Voces que escriben el presente: una celebración plural por el Día del Escritor en la Librería Universitaria
Cada 13 de junio en Argentina, se celebra el Día del Escritor y la Escritora en homenaje al nacimiento de Leopoldo Lugones, figura fundacional de la literatura nacional. Aunque su obra ha sido revisada y discutida desde múltiples ángulos, la fecha permanece como una oportunidad para pensar el rol de la escritura, del libro y del autor en la vida cultural del país.
En ese marco, la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM) organizó un encuentro abierto en la Librería Universitaria, donde escritoras y escritores locales compartieron su visión sobre los desafíos actuales de leer y escribir. La actividad fue, a la vez, un ejercicio colectivo de memoria, una celebración de las ideas y una defensa del pensamiento crítico. Del encuentro participaron las autores Milena Bracciale Escalada, Silvia Mulder, Ricardo Aiello y Aldo Vasallo, quienes también se anticiparon a la celebración del Día del Libro en Argentina que se celebra este domingo 15 de junio.
Escritura e historia: el lugar del escritor en la sociedad
Para Milena Bracciale Escalada, autora de La Argentina como drama y Esa plaga de polleras, el Día del Escritor no es solo una fecha conmemorativa, sino una oportunidad para revisar críticamente el lugar social de quienes escriben. “Lo que me parece importante es destacar el rol que supimos tener los escritores en algún momento como muy relevante. Hoy, quizás, no se ve tanto, pero la figura del escritor como intelectual, como persona que se hace cargo de la palabra y participa en lo social desde su producción, es fundamental”, sostuvo.
Ese compromiso, explicó, excede los géneros y atraviesa también su investigación actual sobre mujeres dramaturgas de los siglos XIX y XX, muchas de ellas olvidadas o borradas de los relatos canónicos. “Descubrí autoras que escribieron, estrenaron y publicaron obras en revistas teatrales de la época, y que después desaparecieron completamente de las historias y los cánones tradicionales”, señaló.
Bracciale subrayó que el trabajo del escritor no puede estar escindido del contexto social y político en el que vive. “Un escritor no es alguien encerrado en su torre de marfil. Es parte de un tiempo, de una época. Escribir también es construir sociedad”.
De folletines a plataformas: nuevas narrativas para nuevas generaciones
Ricardo Aiello, docente y autor de “Seriados. Escribir pantallas” y “De la literatura de folletín a las series televisivas de plataformas”, centró su intervención en los cambios narrativos que han transformado la forma de contar historias. “En el libro hago un arco temporal que va desde la literatura de folletín, muy popular en sus orígenes, hasta las series de plataformas y las microseries que circulan en redes sociales”, explicó.
Si bien reconoció que muchas de estas nuevas formas narrativas aún carecen de profundidad argumental, también valoró su potencial expresivo. “Apuntaba a estimular que esas escrituras cortas sean potentes. A veces la síntesis es difícil, pero cuando se logra, puede ser muy poderosa”.
Aiello también compartió su experiencia personal con la escritura, a la que definió como un proceso no lineal, lleno de obstáculos, retrocesos y búsquedas. “Es una tarea de mucha fuerza interior. A veces el afuera complota contra uno, vivimos en una sociedad donde lo urgente tapa lo importante. Escribir a largo plazo no es fácil, pero tiene un valor inmenso”.
Leer en tiempos veloces: la vigencia de la palabra
Desde otra mirada, Silvia Mulder —autora de Lévi-Strauss ◊ Lacan. Genealogía del registro simbólico— propuso pensar la lectura y la escritura como prácticas humanas esenciales, muchas veces relegadas en la vorágine digital. “Leer y escribir son actos profundamente humanos. Lo que parece tan cotidiano supone en realidad un progreso de la especie. Pero hoy se interroga su vigencia, sobre todo entre los jóvenes”, apuntó.
Mulder lamentó que el ritmo acelerado de las redes y los contenidos breves atenten contra la capacidad de detenerse, reflexionar o simplemente disfrutar de un libro. “Estamos atravesados por la inmediatez. Los videos son tan rápidos que ni siquiera se entiende lo que dicen. Esa lógica se traslada también a la lectura, y se ve en la dificultad para expresarse, en el vocabulario limitado, en los errores ortográficos. No es un problema menor”, advirtió.
Pese a ese diagnóstico, confió en que aún existe un “universo enorme” de jóvenes que aman la lectura. Y subrayó el desafío que tienen los adultos, docentes y mediadores culturales para acercar los libros a nuevas generaciones: “Tenemos que pensar cómo convocarlos desde sus códigos, sin negar el presente, pero sin resignar la profundidad que la lectura puede ofrecer”.
La escritura científica como forma de creación
Por su parte, Aldo Vasallo, biólogo y autor de Morfofisiología de Vertebrados e Introducción a la Biología Evolutiva, reivindicó el valor de la escritura científica y académica como forma de creación y transmisión de conocimiento. “En las ciencias, escribir es algo cotidiano. Es la forma natural que tiene la comunidad científica de comunicar sus investigaciones. Los artículos y los libros siguen teniendo un peso muy importante”, explicó.
Vasallo destacó también el rol de las editoriales universitarias, como EUDEM, en la circulación del saber. “Es fundamental que la universidad publique textos para comunicar conocimientos tanto a la comunidad científica como a los estudiantes. No se trata solo de una obligación institucional, sino de una responsabilidad hacia la sociedad”.
El encuentro en la Librería Universitaria fue mucho más que un acto protocolar. Fue un espacio para que las voces diversas del campo literario, académico y ensayístico se escucharan entre sí, intercambiaran ideas y pusieran en común sus miradas sobre el mundo. Desde el teatro al ensayo filosófico, desde la biología hasta las narrativas audiovisuales, lo que se celebró fue el acto de escribir como forma de pensar, interrogar, cuestionar y construir comunidad.
En tiempos donde lo urgente tapa lo cotidiano, recuperar el valor de la escritura —y del escritor como sujeto social— es una forma de resistencia. Como dijo Aiello, “los libros son mis hijos”. Y como señaló Bracciale, “apostar por la escritura y la lectura es apostar por una forma de construcción social”.
