Día Nacional por el Derecho a la Identidad: las huellas psicológicas de una historia ocultada
Cada 22 de octubre se conmemora en Argentina el Día Nacional por el Derecho a la identidad, una fecha que recuerda la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo por la restitución de identidad de los nietos y las nietas apropiados durante la última dictadura cívico-militar. A 50 años de último golpe de estado en Argentina, el derecho a la identidad también invita a reflexionar sobre los efectos psicológicos de crecer sin conocer la verdadera historia y sobre cómo esa búsqueda puede influir en la construcción de la identidad.
El derecho a la identidad garantiza que todas las personas puedan conocer sus orígenes y su historia. En Argentina, este derecho fue vulnerado durante la última dictadura cívico-militar mediante la sustracción de la identidad de niños y niñas. Estos hechos evidenciaron la necesidad de reconocer explícitamente la identidad como un derecho humano fundamental y de establecer la responsabilidad del Estado en garantizarlo.
La identidad se construye durante toda la vida a partir de distintos elementos que van más allá de lo biológico. La familia, los grupos de pertenencia, la comunidad y las experiencias personales forman parte de ese proceso, al igual que el nombre, la lengua, la cultura, el territorio y la historia colectiva. Estos vínculos y relatos permiten que cada persona construya su propia historia y se reconozca como alguien único, en relación con los demás.
En ese sentido, Portal Universidad dialogó con Micaela Bautista, Licenciada en Psicología y Secretaria de Género y Diversidad de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), quien analizó las consecuencias de conocer la propia identidad, el impacto de descubrir una historia ocultada y el acompañamiento de estos procesos.
El desconocimiento de los propios orígenes y la falta de información sobre la historia personal pueden generar conflictos que atraviesan la construcción de la identidad. “Todo lo que tiene que ver con lo no dicho cobra mucho sentido e importancia, porque genera sensaciones, sentimientos y pensamientos de confusión en virtud a la propia identidad y a la propia historia. Hay personas que han tenido relatos a medias sobre sus orígenes. Eso las condiciona y les genera dificultades y conflictos para poder construir su propia identidad”, explicó la psicóloga.
Aunque se perciba como una emoción negativa, el enojo también puede ser sumamente motivador para las personas. “Por supuesto, tiene que ver con cada historia en particular. Muchas veces, el enojo es una de las emociones a las que más les tenemos miedo, pero también funciona como una forma de poner límites o como un motor. Es a partir del enojo que muchas personas logran hacer movimientos, formular preguntas, realizar averiguaciones e iniciar búsquedas”.
Asimismo, la profesional añadió que “a lo largo del tiempo, cada persona procesa estas emociones de manera diferente. Sin embargo, creo que, sin enojo, sería muy difícil encarar un proceso de búsqueda de la propia identidad”.
Construir una realidad o una identidad basada en mentiras o engaños daña profundamente la seguridad y la posibilidad de formar vínculos, que es la base de cualquier relación humana. “Como ocurre con toda situación traumática, en el caso de las personas que atravesaron la dictadura, fueron engañadas respecto de su identidad o todavía siguen buscando sus verdaderos orígenes, esto puede afectar la confianza en uno mismo y en otra persona. También pueden aparecer registros como del orden de lo traumático, como la ansiedad o determinadas formas de reaccionar ante ciertas situaciones”.
Para el proceso de la construcción de la identidad, en cada situación particular, la red de apoyo y acompañamiento tiene mucha influencia. “Muchas personas han tenido espacios terapéuticos u otro tipo de soporte para el acompañamiento de la situación y procesar estas cuestiones”.
En ese sentido, agregó que “en otros casos, cuando el proceso es más singular y en soledad, puede presentarse una mayor complejidad. Esto no quiere decir que necesariamente se necesite acompañamiento psicológico para poder procesarlo pero, a veces, atravesar estas situaciones en soledad hace que las cosas sean un poco más difíciles”.
Durante la búsqueda de su identidad, el espacio terapéutico se co-construye con respeto y con paciencia. “Como en todo proceso terapéutico, se acompaña con mucho respeto y desde un posicionamiento artesanal, porque cada momento tiene su singularidad y su particularidad. Se trata de sostener a la otra persona en las preguntas que se va haciendo o de ayudarla a construir la posibilidad de preguntarse. Este tipo de situaciones tiene sus particularidades y sus diferencias, pero se acompaña con la misma calidez que cualquier otro proceso de acompañamiento psicológico de una manera muy artesanal”.
Del mismo modo, Micaela Bautista indicó que: “Depende de cada caso particular y de la manera en que la familia acompañe a la persona que está conociendo su identidad. No hay una receta que se pueda seguir. A partir de la verdad y del conocimiento de la historia, se va construyendo la manera en que esa persona se une a la familia, a su configuración y a su dinámica”.
El derecho a la identidad no se limita a la esfera individual, sino que también posee una profunda dimensión en la memoria social y colectivo fundamental para la construcción democrática del pueblo. “No conocer la historia hace que repitamos ciertos patrones y determinadas cuestiones. Creo que una de las consecuencias es, justamente, la repetición inconsciente de esas situaciones”.
Y agregó que “conocer nuestra historia, tanto a nivel individual como social, nos permite estar más alertas ante determinadas situaciones. En el contexto social, conocer nuestra historia permite que no demos marcha atrás con algunas cuestiones básicas vinculadas con el respeto hacia los valores, las identidades y los posicionamientos políticos de los demás”.
Conocer sobre las violaciones sistemáticas a los derechos humanos del pasado es el principal mecanismo de defensa de una sociedad y el fortalecimiento de la democracia. “Como sociedad, el punto está en ese conocimiento de lo que ocurrió para no volver a repetir situaciones que fueron terribles y crueles para nuestra historia”, sostuvo.
La posibilidad de transformar la propia historia
En general, tendemos a pensar que lo que ocurre durante la infancia nos condiciona o determina lo que puede pasar después. “Sin embargo, entendemos que el psiquismo es complejo y tiene la capacidad de cambiar y transformarse en función de las experiencias vividas. Lo que vamos viviendo se incorpora a nuestra historia y transforma aquello que ya hemos transitado. Así funciona, en términos generales, nuestro psiquismo y subjetividad. Es muy difícil pensar en algo estático: las vivencias y las experiencias se van incorporando y, en virtud de eso, vamos transformando nuestros posicionamientos”.
Además, la profesional enfatizó: “En algunos casos, esos cambios pueden ser para mejor. En otros, el proceso puede resultar más complejo. Lo importante es esa posibilidad de resignificar y reelaborar lo pasado a partir de las experiencias actuales, así como la posibilidad de transformarnos hacia el futuro. Muchas veces, también podemos asumir un posicionamiento consciente y activo para orientar esos cambios”.
El derecho a la identidad continúa siendo una cuestión central e importante para todos los ámbitos, siendo la base sobre la que se reconocen todos los demás derechos. “Desde la psicología, la identidad es lo más íntimo de cada persona. Es imposible pensarnos por fuera de ese proceso de construcción de la identidad, que se desarrolla en cada momento de nuestras vidas”.
Asimismo, la psicóloga señaló: “Es un derecho impostergable e indelegable, que no podemos dejar por fuera de nuestro quehacer como disciplina y como profesionales. Por eso, me parece importante embanderarnos en la defensa del derecho a la identidad”.
El ocultamiento de la identidad puede generar un impacto traumático que requiere una elaboración y resignificación de la propia historia. “Como ocurre con cualquier proceso en el que hay una tergiversación de la verdad y un delito de por medio, hay situaciones más graves que generan un impacto traumático y requieren elaboración, trabajo y un abordaje de distintas aristas”.
En ese marco, Micaela Bautista concluyó: “No es lo mismo cuando las cosas ocurren dentro de un marco legal. Un proceso de adopción en el que hay una historia que se va narrando y contando, pero siempre desde la verdad, sin nada que ocultar. Es diferente cuando partimos de un delito y de cuestiones que permanecen ocultas y no dichas”.
A 50 años del golpe de Estado de 1976, la búsqueda continúa. Según la página oficial de Abuelas de Plaza de Mayo, se resolvieron 140 casos y todavía hay más de 300 nietas y nietos por encontrar.
Si tenés dudas sobre tu identidad, comunicate a través de este link. El encuentro con la familia es de orden privado, cada restitución tiene sus momentos, su proceso y su construcción.



