Caballitos, sortijas y sueños: por qué las luces de la calesita hipnotizan a generaciones

Por Delfina Lizundia para el #MediaLab de Portal Universidad
Las calesitas son un clásico juego infantil que se encuentra principalmente en plazas o ferias. Alrededor del mundo muchas infancias pasaron por ellas. En la ciudad feliz es un recuerdo que vive en la mente de muchos jóvenes y adultos, y un plan único para vivir en familia. Con ocho calesitas distribuidas en toda la ciudad y con una calesita icónica de dos pisos, marplatenses y turistas fueron sembrando diferentes emociones y recuerdos.
De batalla a juego infantil
Según diversas fuentes, el origen de las calesitas parte desde Turquía, o en otras versiones del Imperio Bizantino, pero en ambas el uso era el mismo: entrenamiento militar.
La calesita o “Carrousel” proviene del francés e italiano como “Carosello” y significa “pequeña batalla”. No es coincidencia que los caballos blancos con armadura formen parte del tradicional juego. En la época medieval se utilizaba como entrenamiento para soldados, donde la práctica consistía en entrenar a los jinetes para atacar muñecos con sus espadas mientras giraban.
En el siglo XVIII ya se trasladó a Europa para convertirse en entretenimiento, comenzando por ferias o en espacios privados de la realeza. En ese momento, la estructura consistía en caballitos de madera colgados de una rueda que giraba sobre su eje. Unos siglos después, en Inglaterra, el avance industrial permitió incorporar una plataforma fija con caballos y carros en el piso de forma circular. Poco después aparecieron los modelos más similares a los actuales, impulsados a vapor. El uso de la sortija se implementó a principios del siglo XX, según un informe histórico de otro medio.

Primeras Calesitas en Argentina sin animales. Fuente: Billiken.
La primera de estas atracciones llegó a Argentina alrededor de 1870, procedente de Europa, aunque se debate si su origen fue francés o alemán. Se instaló en la Plaza Lavalle y funcionaba originalmente con la tracción de un caballo, que caminaba en círculos para impulsar el juego y la diversión de los niños. Con el paso de los años, esta tecnología inicial fue reemplazada por la incorporación de un motor naftero y otros avances técnicos.
En Mar del Plata, el primer carrusel se fundó el 7 de abril de 1966 por la familia Mantovano, quienes fallecieron pero le permitieron a Alberto Guerzoni, calesitero y parquero de años, continuar con su legado. Este espacio emblemático para la ciudad trajo luces, música y diversión para cada generación que pasó por la plaza Rocha, ubicada en Av.Pedro Luro y 14 de Julio. La calesita fue heredada al hijo del matrimonio Mantovano, que al no querer continuar con el negocio familiar se la vendió a Alberto , quien hoy tiene 77 años y aún construye un espacio de diversión y recuerdos. “Tengo 47 años cómo parquero y calesitero, desde chiquito dije que cuando sea grande voy a tener mi propia calesita, y se me cumplió el sueño”, comentó Alberto.
La feliz y las calesitas
Mar del Plata es una ciudad llena de espacios por descubrir, con una impronta turística que no puede dejar de ofrecer diversión para los más chicos y recuerdos para los más grandes. En la feliz actualmente hay ocho calesitas, de las cuales siete siguen activas y funcionando, algunas con más regularidad que otras. Hasta hace unos días también se encontraba una pequeña calesita ubicada en el Parque de Deportes “Teodoro Bronzini”, a pocos metros de Av.Juan B Justo y Salta, pero tras la licitación del Estadio Minella y faltantes de papeles municipales, fue retirada y su dueño aguarda poder reubicarse en otros espacios.

Las plazas que tienen un caballo clásico de calesita, es donde se encuentran las Calesitas de Mar del Plata. La mayoría ubicadas en zona norte, salvo la Punta Mogotes.
La icónica Plaza Colón frente al mar y en pleno centro de la ciudad, aloja una de las calesitas más reconocidas por los marplatenses y turistas, aquella que tiene dos pisos y una estética inigualable. Inaugurada en 1992, se sigue mejorando y trabajando para generar una experiencia única. La dueña de esta calesita, posee otra con una estética similar, pero de un piso, a pocos metros ubicada en la Plaza San Martín, ubicada en Diagonal Alberdi Sur y Bartolomé Mitre. Su empleado, Mateo, comentó : “Llegué hace tres años, trabajo todos los días pero me es rentable y además me parece lindo, es algo que tiene significado, tanto para los grandes cómo para los chicos”
Entre música y dibujos infantiles, también se encuentran aquellas calesitas más pequeñas que funcionan con el corazón de las familias que asisten con los más pequeños, y aunque su estructura es más clásica, no dejan de ser divertidas y un plan al cual acudir. Entre ellas está la de la Plaza Pueyrredon, en Maipú y Dorrego, atendida por Gabriel, su dueño, y la de la Plaza Revolución de Mayo, en Marconi y Av. Libertad, que es atendida por empleados, ya que el dueño de esa misma también tiene posesión del carrusel de Plaza Rocha, donde suele encontrarse. Además, en la Plaza Peralta Ramos, en Falucho y 20 de Septiembre, se encuentra otra de estas pequeñas atracciones, pero por razones desconocidas no está en funcionamiento.“Hace 38 años que soy calesitero, empecé como empleado y al tiempo la señora me vendió la calesita. Me gusta el clima familiar, lo que se genera en la calesita”, contó Gabriel de Plaza Pueyrredon.
Entre las que mantienen una estética más de parque de atracciones, se encuentra la primera calesita ubicada en la Plaza Rocha, que, además de música, luces y colores por todo el espacio, cuenta con un kiosco y camas elásticas, dando la sensación de estar en un parque de diversiones. En simultáneo, y con recursos similares, en el centro de la Plaza Mitre, en Hipólito Yrigoyen y Almirante Brown, se encuentra otro carrusel que, con su música, le da vida a la inmensa plaza.
Y en la zona sur de la ciudad en la Plaza Revolución Francesa también se encuentra una pequeña y clásica celestia, que sigue generando recuerdos en las familias de Mogotes. Que además de seguir apostando por una ambientación clásica y llena de colores, incluye en sus servicios un pelotero para que los más chicos sigan disfrutando.

Calesita de Plaza Mitre cerrada el jueves por la tarde. En el espacio la gente preguntó por su cierre.
Pese a la variedad de espacios y la aún vigente demanda de niños por concurrir a ellos, no siempre se encuentran abiertas. Incluso en un día soleado y de tarde, las puertas de la calesita en la Plaza Mitre y en la Plaza Revolución de Mayo se encontraban cerradas, y, de cara a la temporada, en la Plaza Colón están realizando remodelaciones.
Generador de recuerdos y supervivencia en las infancias
Con sus luces, caballos, carruajes y aviones, con la música infantil y la plaza alrededor, la calesita marcó la infancia de varias generaciones y hoy sigue viva en el recuerdo de adultos y niños. Pese al avance de las tecnologías, y de las infancias con mayores estímulos, el plan de ir a divertirse en familia sigue sobreviviendo. “Capaz disminuye un poco por la situación económica, como todo o porque capaz los chicos tienen otras cosas que antes no tenían. Pero siguen viniendo, además hay muchos casos que vienen porque los padres venían de chiquitos y eso les gusta a las familias” afirmó Gabriel, calesitero.
Las plazas mismas hoy ofrecen variedad de atracciones, desde juegos nuevos hasta pistas de skate, pero aún así son los grandes quienes impulsan a crear recuerdos con sus hijos, nietos y sobrinos. Como una tradición familiar, y hasta cultural, varios entrevistados de entre 20 a 50 años afirmaron que la calesita es un plan tradicional, que genera alegría y diversión asegurada en los niños. Por otro lado, respaldando esta idea Alberto dijo: “Hoy hay tecnología y teléfonos, pero el que viene a la plaza pasa por la calesita”
Este impulso por crear nuevos recuerdos en las infancias está fuertemente ligado a las emociones que experimentan los jóvenes y adultos. Entre ellos, afirmaron que la calesita les genera nostalgia y alegría: les remite a recuerdos felices con sus abuelos, primos y hermanos, y buscan mantener esa memoria viva y despierta con las futuras generaciones. “Le aporta una cuota de alegría, es algo que viven de chiquito y que de grande no se olvidan. Todos tienen el recuerdo de la calesita o de la sortija. Son cosas que te marcan la infancia” afirmó Gabriel
No solo son los adultos quienes llevan a los niños a la calesita, ellos pese a la variedad de estímulos que hay, siguen encontrando algo mágico en ella. A Toto de cuatro años le gustan las luces, la música y subirse al caballo mientras que a Alma de seis años, le gusta cuando todos gritan, eso le da risa. Además a Ciro de tres años le genera adrenalina y diversión. Kiara con 21 dijo que “Es un plan mágico para ir con niños, te hipnotiza, a ellos les encanta.”
Generación tras generación siguen encontrando algo mágico en ir al carrusel y dar unas vueltas. Alberto, con sus años de experiencia, contó: “A los niños les da algo que no se les va a borrar, y van a traer a sus hijos y sus nietos”. Mateo, de 24 años, que trabaja hace tres años en la Calesita de Plaza San Martín, ya puede encontrarle un significado: “Sí, tiene mucho significado tanto para los chicos como para los grandes; los chicos vienen porque los grandes le guardan significado”.

Calesita Amiguitos, a metros de la Escuela Piloto, reinauguró en 2023 con una semana de vueltas gratis.
Si hay un recuerdo que guardan muchos es el de la sortija, un juego que te permite ganar una vuelta más, que de alguna forma siempre se consigue. Pero encontrar una calesita con sus viejas tradiciones, como lo es la sortija, hoy parece más difícil de lo esperado, ya que depende de varios factores. Por ejemplo en Plaza Pueyrredon, Gabriel contó que: “Ahora me cuesta conseguir las sortijas, pero siempre se regala una vuelta más”. Mientras que en Plaza Rocha, hubo un cambio después de la pandemia, “La sortija la sacaron en la pandemia, y ahora se puede poner pero en mi caso estoy muy grande para correr y acordarme a quién se la di, ya directamente regalo vueltas”, dijo Alberto.
Pero no toda tradición está perdida. En algunas calesitas más transitadas la sortija sigue siendo el centro de la fiesta, como en Plaza Colón y Plaza San Martín, donde Mateo contó que: “La sortija sigue existiendo, pero cuando hay muchos chicos no se pasa. Pero aún así es algo que sigue estando, al menos acá”
Rentabilidad en tiempos de crisis y tecnología
Aunque el plan de ir a la calesita persiste en el tiempo, es notable la disminución de asistentes al espacio. Desde ver calesitas que permanecen cerradas pese al buen día, como hasta la poca concurrencia en días feriados. Algunos padres en la plaza afirman que no es necesario el gasto, porque los chicos se divierten con los juegos que hay ahí, que cada vez son más, o mismo con un juego virtual. Pese a que la experiencia es única, algunos prefieren prescindir del gasto.
Más allá de la percepción externa Gabriel contó que: “Es difícil pero se puede subsistir, me organizo y me alcanza, es difícil como todo pero es redituable. Se puede”. Con organización y perseverancia, pero sobre todo con mucha vocación hoy sigue siendo un negocio redituable pero no millonario.“Si es rentable, si la abrís todos los días y tenés buena conducta, y estás en una buena zona, no en Punta Mogotes, y también necesitás que te conozcan y que sepan que está siempre abierto”, según Alberto, eso es lo que se necesita para que tener una calesita y que te sirva a nivel económico, hoy en día.
El plan familiar sigue estando presente a la hora de salir, pero ¿Cuánto cuesta en 2025 subirse a la calesita? Los precios van a variar, según zona y calesita, más cerca del centro más caro. Pero el promedio es entre mil y mil quinientos pesos la vuelta.
En Plaza Pueyrredon, se ofrece un boleto por $1000 pesos o 3 por $2500, mientras que en la Plaza Rocha el precio base es de $1500 pesos, o 6 vueltas por $6000 pesos. Ahora entre las más caras se encuentran la de la Plaza San Martín y Plaza Colón, que cómo base necesitas comprar 2 boletos a $1500 cada uno (es decir $3000 pesos). Pero ofrecen dos promos: cuatro vueltas más una de regalo por $6000 pesos, o 5 más otra de regalo por $7500 pesos.

El Carrusel de la Plaza Rocha fue declarado de Interés Cultural por el HCD por ser la calesita más antigua de la ciudad.
Junto con el clásico juego, el negocio se fue ampliando, y en el mismo espacio, además de ofrecer la vuelta en la calesita, algunas cuentan con cama elástica, kiosco de golosinas y juegos para llevar. Como en Plaza Rocha o San Martín, donde 10 minutos en la cama elástica salen $3000 pesos.
Para Alberto, que es calesitero hace muchos años y dueño de dos calesitas en Mar del Plata, con este trabajo no solo logra llegar a fin de mes, sino que también lo mantiene vivo. “Esto lo hago para tener la mente en algo, hacer lo que me gusta. Con los años que tengo, esto me mantiene vivo”. Además, tanto Gabriel como Alberto son jubilados que siguen trabajando. “Soy jubilado, pero de eso no puedo vivir; con la calesita llego y además me mantiene activo”, contó Alberto.
El plan de la calesita sigue siendo emocionante y mágico: invita a los niños a explorar su imaginación, a subirse a caballos, aviones y helicópteros, a escuchar su música favorita y a sentir la adrenalina de girar hasta marearse. Pero es un plan que, como muchos, se volvió un lujo o una actividad de cada tanto. “Si se puede ir vamos, pero no siempre da el bolsillo”, comentó Matías, padre de niños de 8 y 4 años en la Plaza Mitre.
La magia de las calesitas seguirá viva en aquellas generaciones que quieran recrear sus recuerdos, en aquellos niños hipnotizados por luces y música que quieran despegar su imaginación y en aquellos calesiteros que descubrieron la dicha en sacar sonrisas, como dijo Alberto: “De grande descubrí la magia de los niños, de la sonrisa. Cuando traen sus familiares a una criatura a la calesita, es algo mágico; esto no se termina nunca”
La niñez seguirá buscando dar una vuelta más por la calesita.

La calesita de la Plaza Pueyrredon con gran concurrencia un día soleado de noviembre, donde grandes y chicos disfrutan la vuelta.
*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Seminario de Practicas Profesionales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
