Formación médica en crisis: cambios en las residencias y el impacto en las nuevas generaciones
El 2 de julio de 2025, el Ministerio de Salud de la Nación promulgó la Resolución 2109/2025, que actualizó el Reglamento General del Sistema Nacional de Residencias de la Salud. La norma, diseñada para jerarquizar las becas de formación y subsanar deficiencias acumuladas desde 2015, introdujo un sistema optativo que permite a los residentes elegir entre dos modalidades: la “Beca Ministerio” o la “Beca Institución”.
También estableció nuevos modelos de convenios (anuales y marco), definió un procedimiento específico de rendición de cuentas para el financiamiento de becas, y delegó en la Subsecretaría de Institutos y Fiscalización la emisión de normas aclaratorias y de implementación. La resolución derogó las anteriores normas de base (Res. 1993/2015 y modificatoria 190/2023) y entró en vigencia a su publicación en el Boletín Oficial
La medida generó una rápida reacción en el ámbito sanitario. En hospitales como el Garrahan, los equipos de salud denunciaron que se trataba de un “retroceso en los derechos conquistados” y reclamaron su inmediata derogación. Las críticas se centraron en la pérdida de derechos laborales —como el descanso posguardia, las vacaciones y la remuneración en blanco— que, hasta el momento, estaban garantizados en las residencias del sistema nacional.
Desde el Sistema de Medios Públicos de la UNMDP dialogamos con Adrián Alasino, director de la Escuela Superior de Medicina, quien advirtió sobre las consecuencias de estas reformas para la formación profesional, particularmente en un contexto donde el sistema ya presenta múltiples fragilidades. Según explicó Alasino, “el sistema de residencias es el más idóneo para formar a los médicos una vez que se reciben”, pero su calidad depende de un andamiaje institucional y normativo que asegure condiciones de trabajo y aprendizaje dignas.
El impacto local y la respuesta institucional
En Mar del Plata, la mayoría de las residencias médicas funcionan bajo la órbita del sistema provincial, lo que amortiguó en parte el impacto inmediato de la medida nacional. Sin embargo, Alasino señaló que la reforma generó preocupación y movilización dentro de la comunidad médica local, tanto por sus implicancias simbólicas como por el precedente que sienta para el resto del país.
En ese sentido, subrayó que los cambios implican “un retroceso” en la calidad de la formación médica, al tiempo que alertó sobre los riesgos de volver a un esquema similar al de hace décadas: “Hace 30 años, cuando hacíamos la residencia, no teníamos vacaciones ni descanso posguardia. Hoy en día, volver a eso es inaceptable”.
Alasino también hizo hincapié en que las residencias no son meras pasantías o instancias prácticas, sino espacios de formación intensiva, que deben estar regulados con estándares claros: “Un residente es un trabajador de la salud. No se trata de una beca informal, sino de una etapa crucial que requiere protección legal y reconocimiento profesional”.
El Foro Argentino de Facultades y Escuelas de Medicina Públicas (FAFEMP), del cual Alasino es vicepresidente, también emitió un pronunciamiento crítico. El foro reúne a 28 instituciones públicas de todo el país, que reclaman diálogo institucional y políticas públicas con continuidad. “El país es muy federal, con diferencias profundas en el acceso a la salud. No se pueden aplicar medidas universales sin atender esas realidades”, sostuvo.
Doce años de formación: la dimensión humana y estructural
Para Alasino, uno de los puntos más preocupantes es la desvalorización del proceso formativo de los médicos en su totalidad. “Formar un médico lleva un promedio de 9 años. Si sumamos la residencia, hablamos de 12 años. No se puede improvisar con decisiones que afectan una inversión humana y social de esa magnitud”, advirtió.
La Escuela de Medicina de la UNMDP ya graduó cerca de 300 profesionales y proyecta sumar otros 200 en los próximos meses. Según datos relevados por la institución, el 74% de los egresados eligió el sistema de residencias como primera opción formativa, con una leve preferencia por el sistema público (55%) sobre el privado (45%).
Sin embargo, el nuevo escenario podría modificar esa tendencia. “El estudiante de medicina ve el camino que le espera. Si para ejercer va a tener que trabajar como loco, sin saber si es de día o de noche, mal pago y sin descanso, ¿quién va a querer hacerlo?”, se preguntó Alasino. Y agregó: “No se trata sólo de vocación, sino de condiciones objetivas para ejercer una profesión tan exigente”.
Especialidades en crisis y feminización del sistema
Otra de las preocupaciones que planteó el director de la Escuela fue la elección de especialidades. Las más sacrificadas —como pediatría, medicina general, psiquiatría o terapia intensiva— suelen ser las menos elegidas, lo que agudiza el déficit en áreas clave del sistema de salud. A pesar de ello, en los últimos años la institución marplatense logró revertir parcialmente esa tendencia, con pediatría como la especialidad más elegida entre sus egresados.
Asimismo, Alasino destacó el proceso de feminización de la matrícula, que en la UNMDP alcanza al 72% de las estudiantes de medicina. Si bien celebró el avance en términos de igualdad de género, advirtió que esto también impone nuevos desafíos estructurales: “La edad en que las mujeres se reciben coincide con su etapa fértil. Si deciden ser madres, eso impacta directamente en su formación y en la carga horaria que pueden asumir”.
Por ello, consideró indispensable pensar políticas específicas que reconozcan estas realidades, desde licencias compatibles con la formación hasta esquemas laborales más flexibles. “Hoy hay menos natalidad, pero la realidad es que, si una médica está haciendo un curso, no está con su hijo. Y si está dando la teta, no está en la guardia. Hay que hablar de estas cosas con seriedad”, expresó.
Más allá de la técnica: una profesión atravesada por la vocación y el contexto
Desde la creación de la Escuela Superior de Medicina, luego convertida en facultad, la UNMDP buscó implementar un modelo de formación médica con fuerte anclaje territorial y comunitario. Según Alasino, ese espíritu también está presente en la forma en que la institución acompaña a sus estudiantes y egresados: “No lo vemos como paternalismo, sino como un compromiso. El cuerpo docente está cerca, conversa, escucha. Somos una escuela joven, flexible, adaptada a los desafíos del presente”.
Esa cercanía generacional, apuntó, permite construir vínculos horizontales y detectar tempranamente los dilemas que enfrentan los futuros médicos. “Hoy tenemos que decirles la verdad: que leer un libro es tiempo que no pasás con tu familia, que hacer un curso es un sacrificio. Pero también que esta profesión cambia vidas y que sigue siendo esencial”.
Por eso, remarcó que resulta inadmisible naturalizar jornadas de más de 70 horas semanales o condiciones laborales precarias: “Los médicos jóvenes no son vagos, como algunos quieren instalar. Son conscientes de sus derechos, y nosotros como instituciones tenemos la obligación de acompañarlos en esa lucha”.
