Una guerra, dos batallas: la causa por las torturas a los excombatientes de Malvinas

Por Luna Montecchia para el #MediaLab de Portal Universidad

El expediente abierto en 2007, nombrado como N° 1777/07 “Pierre Pedro Valentín y otros s/ imposición de torturas”, trata la causa por las torturas como estaqueamientos a la intemperie bajo temperaturas extremas, enterramientos, sumersión de la cabeza en agua helada, golpizas, pasaje de corriente eléctrica, hambre extremo, entre otras, hechas por los militares a los soldados en Malvinas.

Actualmente, cuenta con más de 200 denuncias y está en manos de la Corte Suprema de Justicia, donde la querella, con la ayuda de la Comisión Provincial por la Memoria, la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires y el Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas (CECIM) de La Plata, intenta caracterizar la causa como delitos de lesa humanidad para que no prescriba y se pueda juzgar a los implicados. Sumándole a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, denunciando al propio Estado argentino por incumplimiento de acceso a la justicia.

El excombatiente que hoy impulsa la causa judicial

Ernesto Alonso, excombatiente del Regimiento 7 de la ciudad de La Plata y secretario de Derechos Humanos del CECIM La Plata, es actualmente uno de los encargados de defender el caso. Habiendo vivido Malvinas en carne propia, explicó el proceso y estado de la causa.

Fuente: Comisión por la Memoria

Las primeras 25 denuncias hechas en 2007 se iniciaron con la investigación que hizo entonces el subsecretario de Derechos Humanos de la provincia de Corrientes, el Dr. Pablo Vassel, que se empieza a reunir con los excombatientes y comienza a escuchar los testimonios y él, como funcionario público, dijo: “Yo lo que estoy escuchando son delitos, no son historias interesantes”.

Luego de 74 días de guerra, los sobrevivientes llegaron a Campo de Mayo y se realizaron una revisión médica. “Nos recibió lo peor de los aparatos represivos, personal de inteligencia, donde nos hacían un interrogatorio y empezó a aparecer esa famosa carta de recomendaciones, donde nos decían: ‘ojo con lo que van a hablar, ojo con lo que van a decir, porque nosotros sabemos quiénes son sus padres y sus familiares’”, recordó Ernesto.

Los denunciados hasta el día de hoy no han declarado y, según informó la querella, están trabando el proceso para que esto nunca llegue a la justicia. “En cualquier otra causa, con la prueba que tiene  esto y la contundente cantidad de hechos denunciados, ya tendríamos que tener hace años la instancia de juicio oral”, explicó Alonso.

El secretario sostiene que la carátula de delito de lesa humanidad es importante para que se pueda juzgar y porque es un delito cometido por el Estado argentino. Ernesto concluyó expresando: “Este proceso judicial entendemos que va a reescribir la historia para que se sepa la verdad de lo ocurrido. Estamos enfrentándonos en la construcción de una ética militar, desde la ética de la gesta, donde parece que la guerra se hubiese ganado y no de lo que realmente sucedió, que fue una aventura militar”.

Darío Gleriano: el primer denunciante

Darío Gleriano tenía 18 años cuando le tocó ir a la guerra. Tuvo que dejar su deseo de estudiar ingeniería electrónica y pasar su cumpleaños en pleno frío y batalla. Hoy vive en Necochea, es padre y abuelo, pudo rehacer su vida; sin embargo, entre lágrimas contó cómo vivió Malvinas.

Fuente: Qué Digital

La primera sensación fue angustia. Darío no sabía que ese día lo iban a mandar a las islas. En plena colimba les avisaron que viajaban al frente, y eso significó que no pudiera despedirse de su familia antes de irse, algo que lo acompañó como un peso durante toda la guerra. Llegó con el Grupo de Artillería Antiaérea 601; igual, acostumbrarse al ruido del combate llevó varios días: “El miedo, la desesperación, todo eso, hasta que entramos en el rol del combate, saber cómo volaban las bombas, cuánto tardaban, cuándo era un avión o cuándo era un bombardeo naval”, contó.

Un 27 de mayo, alrededor del mediodía, con la temperatura bajo cero, los soldados no podían con el hambre: hacía dos días que no comían. El excombatiente tenía una especie de “franco” que habían acordado con sus compañeros para poder descansar. Él aprovechó y fue a buscar comida al aeropuerto para todos. Cuando consiguió dos bolsas de comida, al volver escondió una a 500 metros porque tenía miedo de que lo castigaran por haberse ido, y fue lo que sucedió. “Me empezaron a putear los milicos, y el cabo primero dice: ‘Bueno, la sanción que va a tener él es estaquearlo, lo van a tener que estaquear’”. Estaquear es tirarse en el suelo, abierto de pies y brazos, y clavarse una estaca en cada uno de los extremos. Les ponían un paño de carpa arriba que era muy perjudicial porque en ese momento no era impermeable y, con el frío, se terminaba congelando.

Después de más de ocho horas estaqueado, inconsciente y al lado de 150 tanques de combustible —donde podía caer una bomba, una esquirla, podía volar cualquier pedazo de algo, prender fuego y morir quemado—, entre lágrimas recuerda: “Se dio la orden de estaquearme, pero nunca se dio la orden de sacarme”. Sus compañeros Julio Acuña y Eduardo Basualdo, alrededor de las 12 de la noche, lo fueron a rescatar y quisieron calentarlo con lo que había a mano; sin embargo, requirió de atención médica urgente y sobrevivió de milagro.

Yo denuncié cuando volví, pero habían hecho firmar esas cosas de silenciarnos, que no podíamos contar nada, que no podíamos decir nada”. A partir de eso, Gleriano guardó su historia hasta que hizo su denuncia por primera vez el 6 de septiembre de 2006. En la actualidad, todavía con la voz entrecortada comentó: “Yo ya lo tengo asumido que no va a pasar nada”, pero afirma que lo más importante es seguir recordando para que no se repita y el día de mañana, cuando él no esté para contarlo, las voces jóvenes lo ayuden a que se haga justicia.

Misma guerra, diferentes batallas

Fernando Álvarez es el presidente del Centro de Excombatientes de Mar del Plata. Había hecho los 15 meses de colimba en la Compañía “C” del Regimiento 7 cuando le tocó ir a Malvinas a los 19 años, y tiene otros recuerdos de la guerra, afirmando siempre que cada persona vivió una guerra distinta internamente.

Fernando Álvarez con su papá y su compañero en la colimba

Yo tuve un maltrato de un subteniente”, afirmó Fernando. También dijo que él no denunció porque prefiere no recordar las cosas malas y no le gusta generalizar, ya que también hay muchos superiores que para él se portaron muy bien. Su lema actualmente es recordar y enseñar a las personas la guerra de Malvinas desde las anécdotas buenas y el compañerismo.

Además, cree que denunciar a muchos excombatientes les ha hecho muy mal por remover esos recuerdos y que siempre hay que recordar que uno, en situaciones extremas, saca sus miserias y sus debilidades.

El excombatiente remarcó: “La mente puede ir dibujando cosas que quizás no pasaron por los traumas; yo hay muchas cosas que no me acuerdo”. Es por eso que él, como presidente de la institución, tiene como objetivo principal la memoria y prefiere recordar las cosas buenas vividas.

 

 

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Seminario de Practicas Profesionales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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