América Libre: de espacio abandonado a referente cultural

 

Por Celeste Arcusa y Julieta Belettieri*

 

En el 2005 se realizó en Mar del Plata el Primer Congreso Argentino de Cultura, donde una de las conclusiones que quedó resonando en varios sectores de la sociedad fue que todos los espacios en desuso fueran recuperados para la construcción de la cultura popular. A partir de esto, un grupo de organizaciones políticas, sociales, estudiantes y artistas, que ya se venían juntando con la idea de construir un espacio en común, decidieron buscar un lugar y recuperarlo para abrir un centro cultural: así nace el América Libre.

Carmen Domínguez, referente de esta organización, nos cuenta que uno de los sueños que tenían era construir “un lugar donde se pudiera hacer como una prueba piloto para una sociedad mejor, más justa para todas, todos y todes: una casa del pueblo”.

¿Por qué eligieron el nombre América Libre?

-Todas estas personas que participaban a su vez eran hijes de las luchas del 2001 y de esos movimientos. Al empezar a concebir esta ‘casa del pueblo’ proyectaban un movimiento que luchara y construyera cultura popular por una patria más libre, justa y pensando también en la patria grande. Entonces, el nombre viene un poco de ahí, es Centro Cultural América Libre Casa del Pueblo porque la idea es que sea una casa abierta por y para la construcción de poder popular, abierto para todas las vecinas y vecinos de nuestra ciudad.

 

Del reconocimiento social a la lucha por la legalidad

El Centro Cultural fue constituyéndose con el paso de los años y el arduo trabajo de sus integrantes. Sin embargo, les faltaba un último obstáculo legal que obtuvieron recién el 24 de septiembre del 2021. “Exactamente quince años después logramos tener el papel”, manifiesta Carmen. Esta figura les otorga el permiso de uso gratuito por tiempo indeterminado mientras sigan siendo un centro cultural y cumplan los objetivos por los cuales les cedió el edificio la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE).

“Después hay algo que el centro cultural tiene ganado desde hace muchísimos años, que es la legitimidad social. No teníamos el papelito pero fuimos creciendo e involucrándonos, estando presente en la agenda y en la cultura marplatense. Entonces, ya sabíamos que no nos iban a sacar de este espacio”.

Mural ubicado en el hall de entrada del América Libre

El reconocimiento social por el trabajo que realizan viene de la posición que sostienen de involucrarse en las diferentes luchas sociales. En relación con esto, recuerda el movimiento de los Sin techo en 2009, donde después de un gran desalojo hubo alrededor de 50 familias viviendo durante varios meses en el América. También llevaron a cabo todos los fines de semana en pandemia una olla popular y un ropero comunitario para personas en situación de vulnerabilidad: “son cosas realmente muy valiosas porque te encontrás con la mirada del otro. El reconocimiento legal bienvenido sea, pero son éstas las cosas que nos dan legitimidad social. Esta construcción no nos la da nadie más que las mismas personas que lo habitan”.

En cuanto a las dificultades que les ocasionaba no tener el permiso de uso, refiere que la cocina no tiene gas y que, en los inicios, les habían cortado la luz, aunque después la reconectaron. Destaca sobre todo la imposibilidad que tenían de acceder a subsidios, programas y planes del gobierno para el que se requiere una figura legal, y explica que también les ha pasado con reconocimientos del Concejo que “es historia y sirve para fortalecer y acompañar el proyecto que se está laburando”.

Asimismo menciona que, por no tener la legalidad del edificio, los sectores que “no están a favor de la cultura popular” ponían de excusa que seguían siendo un espacio tomado. A lo que agrega que “si algo hemos aprendido con esto de la diversidad es que las palabras nombran y construyen sentido, no es lo mismo un espacio tomado que un espacio recuperado, nosotros lo recuperamos trabajando estos quince años”.

¿Cómo fue la lucha por el espacio en sus inicios?

-La primera semana vino el desalojo pero se terminaron yendo porque nadie quiso pagar el costo político que implicaba la represión policial. Después hubo algunos problemas con algunas hinchadas, para meter presión y que nos fuéramos. Al principio había guardias nocturnas y durante todo el día hasta los seis u ocho años, con mucho desgaste pero también cuerpo, cabeza y corazón acá adentro. Hasta que finalmente decidimos poner rejas, que fue todo un tema porque nosotros somos un espacio abierto, pero había que ir a dormir a casa, era necesario. Después no volvimos a tener esas situaciones.

Ahora hay todo un reconocimiento por el tipo de trabajo que hacemos. De pasar a ser una esquina tapiada, oscura y sucia, pasó a ser un centro cultural donde funcionan muchísimas actividades y le ponemos cada día nuestro granito de arena para hacerlo mejor.

Sobre los comienzos del América relata que es difícil pensar en cuántos integrantes eran: “un número exacto no sé, las imágenes que hay son de más de 20 compañeres que entraron ese día y estuvieron. Pero había mucha gente en esta red de contención y acompañamiento, que estaba por fuera y que bancaron cuando fue el intento de desalojo”. En este sentido, agrega que el proyecto era grande y nuevo en Mar del Plata, “de hecho somos el único centro cultural con estas características y que ha durado tanto tiempo. No se pensaba que íbamos a permanecer tanto, se creía que nos iban a ofrecer otro espacio”. Cuando entraron por primera vez, el 24 de septiembre del 2006 no sabían con qué se iban a encontrar porque la esquina de 20 de Septiembre y San Martín estaba tapiada y abandonada desde hacía nueve años y medio.

Somos el único centro cultural con estas características y que ha durado tanto tiempo.

En la actualidad la situación respecto a los integrantes es muy similar: “es una gran casa y hay muchísima gente que forma parte del América”. En la mesa de coordinación son ocho personas pero Carmen refiere que también hay tres cooperativas de trabajo, una escuela de formación teatral, talleristas, más las actividades que se hacen los fines de semana.

Hay muchas formas de pertenecer al América y ser parte de él, y están quienes no vienen tanto pero igual siguen presentes. Poner un número de cuantos somos hoy sería injusto hasta con esas personas que no pueden venir todos los días porque en estos 15 años nuestras vidas han cambiado pero se sienten y reconocen con el América”.

Para conocer más acerca de cómo fue en sus inicios la recuperación del espacio, hace clic y escuchá este podcast.

 

El América en la actualidad

En el Centro Cultural se desarrollan multitud de actividades y de diferentes tipos. Por un lado, están las cooperativas de trabajo: la gastronómica Mazamorra, la gráfica Contratapa y la textil Cortando Hilos que, “si bien son fuente de trabajo para esos compañeres, a su vez dejan un aporte al centro cultural”, refiere Carmen.

También realizan distintos talleres artísticos como el de aéreos que se dicta en el palomar, de danza, guitarra, canto vocal, teatro, de tango y dos de folklore. Desde el ámbito educativo funciona dentro de este espacio una escuela de formación actoral Praxis que dura tres años y, si bien no pudieron realizarlo este año por la pandemia, tuvieron el plan fines y el secundario de oficios.

Por otra parte, está el colectivo de arte y salud mental donde trabajan con un grupo muy amplio de personas y talleristas y puntos violetas, que es un espacio de acompañamiento a mujeres en situación de violencia de género.

En el horario nocturno realizan funciones de teatro, milonga, peña, y diversas actividades: “de miércoles a sábados tenemos todas las noches abierto con diferentes actividades y a partir de enero de lunes a lunes. Hay para todos los gustos”.

Asimismo trabajan con otras organizaciones y centros culturales, como ATRA (Asociación de Trabajadores de la Costa Atlántica) ya que varios de los integrantes del América son teatristas. Algunos también pertenecen a Vamos, por lo que tienen articulación con el Frente Patria Grande y trabajan con Sol de la Torre, quien es compañera del espacio y concejala. También han realizado una actividad de género y cultura junto a la Asociación Argentina de Actores y Marpla Jazz y tienen mucha articulación con Hazmereir y el colectivo EPA.

Por otra parte, tuvieron una presencia muy activa en la creación de la ordenanza para la habilitación de centros culturales en 2016 y conformaron Centros Culturales Organizados. Además a partir de este año están incluidos en el programa nacional Puntos de Cultura.

“El América es un espacio abierto para todos aquelles que necesiten estar, por ejemplo también tenemos participación y acompañamiento en la organización de la marcha del orgullo a partir de una compañera. Intentamos estar en lo que más podamos mientras nuestra línea política ideológica sea igual y aportamos en todo lo que podemos”, manifiesta Carmen.

¿Qué es el América Libre para vos? ¿Cómo lo ven de acá a unos años?

-El América es alegría, amor y construcción con otros. Más allá de las personas que podamos o no estar, va a seguir creciendo. Uno de los años el slogan fue “que late, transforma y te transforma”, yo siempre digo que a mi el América me cambió la vida. Y creo que es así con cada una de las personas que pasamos por este espacio. Nos llevamos una partecita del América en nosotres. Creo que indudablemente va a seguir creciendo y estando a disposición de las necesidades que tenga el pueblo y nuestra ciudad.

Toda construcción colectiva es difícil, pero venimos gestando una forma de construcción donde priorizamos entender que somos personas que debemos tratarnos bien y acompañarnos. Así es como tenemos que pensar en una sociedad mejor, hay que dar el ejemplo.

Entonces seguir creciendo por ahí, apostando a ese sueño de la casa propia, y de una sociedad más justa para todos. El América es semilla de eso y de los sueños de cada una de las personas que formamos parte del espacio, para crecer y hacerse realidad.

 

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Contenidos en Redes Sociales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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