Gatillo fácil: “Es una manera hasta casi simpática de referirse a una situación muy trágica y complicada”

 

En la última semana, el asesinato de Lucas González a manos de agentes de la policía en medio de una balacera generó un clima de terror y espanto frente al accionar de las instituciones y de la justicia. Es que la discriminación permanente que sufren determinados jóvenes, ya sea por su color de piel, por usar una gorrita o por vivir en áreas periféricas, se vuelve aún más preocupante si estos estereotipos son reproducidos, una y otra vez, por quienes deberían cuidar de la sociedad.

Portal Universidad dialogó con Tobías Schleider, Doctor en Filosofía del Derecho, Director del Área de Gobiernos Locales y Políticas de Seguridad del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia, docente e investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien aseguró que el término gatillo fácil “es una manera hasta casi simpática de referirse a una situación muy trágica y complicada. Técnicamente, no es otra cosa que un homicidio agravado”.

Si bien se trata de un concepto que se utiliza desde hace un par de décadas, el especialista reveló que “no es un término técnico,  sino que surgió del tratamiento de los medios del fenómeno del abuso de armas, de los homicidios cometidos por fuerzas de seguridad y por la actuación de ciertos organismos de derechos humanos”.

Hasta el momento, no se trata de una conducta generalizada, “porque la Provincia de Buenos Aires tiene casi cien mil policías y esto no es algo que pasa todos los días, pero desde el punto de vista de las consecuencias son hechos con un impacto muy importante y tienen que tener la mayor atención del Estado. Cuando un integrante de una fuerza de seguridad comete un homicidio, en la mayoría de los códigos penales del mundo, y en particular el Argentino, lo consideran un homicidio más grave que si lo comete una persona particular”, indicó.

A vos te está quitando la vida una persona que, justamente, tiene que evitar que te quiten la vida.

En cuanto a las razones por las que se cometen estos hechos delictivos, Schleider confirmó que, en general, “tienen una motivación un poco mística, un poco que apela a la épica y a esta idea de un justiciero que mata al malo. A veces se justifican diciendo bueno, pero si nosotros no actuamos de esta manera, la justicia los deja salir enseguida, descargo realmente insostenible“, declaró. Sin embargo, algunos homicidios se cometen como ejecuciones en el marco de un hecho delictivo pero otros, como el que vimos la semana pasada de Lucas, “son ejercicios de esta práctica pero en contextos ajenos a una situación de un ilícito”.

 

La “falsa alternativa” de las pistolas Taser

Ante la idea de que la incorporación de pistolas eléctricas, como las Taser, serían una posible solución al problema del abuso policial, el especialista afirmó que “es una falacia. Esto no es así de ninguna manera y por muchas razones. Las Taser son herramientas violentas que se crearon en 1974, tienen una larguísima trayectoria en el uso de las fuerzas de seguridad y, en general, la experiencia ha sido mala“.

Si bien fueron creadas como una alternativa a las armas de fuego, y se entendió que se pueden usar solamente para algunos casos muy específicos que requieren un abordaje de ese tipo, “en general esto no sucede. Es lo mismo que los bastones eléctricos y otras herramientas. La principal razón de por qué no son una alternativa al uso de pistolas reales es que, al tener esta idea de menor letalidad, la policía termina usando con mucha más frecuencia las Taser en situaciones en las que no hubiesen usado ningún arma“, explicó.

Teniendo como ejemplo lo ocurrido en Estados Unidos, “ha habido una gran cantidad de muertes por casos de abuso de las pistolas Taser, personas a las que seis policías les han disparado al mismo tiempo”, aseveró Schleider. A lo que agregó que, en Argentina, otro problema radica en “la inexistencia de un control de armas y arsenales para saber, no solamente que arma tiene cada policía en cada momento, sino cuántas armas hay en poder de cada cuerpo policial. Esto que parece mentira es así. Si no hay un control efectivo de las armas de fuego, qué control podemos esperar de otras armas que, supuestamente, son menos letales”.

Si no hay un control efectivo de las armas de fuego, qué control podemos esperar de otras armas que, supuestamente, son menos letales.

Una tercera justificación reside en el alto costo de estas armas eléctricas, “son muy caras y muy difíciles de manejar. Requieren una capacitación técnica y otra de tipo conceptual, para explicar en qué casos se pueden utilizar. Pensemos que hace cientos años que los policías utilizan armas de fuego y tienen mil problemas, incorporar las Taser sería una locura“, manifestó.

En cuanto a la educación del cuerpo policial en nuestro país, el especialista confirmó que “tienen una muy mala formación” y que incorporar una nueva herramienta de trabajo tan sofisticada “necesita de una mayor instrucción que no sé de dónde van a sacar ni los recursos, ni los docentes, ni el tiempo, ni la decisión política para hacerlo. La fantasía de que van a gastar millones de dólares en comprar estas armas, se las van a dar a los policías y se va a acabar la violencia, es absolutamente ridícula“.

 

La criminalidad en Mar del Plata

Con respecto al conocimiento de la situación en materia de seguridad a nivel local, Schleider aseguró que “es bastante difícil de saber porque tenemos poca información. Si bien ahora, después de varios años, la Municipalidad ha vuelto a publicar algo de información delictual, son datos limitados y de fuentes parciales. No tenemos información suficiente, adecuada y oportuna para conocer cuál es la realidad en la ciudad“.

En esta misma línea, “no conocemos un plan ni qué es lo que se pretende hacer respecto a la seguridad en Mar del Plata. Se han afirmado cuestiones generales pero no hay un proyecto completo ni una priorización de intervenciones. Como no sabemos hacia dónde se quiere ir, tampoco sabemos en dónde estamos parados. Veremos qué nos depara el transcurso de los meses, sobre todo en verano que es una época bastante significativa en la ciudad por la cantidad de gente que viene, por la ampliación de la vida nocturna y de personal policial”, indicó.

Como no sabemos hacia dónde se quiere ir, tampoco sabemos en dónde estamos parados.

Si bien en los últimos días de octubre el Concejo Deliberante declaró por unanimidad la emergencia en seguridad en la ciudad, el especialista aseveró que “el único objetivo concreto es una flexibilización en la adquisición de elementos para el abordaje de la seguridad tradicional, es decir, patrulleros, armas, chalecos, cámaras. Fuera de eso, hasta ahora no se ha detectado ningún cambio significativo producto de la declaración”.

Teniendo en cuenta lo ocurrido en los últimos dos o tres años del gobierno anterior en Argentina, “el país vivió en una declaración permanente de emergencia en seguridad y no hubo una variación en función de eso. Estas medidas tienen implicancia administrativa y, en general, una función más de impacto político que real en un cambio de situación vinculado con la seguridad”, afirmó.

“Siempre que hablamos con colegas extranjeros, esto les llama la atención porque no es algo habitual en otros países. Si no se declarara la emergencia, cuál sería la diferencia más allá de poder comprar herramientas cuando tampoco sabemos si se compran o no, para qué se usan o si eran necesarias. Pero si no sabemos cuántas armas tienen los policías, mucho menos sabemos cuántos handies, cuántos chalecos y para qué se usan. Una declaración de emergencia no soluciona nada de manera mágica, puede agilizar los procesos pero, si esos no son los adecuados, agilizan la nada misma”, planteó el especialista.

Una declaración de emergencia no soluciona nada de manera mágica, puede agilizar los procesos pero, si esos no son los adecuados, agilizan la nada misma.

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