De Venezuela a Mar del Plata: migrar en primera persona

 

Por Florencia Arrúa , Julieta Belettieri y Ariel Perissinotti *

Es complejo definir las causas y razones de la profunda crisis migratoria venezolana sin entrar en la arena de la confrontación ideológica y política. No obstante, e independientemente de sus razones, desde el año 2002, es decir hace ya casi 20 años, comenzaron a gestarse estos desplazamientos de los venezolanos hacia todos los rincones del continente.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, se estima que para finales del 2021 se alcanzarían los 6,2 millones de migrantes y refugiados venezolanos. Este número es superior a la cantidad de desplazados por el conflicto bélico Sirio, por ejemplo, y la mayoría de estas personas, alrededor de 4,6 millones, recalaron en otros países de Latinoamérica y el Caribe.

Desde MediaLab de Portal Universidad, contactaron con Laura Pérez, una migrante venezolana que llegó a nuestro país en el 2017 y encontró un nuevo futuro en Mar del Plata. Nos contó cómo fue tomar la decisión de abandonar su tierra, cómo fue recibida por nuestra ciudad y cuáles son sus expectativas para el futuro.

-¿Cómo fue tomar la decisión de migrar?

Cuando lo decidí fue como cuando te lanzas a una piscina profunda, ya no hay marcha atrás, y en mi caso fui parte de la migración forzada. La diferencia de esta ola migratoria es que realmente no sabemos cuándo vamos a volver, y eso es lo que te llena de nostalgia. Cuando te estás despidiendo de tu mamá y no sabes si la vas a volver a ver, es bastante duro.Esta oleada había empezado 4 o 5 años antes de que yo me viniera, pero los que nos quedábamos veíamos a los que se iban como exagerados. «Aquí ya no hay futuro», decían, luego de un tiempo la gente los empezó a llamar profetas, porque todo lo que ellos temían se terminó cumpliendo.

-¿Cómo era vivir en Venezuela en el último tiempo?

Ya vivir en Venezuela era difícil, era esa sensación de alegrarme y molestarme por lo que me alegraba. Conseguía pollo y eso era una fiesta. Y yo decía: ‘¿Por qué me tengo que alegrar de esto?’. Una vez pasó que encontré un champú de 2 litros e invité a mis amigas a que se vinieran a bañar a mi casa. La felicidad de haber conseguido champú al mismo tiempo me amargaba: ‘No se me puede olvidar que esto no es lo normal, no me puedo alegrar por un champú’. Pero el punto está en que si te acuerdas que era normal eso te hace infeliz, porque no lo tenías, entonces te tienes que acostumbrar a la cola, y decir ‘vamos a las 4 de la mañana para ver si esta vez sí conseguimos crema dental’.

Laura relata que para hacer las compras comenzaron a dividirlos por número de cédula: “Te tocaba el mismo día ir a un supermercado donde conseguías el champú, en otro el jabón, en otro crema dental y así”, ya que como no había de todo en un mismo supermercado tenía que hacer colas en varios lugares para conseguir distintas cosas. “Así perdías todo el día.Quería estar en un país donde mi preocupación no fuera esa.”

-¿Qué te empujó a irte?

Personalmente cuando me vine estaba en una situación muy particular ya que fue después de que mi papá falleciera de cáncer. Con el contexto del país y un cáncer encima, que de por sí es una enfermedad que en cualquier país es un problema, allá era ‘trata de conseguirle esta medicina a tu papá’ y no la encuentras. Creía que me iba a volver loca. Pero fue una situación que me tocó primero a mi. Mi familia en el interior del país me veía como exagerada, como yo veía a mis amigos anteriores.

-¿Cómo fue tu llegada al país?

Cuando llegué aquí tenía todo muy claro. Llegué un 21 de agosto a Mar del Plata, el 22 ya estaba sacando antecedentes penales y el 25 estaba solicitando DNI, era lo primero que quería. Y luego conseguir el trabajo que es la parte más complicada, sobre todo cuando lo haces desde el ego, porque en Venezuela había llegado a ser directora, tenía un buen cargo. Pero acá, era trabajar de lo que sea.

Respecto a su familia y amistades, Laura cuenta que sus 4 amigas emigraron al mismo tiempo, pero todas a países distintos. “Fue muy difícil, nos fuimos con esa desazón de que nos íbamos obligados, que es el sinsabor más fuerte de esta ola migratoria”. Por otra parte, su mamá Mirian, llegó en enero del 2020, casi tres años después que ella. Relata que su viaje fue más difícil porque tuvo que combinar avión y autobús por cuestiones económicas. Tardó una semana y media en llegar y en el camino le perdieron una maleta “lloró varios días por eso, pero luego la recuperó”.

“El punto es que cuando migras lo único que tienes es lo que cargas encima, entonces te quieres aferrar a algo. El ser humano de por si busca seguridad, y que le quitaran eso para ella significó mucho”.

Laura cuando llegó su madre a Mar del Plata junto a Derika, otra migrante venezolana.

-¿Qué sentís cuando miras a Venezuela hoy?

Me da tristeza. Me parece que somos el ejemplo de que un país rico, mal administrado, termina pobre. Creo que tenemos que ser un ejemplo para que esto no pase más. Aun así sin petróleo, creo que Venezuela con los recursos naturales y los paisajes que tenemos podría ser súper rica. Pero cuando te domina la ambición, se te olvida que estás administrando algo en beneficio de un todo, no de tú solo. Pero son decisiones que no dependen de uno. Tú decides que quieres hacer, conozco periodistas que presentan investigaciones todos los días, y les debo mis respetos por seguir en esa lucha.

“A veces me siento culpable de no haberme metido, pero yo particularmente quería mucho vivir, y no sentía que así vivía”.

-¿Hoy en día estás conforme con la decisión que tomaste?

Creo que la migración fue una de mis mejores decisiones, más allá de que fue extremadamente dura, creo que la volvería a tomar. Dejamos nuestra casa, y a mi mamá le cuesta pensarlo. A mi nada de eso me ató, comencé a sentir en Venezuela la sensación de prisión, no física, pero a nivel de proyección.
Ahora estoy feliz y muy emocionada, pensando en proyectarme en otras cosas, tener mi propio emprendimiento. Cuando sales con ganas de aportar, todas las puertas se te van a abrir. Yo vine a adaptarme, Argentina me recibió muy bien y sé que es un país al que le debo mucho, y todo lo que le pueda devolver lo voy a hacer. Mi despedida de Venezuela fue el compromiso de venirme con toda la buena intención, de aportar en otro país lo que hubiese aportado en el mío, era lo único que quería.

-¿Qué le dirías a un compatriota que está pensando en migrar?

Diría que la clave es disposición, disposición a dar y a recibir, a entender que las formas que conoces puede que no sean correctas en otro lado, que tienes que aprenderte otras, y que no por eso vas a dejar de ser tu. Yo digo ‘che’ y sé que no me voy a ver menos venezolana por eso. Tienes que aprender a desaprender, ‘así lo aprendo acá, o acá lo bailo así’ esa es la parte divertida de la migración.

-¿Soñás con volver a vivir allá en un futuro?

Siempre digo que no sé volver, me cuesta. Vivir en Venezuela no lo concibo, pero sé que tengo deudas con ciertas cosas que me faltaban vivir allá. El punto es que cuando te vas de tu país de esta formate tenes que acostumbrar a la idea de no ser de ningún lado, de siempre ser el extranjero. Es algo que no tiene retorno, porque siento que incluso volviendo ahora a Venezuela me voy a ver extranjera. Y entre ser extranjera en tu propio país, o ser extranjera en Argentina, prefiero mil veces seguir siendo extranjera acá.

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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