El amor en eje: historias de pandemia

 

Por Julieta Belettieri*

 

La pandemia cambió los planes de todos, y la cuarentena tuvo graves impactos en la salud física y mental de las personas. En esos meses de encierro tuvimos que buscar la libertad de otras formas para poder sentir cosas que nos aprisionaran un poco menos. Reestructuramos nuestra forma de vivir, de conectarnos con otros y hasta con nosotros mismos.

Hay miles de historias que contar sobre cómo tuvimos que reponernos, colectiva e individualmente a una crisis mundial. Sin embargo, acá van cuatro historias entre miles de otras. Sobre personas como cualquiera de nosotros, que aprendieron a conocerse, a amar, a ser, de nuevo. De diferentes maneras, sobreponiéndose a las adversidades y a pesar de las distancias.

 

“Me di cuenta que me caigo bien”

Sofía tiene 20 años. Es marplatense pero su sueño siempre fue estudiar Ciencia Política en la UBA, por lo que hace dos años vive en la Ciudad de Buenos Aires con su madre.

Cuenta que el confinamiento fue muy difícil para ella porque tiene una relación muy cercana con su familia que vive en Mar del Plata. “Antes iba a verlos una vez por mes. Saber que estaban lejos y solo podía verlos o escuchar a mi abuela a través de una pantalla me pegó muy mal. No poder volver a mi casa, ver a mis perritas, me sobrepasó totalmente”.

Al igual que muchas personas tuvo que enfrentarse a grandes desafíos a causa del covid-19: “No quería aceptar que era real lo que estaba pasando. Estuve depresiva, no tenía ganas de hacer nada, no salía de la cama, por poco no comía. Mi sueño de vida universitaria, hacerme amistades, salidas, de repente se cortó todo”.

 

Debido a este panorama desolador en el que se sentía, refiere que en agosto empezó terapia: “Llegó un punto que dije no estoy haciendo nada de mi vida”. A partir de ese momento empezó a darse el espacio para ver qué le gustaba: “Cuando pude dejar de negar, me enfoqué en qué cosas me podrían hacer pasarla mejor en esta situación. Y me di cuenta que por ejemplo amo las plantas, y ahora tengo un ejército de ellas que me encanta cuidar. Es algo que me satisface y me llena de amor. Me hace muy feliz. Otra cosa que me ayudó mucho es meditar, y también aprendí a cocinar. Antes era malísima, y ahora me gusta mucho, porque tengo el tiempo y descubrí que es algo que disfruto”.

 

 

 

-¿Sentís que estas actividades nuevas que hiciste te ayudaron a conocerte a vos misma?

-Lo que pasó es que me fui descubriendo, y aprendiendo lo que me gustaba y apasionaba, lo que me daba satisfacción de hacer; la creatividad también yo toco la guitarra y canto. Poder estar conmigo misma, tener mi momento de soledad y poder pasarla bien. Me di cuenta que me caigo bien, que la paso bien conmigo misma. Toda mi adolescencia estuve de novia entonces nunca había estado realmente sola, y cuando llegó el momento y en cuarentena fue horrible, pero cuando pude salir de eso me dedique a amarme, a ser quien soy hoy.

¿Cómo definirías el amor por uno mismo?

-Yo voy a estar el resto de mi vida conmigo y la voy a pasar de diez porque me caigo muy bien y yo creo que es eso el amor. Saber que vas a pasar el resto de tu vida con vos, que estás contento con eso y que sabes que la vas a pasar muy bien y tomar decisiones hermosas. Es eso, realmente me caigo bien, soy amiga mía.

Conectar en la distancia

Ezequiel tiene 23 años. Conoció a Carolina, a través de Instagram antes de que la cuarentena llegara. Sin embargo, relata que con el confinamiento pudieron empezar a hablar mucho más seguido: “Teníamos más tiempo, entonces nos quedábamos hasta las 5 o 6 de la mañana hablando todas las noches. Así fue como nos dimos cuenta que nos gustábamos y decidimos vernos”.

Sus vidas cambiaron profundamente desde que su relación comenzó en medio de toda la incertidumbre que se vivía. “Hace casi ya un año que estamos juntos establecidamente. Eventualmente empezamos a convivir algunos días. Sumamos también una gatita que yo quería adoptar hace mucho tiempo y ella me ayudó, y hace poco adoptamos un perrito”.

Cuando la consigna principal era el distanciamiento social, parecía que los viejos paradigmas del amor, conocer a alguien, llegar a una cierta intimidad, serían imposibles. Sin embargo, con ellos no fue así.

Para Ezequiel de hecho su percepción del amor se modificó pero no por el contexto: “Cambió mi forma de ver el amor, de percibirlo, de vivirlo. Pero no creo que tenga que ver con la pandemia sino con ella, con lo que tenemos, con cómo se fueron dando las cosas. El amor con ella es distinto a mis relaciones pasadas. Quizás también tiene que ver con el aprendizaje anterior, pero ella me enseñó muchas cosas. El amor ahora es distinto, más real, sincero, atento, y creo que eso me lo dio ella.

 

 

-¿Cómo definirías el amor por un otro?

-Bueno yo siempre tuve esta definición quizás medio tonta y obvia, pero siempre creí que el amor es dar. Querer a una persona es querer obtener, el deseo de uno, el quiero para mi, de afuera hacia adentro, del otro hacia uno. Y después entendí que el amor es como lo contrario, de adentro hacia afuera. Lo que damos, lo que sacamos de nosotros por el otro, sin ningún tipo de provecho individualista o egoísta. Tiene que ver con lo que hacemos por otra persona simplemente porque queremos que esté bien, o hacerle bien

Por amor a la música: “Sigo intentando”

Julián tiene 17 años y estudia guitarra en el Conservatorio de Música Luis Gianneo. Desde que comenzó el encierro cuenta que sintió un impacto muy fuerte en el estudio del instrumento: “En la presencialidad uno toca y los profesores ya a simple vista pueden notar cosas; en cambio por videollamada es más difícil”.

Todo lo que implicó cursar fue un gran desafío para él: “Antes había un día que entraba a las 15 horas y me iba a las 21. Estaba todo el día ahí. Pasaba más tiempo en el conservatorio que en mi casa. Es algo precioso que simplemente no tenemos y obviamente va a ser distinto el estudio, no tengo los mismos estímulos”.

Además de este contexto institucional, Julián relató que la situación también lo afectó profundamente por problemas de ansiedad y angustia que padece desde muy chico y la pandemia agudizó: “Colapsé, se me cayó el techo encima, tenía ataques todos los días, era algo horrible. Y lo único que pude hacer ante eso fue ponerle un parche, distraerme. Pero tuvo como consecuencia que me volví un inútil. Estuve seis meses sin poder hacer absolutamente nada, no solo en el conservatorio, sino también en la escuela. Recién en diciembre me dieron el alta de terapia y yo llegué debiendo casi todas las materias del colegio”.

-¿Cómo afectó esto en tu autopercepción como músico?

-Antes de la pandemia me creía talentoso, con toda la humildad del mundo -agrega entre risas. En el 2019 empecé el año con modulo 3 de guitarra y para fin de año ya estaba tocando algunas obras del módulo 6. Me acuerdo que me sentía genial, un adelantado total. Pero con todo esto dejé de estudiar y empecé a sentirme un fracasado, todavía me siento así. Es muy difícil recuperar el ritmo que tenía. Antes estaba todos los días sentado 4 horas mínimo leyendo y tocando, perfeccionando, sacando cosas nuevas. Estaba apasionado no solo porque me gustaba la música, la guitarra, las obras, me gustaba la sensación de estoy tocando bien, me estoy esforzando, me está sirviendo, yo soy bueno para esto. Y esa es una sensación que perdí completamente. Todavía no la pude recuperar.”

Julián relata que arrancó terapia y dejó de tener ataques. A partir de ahí pudo rendir las materias del colegio pero empezó a estudiar guitarra de nuevo recién hace un mes y medio “Todavía me cuesta un montonazo porque sigue siendo una experiencia frustrante. Sé que no estoy tocando tan bien como antes y que no lo voy a hacer por un tiempo”.

-¿Cómo definirías lo que es para vos el amor por la música? ¿Sentís que todo esto que pasaste y el confinamiento perjudicó tu manera de conectarte con ella?

-Con la música tengo una relación divina, me encanta vivir rodeado de música. Estoy todo el tiempo escuchando y me fascina, pero creo que es imposible una relación sana con el estudio de la música. Porque para mi hay dos posibilidades o me está yendo bien o soy un fracasado.

De todas formas, por el amor que le tengo a este mundo sigo intentando. Estoy unido a esto porque sé que es a lo que me quiero dedicar, y que voy a recuperar el ritmo, aunque ahora no pueda. Porque tengo algo más que me impulsa, es una conexión que uno tiene. Y aun sin sentir que toco bien sigo disfrutando. No de lo que toco -se ríe- pero la música es algo que uno siempre puede disfrutar, y sigo estudiando porque me gusta y sé que es de lo que quiero vivir.

Emigrar a destiempo, desafío en familia

Victoria tiene 29 años, en octubre de 2019 junto a su marido Walter tomaron la decisión de emigrar a España con Santino, el hijo de él de 8 años. La idea era que se fuera ella primero, en abril del 2020, y buscar trabajo para que su familia la pudiera acompañar, pero sus planes se vieron frustrados: “A los pocos días de haber comprado el pasaje empezaron los primeros casos en Argentina y todo el tema de la pandemia. Nos suspendieron el pasaje y no nos lo cambiaron para una fecha exacta porque no se sabía realmente que iba a pasar”.

A todo esto, relata que habían dejado la casa en donde estaban para vivir con sus suegros y ahorrar el alquiler y Victoria ya había renunciado a su empleo. “El 2020 fue un año caótico, pensábamos emigrar y de repente nos encontramos con tener un sueldo menos, las cosas embaladas, no poder salir a ningún lado, no tener movilidad, las clases virtuales con el nene, y sobre todo, no saber cuándo podríamos irnos”.

Finalmente, y después de un año lleno de altibajos, el 18 de enero del 2021 Victoria logró llegar a Alicante, España luego de un vuelo de casi 13 horas desde Mar del Plata a Ezeiza y con escala en Barcelona. “Al principio la situación fue bastante difícil porque no conocía a nadie ni había ido con trabajo. Teníamos ahorros para que yo pudiera vivir tranquila varios meses hasta acomodarme pero tampoco era el mejor momento porque España estaba pasando por la segunda ola, había muchísimas restricciones de horarios, de movilidad y muchas tiendas cerradas, pero tomamos el riesgo”.

 

-¿Fue muy difícil irte sola, el desarraigo de la familia y sin saber cuándo podrían ir Walter y Santino?

-La verdad es que no tuve la sensación de desarraigo que tienen muchas personas cuando emigran. Por supuesto que extrañé mucho a mi familia, amigos, a mi marido y al nene que todavía no pudieron viajar. Pero no tuve esa sensación. Creo que colaboró mucho el hecho de haber pasado todo un año de distanciamiento social. Todo el tiempo que pasamos de encierro me ayudó a fortalecerme y poder enfrentar el hecho de emigrar de otra forma. Desde un punto de vista más alegre, como un nuevo comienzo y no tanto desde la nostalgia de alejarme de mi familia.

A los dos meses de llegar a Alicante, la ciudad donde reside, Victoria consiguió trabajo y cuenta que tuvo bastante suerte porque en España “hay muchísima gente desempleada por el tema del ´coronavirus´”. Refiere que estos cuatro meses desde que vive allá fueron de mucha incertidumbre: “Teníamos miedo de que cuando yo pudiera conseguir trabajo y pagar los pasajes en Argentina no pudieran salir por estar la segunda ola, y fue lo que pasó”.

Walter y Santino tenían pasaje el 3 de Mayo para concretar el esperado encuentro, pero la aerolínea se los canceló dos días antes de partir por la limitación de los vuelos. “Sabíamos que ese riesgo podría estar pero entonces comenzó el miedo de pasar otro año más por lo mismo, pero esta vez estando separados”. Afortunadamente, consiguieron un vuelo para el 18 de mayo, cuando esperan por fin reencontrarse.

-¿Cómo definirías el amor que sentís por tu familia?

Creo que la familia es una de las cosas más importantes que hay en la vida, y poder demostrarle a esas personas lo mucho que las queremos y valoramos es importantísimo. No solo la familia que nos toca, sino también la que elegimos. La pandemia y haber emigrado en este contexto me hizo notar lo mucho que amo a mi familia, lo importantes que son y la falta que me hacen al estar lejos. En el caso de mi marido y el nene, que si todo sale bien en unos días van a estar conmigo, fue darme cuenta de lo mucho que los extraño y necesito, y las ganas que tengo de empezar con ellos una nueva vida en este lugar.

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Cuatro historias de distintas personas elegidas casi por azar, con sus particularidades propias, pero en las que seguro nos podamos encontrar reflejados de alguna manera, en la búsqueda casi innata que hacemos todos los seres humanos. El amor como eje en sus múltiples concepciones y con las implicancias que conllevó la pandemia; el sacrificio, la valentía, lo que hacemos por quienes amamos y por lo que nos apasiona. Desde la búsqueda del amor propio, a la clásica definición romántica por un otro; de la pasión irrefrenable por la música, hasta la forma más primitiva de cariño por la familia. Estas son sus historias, entre las de tantos otros.

Y para vos ¿Qué es el amor?

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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