Florencia Dapiaggi: “El cuerpo femenino no solo es mirado; nosotras escribimos, tocamos y miramos”

Con tan solo 22 años, Florencia Dapiaggi se posiciona en la escena de la poesía argentina como una de las voces jóvenes que no teme derribar tabúes en sus prosas. Con dos poemarios publicados, Florencia volvió a la ciudad de Mar del Plata en el marco del evento MarPlaneta, no solo para hablar de lo incomprensible del amor, sino también de un sentimiento crucial que atraviesa su última publicación: el deseo. 

Su poemario “Cerezas y Fuego” es una exploración autobiográfica de la sexualidad, el encuentro de la identidad y la aceptación del anhelo. Dapiaggi expone con sinceridad su pasaje de la adolescencia a la adultez, notando que esa transición había estado atravesada por un elemento: “Cuando fui leyendo mis poemas me di cuenta de que venía repitiendo todo el tiempo el deseo. Pero eran deseos distintos, un deseo de sexo erótico, un deseo de amor, un deseo de conocerme más, de entender el mundo y de entenderme a mí”.

La construcción del libro está relacionada con el autodescubrimiento, siendo este un factor que, según Florencia, no es aislado. Desde chica, la poesía fue su medio de expresión. Encontró en sus prosas una forma de “lenguaje propio como para poder hablar y hablarme a mí misma, la lectura y la escritura era como mi lugar para poder entenderme. Pude conocer cosas de mí que me daban vergüenza o que no estaba todavía tan amigada: mi sexualidad, mis inseguridades, mis miedos, esas cosas que el mundo a veces castiga cuando lo decís”, aclaró. 

Y desde el autoconocimiento, Florencia ejerce una reivindicación de dos factores que atraviesan su vida y por igual la de otras mujeres: la identidad lésbica y el placer femenino. Su poemario explora el cuerpo de la mujer desde la perspectiva de otra mujer, ante ello la joven escritora considero que “se está debatiendo desde la escritura que el cuerpo femenino no solamente es mirado, tocado y es escrito, sino que esos mismos cuerpos escribimos y tocamos y miramos y hacemos que el mundo cambie. Creo que eso es lo lindo de escribir poesía desde el punto de vista femenino, es darle cuerpo a la mujer, pero literal, cuerpo de estoy viva, no soy un objeto nada más”.

La escritura como acto político: reivindicación del deseo lésbico

Florencia Dapiaggi  invita a pensar a la mujer como persona deseante, no solo como objeto del deseo. Siendo trascendental que ese individuo deseante busca su placer con un otro de su mismo género, convirtiéndolo bajo las palabras de la poeta en un acto político: “los primeros poemas de amor que escribí fueron desde una perspectiva masculina, como si yo fuera el chico que está mirando a una chica. Y hoy lo veo y digo: claro, hasta eso es una acción política. Yo quería esconderme, yo quería que nadie supiera, quería tomar la mirada y la posición de una persona que no soy yo y que tenía ese derecho a mirar y desear así, cuando yo todavía no sabía que podía tenerlo”.

La escritora rompe con la idea de que la carga política “mancha” lo literario, dejando entrever que toda manifestación tiende a ser política, agregando que “los mejores libros que leí en mi vida tienen esa carga política y aparte se hacen cargo de esa carga. Cuando admitís que una escritura tuya es política, también admitís que tiene relación con un otro, que no existe solo. Te haces cargo de que otra persona lo puede leer y que puede cambiarle un poco la vida también”.

Sin ser casualidad, su poema “la palabra lesbiana” lleva esa carga política. Publicado en el contexto del lesbicidio de Barracas, donde en mayo de 2024, Justo Fernando Barrientos arrojó una bomba molotov a la habitación en la que residían cuatro mujeres lesbianas, mató a Andrea Amarante, Pamela Cobbas y Roxana Castro, mientras que Sofía Castro Riglos sobrevivió de milagro. En ese marco es donde Florencia por primera vez se describe diciéndose lesbiana públicamente, en un poema que no solo le costó escribir, sino volver a reencontrarse con él. 

 

“Me acuerdo que la primera vez que lo leí fue porque habían pasado muchas cosas con respecto a las lesbianas, hubo un lesbicidio. Entonces dije: es el momento y lugar para empezar a decirlo, por muy difícil que fuera. Y hoy pienso que esa palabra es inherente a mi, me siento super feliz con esa palabra”, agregó. 

En ese camino, Dapiaggi descubre que su trabajo resuena en personas que vivenciaron experiencias similares: “en el libro escribi sobre identificarme como lesbiana y llego a mujeres que les pasa lo mismo. Yo me sentía muy sola en esa identidad, y de repente con el libro me di cuenta de que no, que nunca estuve sola. Tengo lectoras y lectores que pueden acompañarme a mí también, el acompañamiento es mutuo. Encuentro confort en que otra persona le pase lo mismo que a mi y lo descubra por la poesía”.

Poesía, corporalidad y sexualidad: ¿Cómo interviene la voz femenina en el deseo?

Por igual, la poeta reivindica la importancia de la voz femenina hablando de su propio goce: “creo que durante mucho tiempo fuimos escritas y descriptas en los poemas como musas, pero el cuerpo femenino no se describía a sí mismo. A mí el placer femenino en la poesía me encanta, pero no solamente el placer femenino con un otro, sino el placer con una misma. De por sí el cuerpo femenino es como una incógnita para mucha gente, lo cual no debería serlo incluso para nosotras mismas. Por lo tanto, nuestro placer también fue silenciado. Creo que eso es lo más lindo dentro de la poesía, poder apropiarte de tu placer”.

Florencia nos introduce en el concepto de que no da igual desde que lugar estés hablando en la poesía, que cada persona representa su vivencia, por lo cual declaró que “la escritura es una forma de afirmar y reafirmar la voz. Cualquier mujer que escriba, lo está haciendo desde el punto de vista de una mujer, y no se puede sacar como mira el mundo, como el mundo la mira a ella, como el mundo la trata. No da lo mismo si es el masculino o femenino, no hay un nosotros. Hay que hablar con esa propiedad porque no da lo mismo que pronombre usás cuando escribís, por qué el lugar desde donde lo haces habla del mundo que te rodea”.

En su último libro “Cerezas y Fuego” lleva a cabo esa elección, reafirmando su posición que no da lo mismo quién está detrás de la prosa, sumergiendo al lector en un viaje decantado por el cuerpo y el erotismo. Ante ello, Florencia destacó: “siento que la literatura es un buen lugar para que aparezca el cuerpo y para que también mostrar que cada cuerpo femenino sigue siendo un mundo”.

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