Cuidar la piel también es cuidar la salud: claves para una fotoprotección responsable durante el verano
Durante el verano se suelen reactivar campañas de concientización vinculadas al cuidado de la piel y a la prevención de los efectos nocivos de la radiación solar. El incremento de las temperaturas, las vacaciones y el mayor tiempo de permanencia al aire libre generan un escenario de mayor exposición al sol, que vuelve a poner en agenda la importancia de la fotoprotección como política de cuidado de la salud. Sin embargo, especialistas advierten que el daño solar no se limita a los meses estivales, sino que se acumula a lo largo de todo el año.
Desde Portal Universidad dialogamos con la Dra. Noemí Rearte, dermatóloga y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien analizó los principales riesgos asociados a la exposición solar y explicó por qué la fotoprotección debería incorporarse como un hábito cotidiano y sostenido en el tiempo. “Ahora empieza el verano y aparecen todas las campañas porque estamos más expuestos, pero a lo largo del año también tenemos radiación solar”, explicó.
El cuidado de la piel más allá del verano
Según detalló Rearte, el énfasis que se pone en los meses de verano responde tanto a la mayor intensidad de las radiaciones como al incremento del tiempo de exposición. “Empiezan las vacaciones, estamos más tiempo al aire libre, y por eso hacemos más hincapié en esta época”, señaló. No obstante, aclaró que la radiación solar está presente durante todo el año, aunque en menor intensidad durante otras estaciones.
En ese sentido, remarcó la necesidad de incorporar el cuidado de la piel como parte de la rutina diaria. “La idea es promover el cuidado no solamente en verano, sino incorporarlo como un hábito”, sostuvo, y explicó que el uso ocasional del protector suele llevar al descuido. “Si uno ya lo tiene incorporado, sale de su casa y está protegido”, agregó.
Días nublados y exposición a pantallas
La dermatóloga también desmintió uno de los mitos más extendidos: la creencia de que los días nublados no requieren protección solar. “Las radiaciones ultravioletas atraviesan las nubes, así que esté nublado o no, igual tenemos exposición”, advirtió. A esto se suma un factor cada vez más presente en la vida cotidiana: la exposición a la luz visible emitida por pantallas y luminarias artificiales.
Si bien este tipo de radiación no se asocia directamente al cáncer de piel, Rearte explicó que sí tiene impacto en la pigmentación cutánea. “La luz visible puede generar manchas y empeorar cuadros como el melasma”, indicó, y subrayó que el cuidado de la piel hoy debe contemplar también los entornos digitales.
Consultada sobre las consecuencias del no cuidado, Rearte explicó que pueden dividirse en dos grandes grupos. Por un lado, las enfermedades oncológicas, entre las que se encuentran las lesiones premalignas y los distintos tipos de cáncer de piel. “Dentro del cáncer de piel está el melanoma, que es el más temido porque potencialmente puede ser mortal”, alertó.
Por otro lado, aparecen las consecuencias no oncológicas, pero igualmente relevantes para la calidad de vida. El fotoenvejecimiento, caracterizado por arrugas, manchas y deterioro de la piel, también es producto del daño solar acumulado. “El fotoprotector evita tanto el daño del ADN celular como el envejecimiento prematuro”, explicó la especialista.
Qué tener en cuenta al elegir un protector solar
La especialista brindó recomendaciones concretas para la elección del protector solar. Uno de los puntos centrales es que sea de amplio espectro, es decir, que proteja contra radiaciones UVA y UVB. Mientras los rayos UVB se asocian a quemaduras y cáncer de piel, los UVA penetran más profundamente y generan envejecimiento cutáneo.
Respecto al Factor de Protección Solar (FPS), Rearte aclaró un error frecuente. “El FPS no es un porcentaje de protección”, explicó. Un FPS 30 bloquea aproximadamente el 96% de la radiación UV, mientras que un FPS 50 alcanza cerca del 98%. “Por debajo de 30 baja mucho la protección, por eso recomendamos como mínimo FPS 30, idealmente 50”, señaló.
Rearte también se refirió a las diferencias entre protectores faciales y corporales. Los primeros suelen ser más fluidos y cosméticamente agradables, muchas veces combinados con activos hidratantes. “Se los hace más lindos para favorecer el uso cotidiano”, explicó.
Sin embargo, advirtió que no siempre son tan resistentes. “Al ser más fluidos, a veces no resisten tanto el agua o la transpiración como los protectores corporales”, indicó, por lo que recomendó evaluar el contexto de uso.
Cuidados especiales en bebés, niños y niñas
En relación con la infancia, Rearte fue enfática: no se recomienda la exposición solar directa antes del año de vida. “Después del año, preferimos filtros físicos, como óxido de zinc o de titanio”, explicó, y remarcó la importancia de complementar el protector con ropa con filtro UV. “En los chicos es difícil estar recambiando el protector, por eso la ropa ayuda mucho”, agregó.

En adultos, la mayoría de los protectores son filtros químicos, que no tienen acción inmediata. “Tardan entre 20 y 30 minutos en empezar a proteger”, explicó Rearte. Por eso, recomendó aplicarlos media hora antes de la exposición y renovarlos cada dos horas, especialmente si hay sudoración o contacto con el agua.
Finalmente, recordó la importancia de evitar el sol directo entre las 10 y las 16 horas, reforzar la hidratación y prestar especial atención a niños y adultos mayores. “El sol también está asociado al calor y al golpe de calor, por eso hay que intensificar la hidratación”, concluyó.
Así, el cuidado de la piel se entiende como una práctica preventiva central, que excede lo estético y se inscribe de lleno en el terreno de la salud pública. Tal como advirtió la especialista, protegerse del sol es una forma concreta de reducir riesgos y cuidar el cuerpo a largo plazo.
