Ni insectos ni hongos: los microscópicos enemigos que afectan cultivos hortícolas

Cuando una planta crece menos de lo esperado, sus hojas se vuelven amarillentas o produce menos frutos, el problema no siempre está a la vista. Debajo de la superficie del suelo pueden estar actuando organismos microscópicos capaces de alterar el desarrollo de los cultivos y provocar pérdidas en la producción.

Se trata de los nematodos fitófagos, pequeños organismos que atacan las raíces de las plantas y afectan su capacidad para absorber agua y nutrientes. Aunque son invisibles a simple vista, pueden generar importantes daños en cultivos hortícolas como tomate y lechuga.

Los nematodos fitófagos son organismos microscópicos que atacan las raíces de las plantas y pueden afectar el desarrollo de cultivos hortícolas como tomate y lechuga.

“Lo complicado es que el problema ocurre bajo tierra. Muchas veces el productor observa plantas más chicas, amarillentas o con menor rendimiento y cuando se revisan las raíces suelen encontrarse agallas o deformaciones características del ataque de estos organismos”, explicó Eduardo Mondino, Licenciado en Ciencias Biológicas e investigador del INTA Balcarce.

Además de reducir el crecimiento de las plantas, los nematodos pueden afectar tanto la cantidad como la calidad de la producción. “Estos patógenos producen deformaciones en las raíces las cuales interfieren el normal movimiento de agua y nutrientes”, señaló Mondino. A esto se suma que las raíces dañadas quedan más expuestas al ingreso de otros patógenos presentes en el suelo.

No todos los microorganismos son perjudiciales

Aunque suelen asociarse con enfermedades o plagas, muchos microorganismos cumplen funciones esenciales para el desarrollo de los cultivos. De hecho, la mayoría de los nematodos presentes en el suelo resultan beneficiosos para el ecosistema. “La gran mayoría no atacan a las plantas, sino que se alimentan de bacterias y hongos presentes en la rizósfera, colaborando en el reciclado de nutrientes y ayudando a mantener el equilibrio biológico del suelo”, explicó Mondino.

A partir de esta lógica, investigadores del INTA Balcarce, el CONICET y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata trabajan en estrategias que aprovechan microorganismos benéficos para proteger las raíces y reducir el impacto de los nematodos perjudiciales.

Aliados invisibles para proteger las plantas

La investigación se centra en bacterias y hongos capaces de establecer relaciones naturales con las raíces. Estos microorganismos ayudan a mejorar la nutrición de las plantas y fortalecen sus mecanismos de defensa. “Estos microorganismos establecen relaciones simbióticas con las raíces de las plantas. Mejoran la nutrición de la planta y pueden también dificultar el establecimiento y desarrollo de los nematodos mediante distintos mecanismos biológicos”, comentó el especialista.

Los resultados obtenidos hasta el momento muestran un panorama alentador. “En los ensayos que venimos desarrollando de manera conjunta entre INTA Balcarce, la UNMDP y el CONICET observamos una reducción de las poblaciones de nematodos y del daño en las raíces mediante el uso de microorganismos benéficos”.

Para los investigadores, estas herramientas no buscan reemplazar completamente otras prácticas de manejo, sino complementarlas. “La idea no es depender exclusivamente de productos químicos, sino sumar herramientas biológicas que contribuyan a una producción más sostenible”, sostuvo.

La importancia de cuidar el suelo

Más allá del control de plagas, el trabajo pone el foco en un aspecto clave para la producción de alimentos: la salud del suelo. “Hablamos de un suelo con buena actividad biológica, capaz de reciclar nutrientes, almacenar agua y sostener cultivos sanos. Esto quiere decir que un suelo saludable es aquel que cuenta con una gran diversidad de microorganismos que interactúan entre sí y contribuyen al equilibrio del ecosistema”, explicó Mondino.

En un contexto donde crece la demanda por sistemas productivos más sostenibles, este tipo de investigaciones busca generar alternativas que permitan producir alimentos con menor impacto ambiental y conservar uno de los recursos más importantes para la agricultura: el suelo.

Para Mondino, los avances logrados hasta el momento también son resultado del trabajo articulado entre distintas instituciones científicas y académicas. “Los desafíos productivos actuales requieren enfoques interdisciplinarios. La articulación entre INTA, CONICET y la UNMDP permite combinar investigación básica, investigación aplicada y transferencia al sector productivo, acelerando el desarrollo de soluciones innovadoras para los productores”, destacó.

Por último, remarcó que esta colaboración favorece tanto la generación de conocimiento como su aplicación práctica. “La articulación entre estas instituciones permite combinar experiencia en investigación, formación de recursos humanos y trabajo con los productores. Esa integración es clave para generar conocimiento científico y transformarlo en soluciones concretas para el sector productivo”, concluyó.

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