El marplatense que reprensenta al país en el Surf Adaptado

Pablo Martínez es un surfista competitivo ciego, estudiante universitario y representante argentino en el circuito internacional de surf adaptado. Vive en Mar del Plata, donde entrena durante todo el año, y participó en siete mundiales, consolidando una trayectoria sostenida en un deporte que exige preparación física, mental y técnica constante. Estudia Filosofía y organiza su vida cotidiana entre la universidad, la competencia y el entrenamiento, con el surf como eje central de su proyecto personal y deportivo.
Para profundizar sobre su recorrido, su vínculo con el surf y su mirada sobre Mar del Plata como capital nacional de este deporte, desde Portal Universidad nos comunicamos con Pablo, una de las voces con mayor experiencia dentro del surf adaptado argentino y con presencia internacional sostenida.
El vínculo con el deporte se construyó desde la infancia. “El amor por el deporte nace con la crianza que me dieron mis padres. Siempre me permitieron experimentar desde muy chico: correr, trepar, andar en bicicleta, jugar con pelotas. Tuve la posibilidad de desarrollar todas las funciones locomotoras que cualquier niño debería tener y por eso soy muy agradecido por haber crecido con ese estilo de vida”, explicó.
El surf llegó más tarde, casi de manera inesperada. “Yo entrenaba en un gimnasio y una profesora me comentó que estaba en una organización que empezaba a desarrollar el surf adaptado en Argentina. Fui, me enseñaron a pararme en una tabla en una pileta y lo empecé a hacer enseguida. Después de esa sensación linda, de mucha alegría, lo segundo que pregunté fue si se podía competir. Cuando me dijeron que sí, supe que esto lo iba a practicar”, contó Martínez.
Competir en el máximo nivel: mundiales, exigencia y falta de financiamiento
Pablo compitió en siete campeonatos mundiales de surf adaptado, con un quinto puesto como mejor resultado, una experiencia que consolidó su recorrido deportivo y lo expuso a un nivel de exigencia física y mental sostenido en el tiempo. Al referirse a las particularidades del surf de alto rendimiento, explicó: “El surf no es un deporte en el que gane el más rápido ni el más fuerte. Gana el que tiene mejor estrategia, mejor físico y mejor lectura del mar. Para llegar a ese nivel hay que entrenar muchísimo, no solo el cuerpo sino también las emociones.”
La competencia internacional exige preparación constante, viajes y equipamiento específico. Sin embargo, Martínez remarca que el surf se practica con lógica profesional, pero sin respaldo económico estable: “Yo no firmo un contrato con la Asociación de Surf Argentina y me pagan por surfear. Es un deporte que se practica con los hábitos de una persona profesional, pero sin financiación. Para el bien de mi preparación debería competir muchas más veces por año. Sin embargo, termino compitiendo una o dos veces y entrenando todo el resto”, señala.
Surf adaptado
Pablo construyó su identidad deportiva integrando la discapacidad a su experiencia competitiva y recalcó: “Yo no concibo el deporte sin la competencia. Entreno pensando en competir. Y compito con el cuerpo que tengo, con la vida que tengo. La discapacidad no te quita exigencia. Al contrario, te obliga a ser más preciso, más consciente y más ordenado”.
En ese sentido, subraya que el nivel competitivo es real: “No es recreativo. Se juzga la calidad de la ola, la estrategia, el estilo. No hay concesiones. Eso es lo que hace que el surf adaptado sea verdaderamente deporte”.
Mar del Plata, la capital nacional del surf
Pablo Martínez dejó su opinión sobre el nombre que apropió la ciudad como “Capital Nacional del Surf”: “Yo creo que muchas veces son títulos que se le dan a los lugares y que nacen de impulsos emocionales.Cuando decís ‘capital nacional de algo’, pareciera que estás diciendo que es lo mejor que hay. Y eso muchas veces no contempla las condiciones reales”.
“Es muy difícil que una persona que no compite practique surf todo el año en Mar del Plata. No es habitual ir a las siete de la mañana en invierno y ver mucha gente metida en el agua y después yéndose a trabajar”, aseguró.
También puntualizó sobre la centralización de los surfistas. “Cuando toda la mirada se pone en un solo lugar, pareciera que si no naces ahí es muy difícil proyectarte. Eso no quiere decir que no haya talento en otros puntos de la costa, sino que no se los está mirando. Generalmente los surfistas que terminan representando al país son de Mar del Plata, pero eso no garantiza que sean los únicos con nivel. Estoy convencido de que hay pibes y pibas con condiciones en muchos lugares, el problema no es la falta de talento, es la falta de mirada”, declaró el surfista marplatense.
Entre la Universidad y el Surf
Además de su recorrido deportivo, Pablo es estudiante de Filosofía y transita la carrera en paralelo a la competencia de alto rendimiento, y se refirió sobre su experiencia universitaria: “Soy estudiante de mitad de carrera, con algunos finales pendientes, y diría que estoy aproximadamente en la mitad del recorrido. La filosofía también me invita intelectualmente a competir, pero ahí la competencia no es contra otros, sino con uno mismo, cuando tu vida está en orden, lo que buscás es aprender lo máximo posible con tus propias condiciones. Gracias a la carrera me acerqué a autores y escuelas de pensamiento que jamás hubiera leído de otra manera, y la complejidad aumenta muchísimo cuando empezás a conocerlos en profundidad”.
“Me gusta estudiar y creo que en filosofía se aprende a filosofar en el debate; somos discutidores profesionales. La universidad ocupa un lugar importante en mi vida, aunque no tanto como me gustaría en términos de tiempo, porque organizo mi vida en función de competir. Si le dedicara el mismo tiempo al estudio que al deporte, estaría más avanzado en la carrera, pero los viajes y las competencias generan baches académicos”, concluyó.
