Salir del consultorio, entrar al barrio: una mirada desde la Medicina Social

Desde el año 2002, el calendario sanitario argentino marca el 12 de julio como el Día Nacional de la Medicina Social, una fecha establecida en homenaje al natalicio del doctor René Favaloro, uno de los referentes más emblemáticos de la medicina en el país. La ley 25.598 no solo reconoce la labor científica del médico platense, pionero del bypass coronario, sino también su profundo compromiso con una medicina humanista, preventiva y profundamente arraigada en el contexto social de sus pacientes.

La efeméride invita a recuperar y revisar ese enfoque en un contexto actual en el que las desigualdades sociales, la precarización de la vida, la crisis del sistema sanitario y los embates contra la universidad pública tensionan el acceso a la salud como derecho humano. En ese marco, la Medicina Social se presenta no como una especialización médica más, sino como una corriente de pensamiento, una forma crítica de entender el rol de las y los profesionales de la salud y una apuesta concreta por el compromiso territorial y comunitario.

Una medicina que piense a la sociedad

La medicina es social por definición”, afirmó sin rodeos el doctor Sebastián Bienaime, titular de la cátedra de Medicina Social de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata. En diálogo con el Sistema de Medios Públicos de la UNMDP, Bienaime desmontó la idea de que lo social es una adición secundaria a la medicina tradicional. Por el contrario, sostuvo que toda práctica médica implica inevitablemente una interacción humana, relacional y cultural.

Trabajamos con personas, no con cosas”, sintetizó. “No atendemos moléculas, atendemos sujetos con emociones, con historias, con contextos. Y sin embargo, muchas veces, la medicina sigue aferrada a un paradigma exclusivamente biológico que olvida todo lo demás” agregó Bienaime.

Esa visión fragmentada y técnica de la medicina, heredada del modelo biomédico hegemónico, reduce la salud a un asunto de órganos, síntomas y diagnósticos, sin considerar que los cuerpos enferman y sanan en función de múltiples determinantes que exceden lo físico: condiciones de vida, acceso a servicios, alimentación, educación, vínculos sociales, hábitat, trabajo, discriminación, violencia o pertenencia étnica.

Frente a esa mirada reduccionista, la Medicina Social emerge como un campo de reflexión crítica que incorpora todos estos factores al análisis del proceso salud-enfermedad-atención-cuidado. No se trata, aclaró Bienaime, de una especialidad como cardiología o ginecología, sino de una corriente que atraviesa toda la formación y práctica profesional. Un paradigma que interroga constantemente los límites del saber médico y llama a la responsabilidad social de quienes lo ejercen.

Determinantes sociales: lo que no se ve en la historia clínica

Uno de los aportes centrales de la Medicina Social es la noción de determinantes sociales de la salud, una categoría que permite comprender cómo las desigualdades estructurales inciden directamente en la aparición, evolución y resolución de enfermedades.

Es completamente distinto el modo de enfermar de una persona que vive en condiciones precarias, sin agua potable, con contaminación ambiental y sin acceso a servicios básicos, que el de alguien que vive en un barrio con infraestructura y seguridad económica”, explicó Bienaime. Sin embargo, en muchas ocasiones, el sistema de salud no distingue entre una y otra, y aplica el mismo protocolo clínico sin considerar las particularidades contextuales.

Esa omisión, subraya el docente, no solo es un problema ético, sino también una falla técnica: “Si desconocemos las condiciones de vida de nuestros pacientes, nuestro abordaje va a ser limitado. La efectividad del tratamiento se potencia cuando entendemos cómo vive la persona que atendemos. No es algo romántico: es medicina con sentido común”.

La UNMDP y una apuesta formativa con anclaje territorial

Desde su creación, la Escuela Superior de Medicina de la UNMDP adoptó un modelo pedagógico innovador que rompe con la lógica fragmentada de la enseñanza tradicional. Allí, la Medicina Social no es una materia optativa ni una bajada teórica, sino un eje estructurante de todo el plan de estudios.

Uno de los espacios centrales es el llamado escenario campo, presente durante los tres primeros años de la carrera. En ese marco, las y los estudiantes y docentes se organizan en grupos para trabajar en distintos centros de salud de Mar del Plata y sus barrios aledaños. Pero no se trata solo de observar el funcionamiento de los centros, sino de salir a recorrer el territorio, conversar con vecinos y vecinas, visitar viviendas, dialogar con referentes comunitarios y conocer en profundidad la trama social en la que se inscribe cada realidad.

“Ver cómo vive la gente permite entender mejor por qué se enferma y cómo se puede prevenir”, sostuvo Bienaime. Esa experiencia temprana de contacto con el entorno modifica la mirada del estudiante, rompe prejuicios y genera vínculos significativos entre la formación académica y las necesidades concretas de la comunidad.

Otro dispositivo fundamental es la Carpa Promover Salud, un programa que funciona todos los sábados en distintos puntos de la ciudad. Allí, equipos de docentes, estudiantes y profesionales de otras disciplinas desarrollan actividades de promoción y prevención de la salud: control de presión arterial, medición de glucemia, educación alimentaria, vacunación, atención odontológica y consejerías comunitarias.

La carpa no llega sola. Forma parte de una lógica de articulación con organizaciones barriales, sociedades de fomento, clubes, asociaciones civiles y otros actores sociales. “Es un trabajo conjunto, interdisciplinario y comprometido”, describió Bienaime. A través de este mecanismo, la universidad pública sale a la calle, se conecta con las urgencias del territorio y devuelve, en forma concreta, parte del conocimiento que produce.

Además, existen instancias como la Semana de Integración, donde se suspenden las clases teóricas para desarrollar actividades en torno a temáticas específicas —como lactancia materna o salud sexual— en diálogo directo con la población. Algunas materias, como Medicina General y Familiar, también incluyen prácticas comunitarias, y el último año contempla una pasantía obligatoria que finaliza con un campamento sanitario en comunidades del norte argentino, en articulación con equipos locales.

Médicos con otra sensibilidad

Aunque la Escuela de Medicina de la UNMDP es joven —la primera cohorte egresó en 2023—, los primeros resultados permiten trazar un balance positivo. A la fecha, más de 250 médicos y médicas se han formado en sus aulas, y según Bienaime, una gran mayoría egresa con una “sensibilidad distinta”.

“Más allá de la especialidad que elijan, lo que notamos es que se interesan mucho más por el paciente como sujeto. Preguntan qué hay detrás del síntoma, se preocupan por el entorno, por las condiciones en las que vive. Eso es muy valioso”, relató.

 

En un contexto donde muchas carreras médicas están orientadas a lo técnico o lo quirúrgico, el hecho de que una porción importante del estudiantado se incline por áreas como clínica médica o pediatría, habla también de un perfil formativo que prioriza la escucha, el acompañamiento y el vínculo humano.

Defender la universidad, defender el derecho a la salud

En un escenario de ajuste presupuestario a las universidades nacionales, desfinanciamiento de los programas de salud y discursos que cuestionan la inversión pública en educación, sostener un modelo formativo como el de la Escuela Superior de Medicina se vuelve una decisión política. Con presupuesto propio de la UNMDP, cada una de las actividades territoriales que impulsa la cátedra de Medicina Social es también una forma de resistencia, una apuesta por una salud construida desde abajo y con perspectiva de derechos.

Si el sistema no se hace cargo de garantizar condiciones mínimas, la medicina sola no alcanza”, adviertió Bienaime. Desde su perspectiva, la defensa del rol social de la universidad pública y el enfoque comunitario de la medicina no son debates abstractos, sino cuestiones urgentes que impactan en la vida cotidiana de miles de personas.

El 12 de julio es una oportunidad para reflexionar sobre cómo se forma hoy a quienes tendrán en sus manos el cuidado de la salud colectiva. Es un recordatorio de que la medicina no puede reducirse al saber técnico ni a la relación individual entre médico y paciente. Que la salud se juega en las calles, en las escuelas, en los barrios, en el acceso a la vivienda, al trabajo, al agua potable, a una vida digna.

También puede gustarle...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *