Iluminación: ¿cómo cuidar la salud visual de una ciudad?

 

Desde el Instituto de Investigación Científicas y Tecnológicas en Electrónica estudian las mediciones de la iluminación LED, su calidad y el impacto en la salud, la seguridad y el bienestar.

Gustavo Arenas, investigador independiente del Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas en Electrónica (ICYTE, CONICET-UNMDP), trabaja desde el 2003 en óptica y fotónica en el campo de sensores basados en fibra óptica. Su inquietud por la iluminación y sobretodo en la iluminación LED, desde que es considerada un estándar, lo motivó a iniciar este proyecto junto al Doctor en Ingeniería y docente de la UNMDP, Julián Antonacci, para medir la iluminancia, y poder mejorar su uso evitando así inconvenientes en la salud humana y ambiental. Un aspecto central de preocupación para el investigador es la proliferación de luminarias con tecnología LED tanto en la vía pública y parque automotor, como en los hogares, oficinas, instituciones, que eventualmente no cumplan con los requisitos mínimos.

La iniciativa para medir la iluminación LED y evaluar si es invasiva o de mala calidad está dentro del proyecto de Unidad Ejecutora de Ciudades Inteligentes en el 2018, que le permitió comprar en el 2020 un medidor de iluminancia espectrómetro. Esto surgió de la preocupación de Arenas sobre los problemas que pudiera generar en la población la irradiación en la zona del azul-violeta, el exceso de iluminación y su carácter pulsante. “La idea es medir el contenido espectral de iluminación así como la iluminancia y a partir de estos valores calcular el índice de deslumbramiento unificado o UGR (Unified Glare Rating), que establece el nivel de deslumbramiento de la fuente de luz para determinar si dicha iluminación se encuentra dentro del rango recomendado por la bibliografía especializada para la cual estaba destinada”, detalla el especialista.

A partir de estas mediciones se busca establecer la iluminancia, el contenido espectral y el tipo de iluminación. Hay varios estándares que determinan la cantidad necesaria en base a la tarea y el lugar. Arenas amplía: “Con esta medida podemos saber si las fuentes que se compran cumplen con lo que prometen en sus especificaciones, si en un ambiente hay exceso o defecto de iluminación, incluso en la vía pública”.

El contenido espectral para determinar cómo está distribuida la energía luminosa en el espectro visible también se podría medir con el espectrómetro. Considerando los conceptos de “luz fría”, “luz neutral”, “luz cálida”, según se trate del mayor o menor contenido de irradiación en el azul, en todo el espectro visible o en el rojo, respectivamente. Esta medición más allá del plano estético puede afectar la manera en que percibimos los colores en general, los objetos y las superficies. “En una gran parte este tipo de dispositivos suelen tener una mayor irradiación en la zona del azul-violeta -rango para el cual los seres humanos no tenemos la mejor agudeza visual- y sí en cambio nos generan molestias visuales y deslumbramiento, en particular a las personas de más edad”, explica el ingeniero.

Y a esto se suma que algunos fabricantes generan la iluminación empleando técnicas de conmutación o pulsado, es decir las fuentes se encienden y apagan una cierta cantidad de veces por segundo. Hay que tener en cuenta que en frecuencias mayores a 25-30 veces por segundo es imperceptible a nuestra visión y esto puede causar fatiga y en algunos casos – reportados por la bibliografía- ser causa de malestar visual y en casos muy extremos llegar a generar convulsiones. Además, medirán también el tipo de iluminación en relación a la corriente continua o mediante pulsos que alimenta que puede ser corriente.

Medir la calidad de la luz es preciso para que la misma sea adecuada y asegurar así el mejor nivel para la salud, la seguridad y el bienestar. La iluminación de baja calidad puede influir negativamente debido a la producción de deslumbramiento, fatiga visual, parpadeo, tensión e interferencia con los ritmos circadianos del cuerpo humano. El investigador detalla que también puede producir condiciones peligrosas al no iluminar correctamente áreas de riesgo, como bordes de aceras y escaleras e incluso las etiquetas de los productos de limpieza. “Las políticas energéticas deben promover una iluminación que a su vez contribuya a la seguridad y el bienestar”, agrega Arenas.

El investigador proyecta comenzar a realizar un relevamiento de la ciudad y diversos lugares de trabajo, donde no hay luz natural predominante, para generar un mapa de calidad de iluminación de la ciudad para detectar zonas de déficit y áreas de proliferación desmedida.

 

Fuente: Conicet Mar del Plata

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