“Si buscamos sociedades inclusivas, el lenguaje sí o sí va a estar implicado”

 

Si bien pensar en una sociedad más inclusiva no debería parecer una utopía, la falta de reconocimiento de las diversas identidades de género, los casos de violencia hacia las mujeres y la reproducción del lenguaje sexista continúan en aumento. Lejos de ser una imposición, la opción de utilizar un lenguaje inclusivo en nuestra vida cotidiana podría terminar con la reproducción constante de estereotipos y dar lugar a ciertos colectivos invisibilizados.

Portal Universidad dialogó con Paula Martínez Stoessel, Co-coordinadora del Programa Integral de Políticas de Género que depende de la Secretaría de Bienestar de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien brindó detalles de cómo se plantea el uso de un lenguaje inclusivo y con perspectiva de género en la comunidad educativa.

Históricamente, se dio la discusión sobre el lenguaje sexista, ese que siempre privilegiaba a lo masculino por sobre lo femenino. “Entonces, pensamos en un proyecto que pudiera incluir la perspectiva feminista y de la diversidad a las comunicaciones de la UNMDP”, aseguró.

Con una base de lectura, análisis y revisión de las pocas experiencias previas, Stoessel comentó: “Intentamos pensar una propuesta para la Universidad que pudiera incluir a la diversidad pero que también hiciera foco en visibilizar a las mujeres. Al mismo tiempo, se daba el debate del lenguaje inclusivo, sobre si usamos la e, la x y qué cuestiones implica. Eso nos da un empuje para poder terminar de presentar el proyecto de una guía para el uso del lenguaje inclusivo en la Universidad”.

En cuanto al contexto de surgimiento de la propuesta, “el proyecto se termina votando y aprobando en 2019 por unanimidad en el Consejo Superior como consecuencia de una gran discusión que llevó muchos meses sobre qué alcance tenía la normativa”, explicó.

Al igual que en la vida en sociedad, “la propuesta incentiva el uso de un lenguaje inclusivo con perspectiva de género pero no es una normativa que implique sanciones o que obligue a alguien a expresarse de determinada manera. La intención era poder dar opciones para incorporar un lenguaje que pueda utilizar la e o la x pero que, en realidad, debería tender a no generar exclusión. Después vemos cómo lo hacemos pero ese es el objetivo principal”, aclaró la co-coordinadora del proyecto.

Se deja en claro que el lenguaje es cultural y forma parte de un proceso social, colectivo e histórico que se modifica con el tiempo, que no es inmutable, que tampoco es natural, que es una construcción social y que, con el lenguaje, construimos la realidad.

En este marco, “el proyecto del lenguaje inclusivo es un puntapié para poder discutir otras cuestiones que requieren de un proceso de sensibilización y de formación en la comunidad universitaria. No es una normativa que funciona por sí sola sino que requiere del cambio cultural que va de la mano con otras propuestas que se inician en el Programa Integral de Políticas de Género, como la Ley Micaela u otras instancias de intercambio y formación”, comentó.

Si bien la incorporación de la perspectiva de género en todos los ámbitos de nuestra vida es un proceso que está avanzando constantemente, “el lenguaje inclusivo viene a irrumpir en cierta estructura sobre la que veníamos construyendo nuestra realidad y, esas incomodidades que genera, nos hace pensar hacia dónde queremos ir como sociedad”, expresó.

Si nuestra meta es ir hacia comunidades más inclusivas y respetuosas de los derechos humanos y de las identidades de género, el lenguaje sí o sí va a estar implicado”, afirmó Stoessel, entendiendo que esto es parte de un proceso más amplio que tiende al respeto por la diversidad, al reconocimiento de las diversas identidades de género y a la visibilización de las mujeres y de otros colectivos dentro de la comunidad universitaria.

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