Donar órganos: una decisión que puede salvar hasta siete vidas

Cada 30 de mayo se conmemora en Argentina el Día Nacional de la Donación de Órganos, una fecha que busca generar conciencia sobre la importancia de donar y visibilizar la realidad de las miles de personas que permanecen en lista de espera. Según datos del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), actualmente alrededor de 7 mil pacientes esperan un órgano o tejido para mejorar su calidad de vida o continuar viviendo.

Aunque muchas veces el trasplante queda asociado únicamente a una cirugía, detrás de cada operativo existe un enorme trabajo médico, humano y logístico que comienza mucho antes de ingresar a un quirófano. Desde Portal Universidad dialogamos con la médica intensivista y coordinadora de procuración de órganos y tejidos del CUCAIBA en Mar del Plata, Gregorina Bascolo, quien explicó cómo funciona el proceso de donación, qué cambió con la Ley Justina y cuáles son los principales mitos que todavía persisten alrededor del tema.

Cómo funciona el proceso de donación

Detrás de cada trasplante existe un operativo médico y logístico que involucra a profesionales de distintas áreas del sistema de salud y que se activa cuando un paciente internado en terapia intensiva presenta signos compatibles con muerte encefálica. Se trata de una condición irreversible en la que el cerebro pierde completamente sus funciones y ya no existe posibilidad de recuperación, aunque el corazón continúe latiendo con asistencia mecánica.

En ese contexto, Bascolo explicó que su trabajo consiste en detectar potenciales donantes y evaluar si el paciente reúne las condiciones clínicas necesarias para iniciar el proceso. “La mayoría surgen de patologías neurocríticas que producen una lesión cerebral irreversible y, a pesar de todos los intentos por salvarles la vida, terminan falleciendo por muerte encefálica. El sistema de evaluación y selección de donantes es muy estricto y hay enfermedades o situaciones clínicas que pueden impedir la donación”, señaló.

Una vez confirmada la muerte encefálica mediante protocolos neurológicos específicos y estudios realizados junto a especialistas, comienza una etapa clave que incluye el acompañamiento a la familia y el mantenimiento clínico del potencial donante para garantizar que los órganos puedan ser trasplantados.“Tenemos que lograr que el paciente se mantenga estable. Hay que sostener la presión, la oxigenación y un montón de cuestiones médicas. Además, hacemos toda la logística, desde análisis de sangre y distribución de órganos hasta la coordinación con ambulancias, aeropuertos y equipos quirúrgicos que muchas veces llegan por vía aérea”, detalló.

¿Qué ocurre después de confirmar la donación?

Uno de los aspectos que más desconocimiento genera alrededor de la donación de órganos tiene que ver con lo que sucede una vez confirmada la muerte encefálica. Bascolo explicó que, antes de iniciar cualquier operativo, el equipo médico verifica en el Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina (SINTRA) si la persona había manifestado en vida su voluntad respecto a la donación.

“La familia no acepta la donación. Lo que hacemos primero es consultar en el sistema si la persona expresó en algún momento su voluntad. Si manifestó oposición, no se inicia el proceso. Y si no expresó nada, la Ley Justina considera donante a toda persona mayor de 18 años”, explicó. La normativa, sancionada en 2018, estableció que toda persona adulta es considerada donante salvo que haya dejado constancia expresa de oposición en vida. También modificó el abordaje con las familias al evitar que deban tomar esa decisión en un momento de profundo dolor.

Además, la especialista remarcó que, aunque la ley modificó el sistema legal de donación en Argentina, el acompañamiento a las familias sigue siendo una parte fundamental del proceso, “se les explica todo, se aclaran dudas y se trata de sacarles la responsabilidad de decidir en un momento tan doloroso. La ley justamente vino a resolver eso”, sostuvo.

En ese contexto, uno de los momentos más difíciles suele ser comprender la muerte encefálica. Muchas familias atraviesan situaciones de negación o confusión debido a que el paciente permanece conectado a respiradores y monitoreos que mantienen ciertas funciones corporales. “Es difícil entender que el paciente está fallecido porque está conectado a un respirador, tiene presión arterial y el corazón sigue latiendo. Muchas veces se confunde la muerte encefálica con el coma o el estado vegetativo, pero son situaciones completamente distintas”, indicó.

Bascolo señaló que las reacciones emocionales suelen ser muy diversas y atraviesan desde la tristeza y el llanto hasta el enojo o la negación. Sin embargo, aseguró que muchas familias encuentran alivio una vez finalizado el proceso y al saber que los órganos pudieron ayudar a otros pacientes. “Cuando se enteran que los órganos pudieron ser trasplantados, muchas familias sienten alivio o gratitud. Incluso a veces agradecen que todo el proceso se haya podido realizar”, expresó.

Un solo donante puede salvar hasta siete vidas a través del trasplante de órganos como el corazón, pulmones, hígado, riñones, páncreas e intestinos. Además, la donación de tejidos como córneas, piel o huesos puede mejorar significativamente la calidad de vida de decenas de personas.

Los mitos que todavía persisten

A pesar de los avances en materia de donación y trasplante, todavía existen muchos miedos y desinformación alrededor del tema. Uno de los más frecuentes, según explicó la especialista, está relacionado con la dificultad de comprender la muerte encefálica y con la imagen física del paciente luego de la ablación. “Muchas veces creen en el milagro o confunden la muerte encefálica con el coma. El paciente tiene temperatura, el corazón sigue latiendo porque está conectado a un respirador y eso hace difícil entender que está fallecido”, explicó.

Otro de los temores más habituales aparece en torno a cómo queda el cuerpo luego del procedimiento. Frente a eso, la médica aclaró que “la cirugía no altera la imagen del paciente. Queda una cicatriz en el pecho y, por ejemplo, cuando se realiza una donación de córneas también se colocan prótesis para preservar la morfología de la cara. Todo se hace con muchísimo respeto”.

La especialista también indicó que otra de las dudas frecuentes tiene que ver con la identidad de las personas trasplantadas. “Por ley se mantiene la identidad tanto del donante como del receptor. Lo único que puede informarse es el órgano implantado, el sexo y la edad de la persona trasplantada”, señaló.

El impacto de la Ley Justina

La Ley Justina, sancionada en 2018, modificó el sistema de donación de órganos en Argentina al establecer que todas las personas mayores de 18 años son consideradas donantes, salvo que hayan dejado constancia expresa de oposición. Para la médica intensivista, la normativa no solo cambió aspectos legales del proceso, sino que también generó una mayor conciencia social sobre el tema. “Cuando se habló de la Ley Justina, mucha gente ya empezó a venir con información sobre la donación. Los más jóvenes incluso a veces les explicaban a los adultos cómo funcionaba la ley. Eso hizo que el tema se hablara más en las casas y que las familias ya conocieran cuál era la voluntad de sus familiares”, explicó.

La especialista señaló que antes de la modificación legislativa se consultaba a los familiares sobre qué pensaba la persona fallecida respecto a la donación. Con la nueva normativa, en cambio, el sistema parte de la presunción de que toda persona es donante si no manifestó lo contrario en vida. “Antes se le pedía testimonio a la familia y en base a eso se decidía si se hacía o no el proceso. Ahora la situación se encara de otra manera y eso también facilitó el trabajo del personal de salud”, sostuvo.

Además, Bascolo destacó que la ley impulsó cambios estructurales dentro del sistema sanitario y mejoró la organización de los operativos de procuración y trasplante en todo el país, “no solamente cambió el hecho de considerar donantes a todos los mayores de edad. También se trabajó en transporte, en la creación de servicios de procuración y en distintos aspectos para mejorar la donación de órganos en Argentina”, afirmó.

¿Qué hay detrás de cada trasplante?

Más allá de la intervención médica, detrás de cada proceso de donación existe una enorme red de personas que trabajan para que un órgano llegue a tiempo y pueda salvar una vida. Desde médicos intensivistas y cirujanos hasta choferes de ambulancia, personal de limpieza, laboratoristas, pilotos y equipos aeroportuarios forman parte de un operativo que funciona contrarreloj. “Si no hay donantes, no hay trasplante. Hoy la ciencia todavía no puede fabricar órganos y las personas que están en lista de espera dependen de una donación para seguir viviendo”, afirmó Bascolo.

La complejidad de estos operativos también está atravesada por el factor tiempo. Algunos órganos, como el corazón o los pulmones, deben ser trasplantados en cuestión de horas, por lo que cada minuto resulta fundamental para que el procedimiento pueda concretarse con éxito. “Cuando hay un trasplante de corazón o pulmón, el tiempo es oro. Ahí necesitamos ambulancias, coordinación con tránsito, policía, aeropuertos y equipos quirúrgicos que muchas veces llegan en avión. Todo tiene que funcionar de manera precisa”, explicó la médica.

Según datos oficiales del INCUCAI, alrededor de 7 mil personas esperan actualmente un trasplante en Argentina. En muchos casos, se trata de pacientes con insuficiencias cardíacas, hepáticas o renales avanzadas para quienes el trasplante representa la única alternativa posible. “La donación da vida. Hay pacientes que, a pesar de todos los tratamientos médicos, necesitan un órgano para poder seguir viviendo. Y también hay personas que mejoran enormemente su calidad de vida gracias a la donación de tejidos como las córneas”, explicó.

Además, destacó que “se calcula que detrás de un proceso de donación trabajan alrededor de 150 personas. Todos forman parte de una cadena. Desde el médico que detecta un potencial donante hasta el chofer que traslada un órgano o el piloto que lleva a los equipos quirúrgicos. Cada persona tiene un rol importante para que el trasplante pueda realizarse”.

Los desafíos pendientes

Para la especialista, uno de los desafíos pendientes sigue siendo generar más información y conversación social alrededor de la donación de órganos, especialmente para derribar mitos y ayudar a comprender cómo funciona realmente el proceso. “Todavía hay muchas dudas y mucho desconocimiento. Por eso es importante hablar del tema en las casas, con la familia y también en las escuelas o en los medios. Cuando las personas entienden cómo funciona el proceso, muchas veces cambian la mirada sobre la donación”, señaló.

 

Además, remarcó que detrás de cada operativo existe un fuerte componente humano que atraviesa tanto a las familias como a los equipos médicos que participan en el proceso. “Es un trabajo muy intenso desde lo emocional. Nosotros acompañamos situaciones muy difíciles, pero también sabemos que detrás de ese dolor hay pacientes esperando una oportunidad para seguir viviendo”, expresó.

En ese sentido, Bascolo aseguró que, a pesar de la complejidad y la carga emocional que implica trabajar en procuración y trasplante, muchas veces las propias familias encuentran cierto alivio al saber que la muerte de un ser querido permitió ayudar a otras personas. “Hay familias que después agradecen que el proceso se haya podido realizar. Dentro de una situación tan dolorosa, saber que pudieron ayudar a salvar otras vidas genera alivio y también mucho orgullo”, concluyó.

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