde Nueva York, todos se suspendían. En el consulado nos informaron sobre un viaje con otra aerolínea que salía directo desde ahí. Mis papas me compraron enseguida el pasaje”, comentó.

El testeo positivo

El regreso ya estaba cerca, pero la marplatense unos días antes de volver contrajo Covid-19. El día 6 de mayo la testearon, ya que, sus tíos presentaban síntomas. La joven nunca se esperó que tuviera coronavirus porque no tenía ningún indicio de poseerlo, pero su resultado fue positivo, siendo asintomática.

Para el testeo comentó, “vos pasas en una carpa gigante con el auto, no te bajas en ningún momento. Solo tenés que bajar la ventanilla para que te pongan el hisopo en la nariz. Presentas unos documentos, te lo realizan y luego entras a una página web y ves los resultados”.

En la casa de sus tíos, se hacía división de los tiempos para estar en los diferentes lugares del hogar, “cuando ellos estaban en el living, con mi primo estábamos en nuestros cuartos. Cuando nos juntábamos nosotros a comer, ellos se iban a su habitación. Intentábamos evitar el contacto lo más que podíamos, porque mis tíos estaban muy mal”, añadió la joven.

Valentina comentó que veían las noticias juntos, y la desesperación se tornó insostenible, “veíamos las cifras y nos daba mucho miedo y preocupación. Fue de un día para el otro que los resultados subieron. Solo pensaba en mis papas y en cómo volver, estaba sola. Decidí no salir más, solo las primeras dos semanas y después me encerré los tres meses siguientes”.

Para poder regresar al país necesitaba sí o sí una confirmación de testeo negativo. Por lo que a la semana, se realizó un nuevo hisopado que confirmó que ya no tenía coronavirus. “El consulado me envío un mail, comentándome que aunque diera negativo, para mayor cuidado debía esperar entre 15 a 20 días para volver a subirme a un avión”, explicó angustiada Valentina.

El regreso a casa

El día 31 de mayo, Valentina se dirigió al aeropuerto de Nueva York para poder volver a casa luego de la odisea que vivió en Estados Unidos por la pandemia. Allí con resultado negativo de coronavirus en mano, “había todas las medidas, tenías distanciamiento, todo. Incluso en el avión no estábamos sentados de a dos, si no que había asientos vacíos, y siempre con barbijo”, pudo regresar a Argentina.

Acá, Marcelo, la esperó con los brazos abiertos en el aeropuerto “tuvo que sacar un permiso que autorizó especificando que tenía que ir a buscar a su hija que volvía de Estados Unidos. Se lo dieron, y pudo ir a buscarme”, añadió. De regreso a la feliz se los obligó a cumplir cuarentena estricta toda la familia.

Valentina y Marcelo en el aeropuerto reencontrándose

Luego de la odisea vivida, la desidia de no saber cuándo volver, el miedo por la cantidad de casos, en julio del 2020, decidió donar plasma en el Hospital Privado de la Comunidad. “Me hice unos exámenes antes de hacerlo para chequear que estuviera todo bien, el doctor me explicó lo que era y obvio lo hice porque en ese momento se necesitaba y era importante poder donarlo. Son 40 minutos y podes ayudar a salvar una vida”, razonó.

Actualmente, tiene 18 años, se junta con sus amigos, ve a diario a su familia, y se encuentra ansiosa esperando para hacer el ingreso a Odontología en septiembre. Su vida cambió completamente ese 4 de marzo, y hoy su caso es solo una anécdota más que recordará para el resto de su vida.

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