Hábitos modificados por la pandemia: “El factor determinante detrás de los cambios de conducta fue la percepción de riesgo”

Foto: Con la irrupción de la pandemia muchos hábitos, como el saludo con un beso, debieron ser reemplazados. Fuente: Freepik.

Ante el incesante avance de la pandemia por Covid-19, el 20 de marzo del 2020 el Gobierno Nacional decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. La medida se tomó en un momento en que no se contaba con ninguna otra herramienta para detener el avance de un virus potencialmente letal y desconocido. Si bien en un momento se propuso que dicho aislamiento tendría una duración de 2 semanas, la cuarentena obligatoria se prolongó en el tiempo hasta el 9 de noviembre de 2020, es decir, 234 días. 

La imposibilidad de contacto entre los ciudadanos durante este intervalo de tiempo produjo modificaciones en costumbres y tradiciones muy arraigadas entre los argentinos. Para indagar sobre estos cambios y sus efectos, desde Portal Universidad nos pusimos en contacto con la Investigadora Paula Lenher, licenciada en Sociología, Doctora en Ciencias Sociales y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata. 

Con relación a estas costumbres, Lenher destacó que ante la irrupción de la pandemia muchos hábitos desaparecieron, como compartir los mates, saludar con un beso, entre otros. Sin embargo, otros hábitos propios de la pandemia surgieron para darnos seguridad en ese nuevo escenario que se presentó, como desinfectar las compras del supermercado o saludar chocando los codos.

Foto: Con la irrupción de la pandemia aparecieron muchós hábitos nuevos como el uso de alcohol en gel. Fuente: Freepik.

Con relación a la mecánica detrás de estos comportamientos, Lenher dijo: “Si lo pensamos desde la sociología, hay un concepto muy importante que es el de riesgo. Incluso ha sido trabajado por la antropología también y se considera como una construcción social. Ante un peligro se crean ciertos mecanismos, conductas  y hábitos que nos protegen. Por ejemplo, cuando se querían instalar las centrales nucleares, quienes iban a vivir cerca se asustaban, tenían desconfianza sobre los riesgos de la radiación. Si bien es muy baja la probabilidad de que haya un accidente nuclear, cuando lo hay es tremendo y muchas veces, para modificar la percepción del riesgo que tenían esas personas, se desarrollaban campañas justamente para trabajar sobre su aceptación del riesgo”.

“Los hábitos se construyen mediante campañas para modificar los comportamientos de las personas, como usar casco, donde se puede fumar, en qué momentos. Hay una construcción social que señala que eso es un riesgo o que el humo no solo me perjudica a mí sino también al otro. De esta forma las sociedades van moldeando esa construcción y también por supuesto se acompaña desde el Estado con sanciones, leyes o programas de salud pública”, agregó.

De este modo, la socióloga explicó que el factor determinante detrás de los mecanismos que gobiernan los hábitos es la percepción de riesgo que puede haber detrás de sostener o no realizar un determinado comportamiento. En ese sentido, Lenher expresó: “En el momento que vos veías la cantidad de contagios y de muertes, todos estaban alertados, porque nadie quería morir, en general la gente quiere vivir. Entonces eso puede funcionar como un elemento para acatar esas recomendaciones como quedarse en casa, usar barbijo, lavarse las manos, y todas las precauciones que se tomaron en ese momento. También hay un concepto interesante de los trabajos sobre riesgos que es la inmunidad subjetiva. La inmunidad subjetiva se reduce al “a mí no me va a pasar”. Muchos de los que se oponían a la cuarentena pensaban que no les iba a pasar nada, o que era una mentira, cuestionaban que el virus estuviera circulando y contagiando y poniendo en riesgo la salud y la vida de las personas. Todos conocimos a alguien que no usaba barbijo o no creía en las medidas que había que tomar”.

“También es importante analizar de dónde vienen los mensajes que hacen que uno tome recaudos de autocuidado. Los trabajos de autocuidado, trabajan sobre los determinantes sociales de la salud, la edad, clase social, el género, no todos nos cuidamos igual ni tenemos los mismos recursos económicos, cognitivos, para cuidarnos. Pero hay episodios que producen lo que se llama mensajes memorables, como ver que un vecino se murió. Funciona por ejemplo con la prevención del cáncer de mama. Los folletos y la publicidad no calan tan hondo en las mujeres para hacerse una mamografía como tener una conocida, una amiga o un familiar enfermo. Son esas las experiencias que más marcan los cambios en los comportamientos preventivos”, expresó.

Foto: El éxito de la campaña de vacunación fue determinante a la hora de reducir la percepción de riesgo en las personas. Fuente: Télam.

Por otro lado, cuando se percibe que el riesgo decrece o disminuye, muchas veces se produce un efecto rebote, una sensación en la que la reducción del riesgo se lee como la desaparición del mismo. “En eso tuvo que ver la campaña de vacunación. Que la población se pueda vacunar, tener las dosis sucesivas y que todos tengan acceso, relajó a la población. Todos estábamos hartos de los encierros, de no vernos, y a fin de año hubo un rebrote de Covid que tenía otra letalidad y menor riesgo que al principio. Ya con la vacuna muchos lo sintieron como una gripecita, como decía Bolsonaro”.

“Una parte de la población, luego de haberse vacunado contrajo la enfermedad, la pasó con síntomas leves y se quedó con la sensación de que el Gobierno había exagerado con las medidas de aislamiento. Por supuesto que no comparto esa mirada ya que fue una situación inédita a nivel global y basta con escuchar los relatos de las personas que trabajaban en lo que se llamó la trinchera, el frente de batalla  y no sabía a qué se estaba enfrentando. Además si se compara con países donde se subestimó el virus, como Brasil, se ve la cantidad de muertes que se lograron evitar. En Argentina funcionó muy bien la salud pública y tal vez es un aspecto que el Gobierno no pudo capitalizar”, dijo.

¿Cómo impactaron estos cambios en los distintas generaciones?

Foto: La cuarentena no tuvo el mismo impacto en las distintas generaciones. Fuente: Télam.

Con relación a los efectos que tuvieron estos cambios de hábitos producidos por la pandemia, Lenher explicó que “los grupos de mayor edad pudieron sostener y hacer más llevadera la pandemia, incluso entre los mayores de 60 años. Si bien la padecieron y redujeron su vida social, dejaron de ver amigos y amigas, en edades donde el tiempo es un recurso muy valioso, lo tomaron con más sabiduría, más resiliencia, sabiendo que era momentáneo. Por otro lado, para el grupo que fue más difícil, fue para los más jóvenes, niños y adolescentes. Tal vez las personas de 60 y más están en una etapa en la que están jubiladas, tienen menos actividades fuera del hogar, y los jóvenes en cambio están en un momento muy expansivo de la vida, dónde están creando sus vínculos, sus redes de pertenencia, su identidad y eso con la pandemia quedó virtualizado, al menos para las clases medias y ahí también tendríamos que ver cómo se dividió por clase social”.

Las dos caras del teletrabajo

Foto: El teletrabajo modificó muchos vínculos laborales y algunos de esos cambios se sostienen tras las finalización de la cuarentena. Fuente: Freepik.

 

Por otro lado, la pandemia nos dejó nuevas formas de vinculación que aparecieron con el teletrabajo. Se envían mensajes a cualquier hora y se invadieron espacios personales que no se recuperaron con el regreso a la “normalidad”. En ese sentido, Lenher explicó que “durante la pandemia el teletrabajo era la única manera de responder y por suerte existía internet para el trabajo y para los vínculos sociales y familiares. Al principio de la pandemia era una novedad el zoom y poder desarrollar encuentros y reuniones virtuales, conferencias alrededor del mundo, teníamos una avidez de tener información.  Actualmente, con la vuelta a la presencialidad, quedó una cosa híbrida que hay que seguir sosteniendo. Esta situación hace que en ciertos aspectos se duplique el trabajo. Hay una aceleración de todo esto con la tecnología, los tiempo los espacios y no te terminas de desenchufar nunca porque incluso cuando tienes que pagar algo en el banco, leer el diario, para todo prendés la computadora, querés ver el clima y agarras el teléfono, todo está muy anclado en los soportes tecnológicos que nos distraen y consumen nuestro tiempo”.

 

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