El impacto de la pandemia “fue significativo para el incremento de sobrepeso y obesidad” en los más chicos

 

A partir de un informe realizado por el Hospital Materno Infantil, en conjunto con Consumidores Argentinos, se reveló que el 61% de los chicos de Mar del Plata tiene exceso de peso. De esta forma destacaron que hay un alto grado de obesidad infantil causado por el consumo de productos procesados y bebidas con azúcar que conllevan a una mala alimentación.

Portal Universidad dialogó con Lorena Lázaro Cuesta, Nutricionista y Directora del Observatorio Alimentario Nutricional de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata, sobre estos índices, si se incrementaron en la pandemia, a qué se deben y qué podemos hacer para que disminuyan.

Ante estos datos, la nutricionista indicó que “nos da cuenta que en realidad la problemática de la obesidad en infantes juveniles es creciente, y es una de las temáticas de salud pública que deben estar priorizadas”.

En referencia al impacto de la pandemia en la alimentación mencionó que “fue significativo para este incremento de sobrepeso y obesidad, considerando que en la primera etapa del aislamiento los niños estuvieron dentro de sus casas, con pocas posibilidades de hacer alguna actividad física y con mucho tiempo de permanencia frente a la pantalla. Además, sabemos que la publicidad y el tiempo en pantalla predispone a que los niños picoteen con productos alimenticios que son altos en grasas, azúcares y sodio”.

Esta prevalencia, “tiene que ver con una malnutrición. Se dan dos situaciones, por exceso o por déficit de nutrientes, en este caso es por exceso de nutrientes como hidratos de carbono y grasas. Pero, un niño que tiene sobrepeso y obesidad puede tener a su vez carencia de micronutrientes, como vitaminas y minerales”, afirmó.

“En la investigación observamos que 8 de cada 10 niños supera la recomendación de hidratos de carbono, es decir que supera la cantidad de azúcar que tienen que comer durante el día, y 5 de cada 10 supera la recomendación de grasas totales”, señaló Lorena.

A su vez, indicó que “un índice que es peor es que el 91% de los niños supera la recomendación del consumo de grasas trans, que son dañinas desde la infancia”.

Por lo tanto, “lo que observamos es que hay un consumo de productos industriales que son ultraprocesados, con un alto contenido de grasas, sodio y de azúcar, que son los que comen la mayoría de nuestros niños. Hay un alto consumo de componentes industriales y poca prevalencia en la alimentación de productos frescos, que son realmente los que nutren”, señaló.

Parte del equipo que realizó la investigación en el hospital Materno Infantil.

La pobreza, una de las principales características de la mala alimentación

La nutricionista explicó que “el sobrepeso y la obesidad atraviesan todos los niveles económicos de la población”. En un estudio previo realizado por el Hospital Materno Infantil identificaron que “el exceso de peso está presente y distribuido a lo largo de todo el partido de General Pueyrredon y atraviesa a los diferentes sectores socioeconómicos”, dijo.

“También, las estrategias de mercado han hecho que se desarrollen productos más baratos que tienen ingredientes que son nocivos para la salud, y que eso hace que sean elegidos por los sectores más vulnerables”, comentó.

Ante esto, ejemplificó que esta situación se ve identificada por el consumo de jugo y gaseosas. “El jugo está presente en las familias que tienen bajos niveles de ingreso y todos los días o más de cuatro veces por semana los niños consumen bebidas azucaradas”. A lo que agregó que “esto da cuenta de que en realidad en los sectores que tienen menos ingresos también hay una alta prevalencia de sobrepeso y obesidad. Por más que esté distribuido, sabemos que estas familias vulnerables consumen productos como estos”.

¿Cómo bajar estos índices?

Lázaro Cuesta mencionó que se pueden disminuir con diferentes estrategias, tanto a nivel individual cómo familiar. “A nivel individual, sería que ese niño pueda realizar más actividad física, disminuir el tiempo en pantalla, preferir alimentos que sean más saludables e incluir frutas y verduras a lo largo del día, y preferir el agua frente a las bebidas azucaradas”.

En el ámbito familiar, “la propuesta es que puedan generar cambios en el entorno familiar en cuanto a este tipo de preferencias alimentarias, que generen propuestas de disfrute del aire libre y que un niño en su tiempo fuera de la escuela pueda preferir aquellas actividades que generan movimiento e implica compartir en familia algún juego”, declaró.

La nutricionista hizo hincapié en la importancia del rol de la comunidad y de las políticas públicas, “hay que generar diferentes estrategias e instalar en la agenda de las autoridades cuestiones que tienen que ver con la agricultura y con la producción de alimentos, para que se oriente y se proponga una producción más sustentable y a su vez saludable”.

En relación a la Ley de Promoción de Alimentos Saludables, declaró que “se debería trabajar en la regulación de la publicidad, delimitar aquellos alimentos que tengan al menos un octágono negro en horarios donde los niños están expuestos a las pantallas y regular los entornos escolares, que los bufets no venta productos ultraprocesados”.

“La ley viene a generar un cambio de paradigma, porque hay una limitación clara desde las políticas públicas a la producción indiscriminada de productos procesados que son dañinos para la salud de los niños. Se deben generar cambios en la industria alimentaria para que haya una mayor oferta de productos que sean más saludables”, finalizó.

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