Daniel Mecca: leer a Borges sin miedo, ponerle el cuerpo a la literatura

En una ciudad atravesada por la literatura y la memoria cultural, la presencia de Daniel Mecca en Mar del Plata durante el festival MarPlaneta funcionó como una invitación directa a volver a leer sin miedo. Escritor, poeta, ensayista y uno de los principales divulgadores contemporáneos de la obra de Jorge Luis Borges, Mecca propone correrse de la solemnidad académica para recuperar algo esencial: el placer, el deseo y el cuerpo en la experiencia literaria.

Uno de los disparadores de la conversación fue la dificultad para conseguir Borges, el diario de Bioy Casares centrado en la figura de su entrañable amigo, publicado en 2006 que hoy se ha convertido en una verdadera “figurita difícil”. Lejos de verlo solo como un problema editorial, Mecca ironiza sobre el fenómeno: la ausencia del libro lo volvió una rareza, casi una mercancía de culto. Pero detrás de esa anécdota aparece una preocupación más profunda: la necesidad de que ese texto vuelva a circular.

Para Mecca, ese libro presenta a un Borges lejos del bronce. No es un simple anecdotario ni una colección de citas eruditas, sino una verdadera lección de literatura donde la obra se filtra incluso en las conversaciones más triviales. “La literatura también está en las boludeces”, sostiene, y desde ahí plantea un llamado claro: reeditar el libro es también una forma de formar mejores lectores.

Guillermo Martinez, Nicolas Artusi y Daniel Mecca durante el festival MarPlaneta

Salir del laberinto entrando

Una de las ideas centrales que atraviesan el pensamiento de Mecca es la sacralización de Borges. Convertido en una figura intocable, muchas veces es más citado que leído. “Lo peor que uno puede hacer con cualquier personaje es convertirlo en un acto de fe”, advierte. Creer que Borges es demasiado complejo, demasiado alto o demasiado lejano termina funcionando como una barrera que aleja a los lectores antes incluso de abrir un libro.

Sin embargo, Mecca insiste en que Borges nunca dejó de ser profundamente humano. Poeta del amor, de la pérdida y del deseo, su obra está atravesada por emociones reconocibles y cercanas. “La mejor forma de salir del laberinto de Borges es entrando”, dice, y propone perderse en sus textos sin la presión de entenderlo todo, sin la obligación de admirarlo previamente.

En ese sentido, Mar del Plata ocupa un lugar simbólico. La ciudad alberga la Villa Ocampo, donde Borges pasó varios veranos y donde se gestaron muchas de las conversaciones que hoy forman parte de ese libro inhallable. Pensar a Borges desde ese territorio también permite recuperar su dimensión popular, una faceta que con el tiempo pareció diluirse.

Lejos de la imagen del escritor aislado, Borges fue —en vida— un personaje omnipresente: daba conferencias sobre literatura inglesa, aparecía en revistas del corazón y atendía sin filtros a estudiantes que tocaban su timbre en la calle Maipú. “Nada de lo humano le era ajeno”, recuerda Mecca, y subraya que esa decisión de ocupar todos los espacios fue también una estrategia consciente.

Borges, Marvel y Messi: estrategias para leer hoy

Desde hace ocho años, Mecca impulsa BorgesPalooza, un festival que busca acercar la obra borgiana a distintas generaciones sin forzar lecturas ni caer en el paternalismo. La clave está en encontrar puntos de contacto con el presente: comparar a Borges con el universo Marvel del Doctor Strange o con el Spider-Verse.

Desde esa perspectiva, Borges aparece como un autor radicalmente contemporáneo. Los mundos paralelos, los multiversos y las alteraciones temporales que hoy dominan la cultura pop ya estaban en El jardín de senderos que se bifurcan hace más de ochenta años. El desafío no es actualizarlo, sino animarse a leerlo.

“No se trata de explicar ni de evangelizar”, aclara. Transmitir conocimiento y pasión es muy distinto a imponer gustos. Borges, sostiene Mecca, ya está interpelando al lector antes de que alguien se lo explique. El trabajo del mediador cultural es simplemente habilitar esa experiencia.

“Borges es el Messi de la literatura” simplifica para ayudar a dimensionar la figura del escritor para las nuevas generaciones.

Portada Los Canto

El Nobel, la poesía y el trabajo del escritor

La conversación también derivó en una pregunta recurrente: ¿por qué Borges nunca ganó el Premio Nobel? Mecca se inclina por una explicación literaria antes que política. Siguiendo a Ricardo Piglia, sostiene que Borges fue un escritor de textos breves, de intervenciones minúsculas pero poderosas, y que esa característica pudo haber pesado en una academia que suele premiar obras más caudalosas.

Más allá de Borges, Mecca viene trabajando en el rescate de figuras olvidadas de la literatura argentina, como lo hizo en Los Cantos, la vida de los hermanos Estela y Patricio. Para él, toda investigación literaria empieza con una pregunta simple: “¿qué pasó con este autor?”. En ese recorrido, destaca especialmente la deuda pendiente con la poesía argentina, un género fundacional que hoy permanece en los márgenes del mercado.

La poesía, advierte, no es un pasatiempo ni un acto espontáneo de inspiración. Es un oficio. Es trabajo. “Ser poeta es una decisión de vida”, afirma, y recuerda una frase de Oscar Wilde que resume ese compromiso: pasar una mañana entera poniendo una coma y una tarde sacándola.

En tiempos de consumo acelerado y lecturas fragmentadas, la propuesta de Daniel Mecca es clara y, a la vez, profundamente política: leer sin miedo, sin solemnidad y con el cuerpo entero. Porque, como insiste, la literatura no se contempla desde lejos: se vive.

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