Ciudadanía “de clases”, el doble estándar del pasaporte dorado

El Gobierno nacional formalizó la puesta en marcha del Programa de Ciudadanía por Inversión (CBI), anunciado el pasado 2 de octubre de 2026 en París por el ministro de Economía, Luis Caputo. La medida —establecida mediante el DNU 366/2025 y el Decreto 524/2025— habilita a ciudadanos extranjeros a obtener la nacionalidad argentina a cambio de un aporte no reembolsable de USD 350.000 al Tesoro Nacional o la compra de un bono público por USD 800.000, sin exigencia de residencia previa ni estancia en el territorio. En contraposición, las reformas al régimen general de la Ley 346 imponen a la población migrante trabajadora dos años de residencia legal e ininterrumpida, donde cualquier salida al exterior reinicia el cómputo de cero.

Para analizar el impacto sociológico de este escenario y evaluar si la Argentina avanza hacia la mercantilización de sus derechos cívicos, desde Portal Universidad dialogamos con Eduardo Chávez Molina, doctor en Sociología, especialista en estructura social y docente e investigador universitario.

Un doble estándar para la pertenencia cívica

La coexistencia de ambos esquemas expone una brecha que excede lo administrativo para ingresar en el terreno de la desigualdad de clases. Mientras la población migrante debe afrontar procesos burocráticos prolongados a través de la plataforma RaDEX (Radicación a distancia de extranjeros) y acreditar radicación continua, la capacidad económica se convierte en un atajo directo para eximirse del arraigo.

Sobre esta asimetría, Chávez Molina sostuvo: “Aparece ahí el tema de la clase: se genera un doble estándar. El que tiene plata lo compra sin necesidad de vivir en la Argentina, mientras que la población que migra buscando un ingreso tiene que someterse a este tipo de restricciones. Pensémoslo en las comunidades migrantes más cercanas, como Bolivia y Paraguay: una salida de cualquiera de ellos nos retrotrae, porque son dos años seguidos sin ninguna salida al exterior. Si no cumplen esos dos años seguidos, empieza todo de cero. Hay una doble vara”.

La mercantilización de la nacionalidad y el capital transnacional

Transformar el acceso a la ciudadanía en una transacción financiera altera la tradición migratoria del país, caracterizada históricamente por la integración a través del trabajo y el estudio. La nueva normativa desvincula la nacionalidad de la convivencia y la producción local, permitiendo la obtención del pasaporte sin requerir la creación de empresas o puestos de trabajo.

Al evaluar las implicancias de esta lógica de mercado, el sociólogo argumentó: “Tiene un formato más bien de burlar la ley. Se saltea todo el proceso normal de la nacionalidad. Esto es directamente una venta: ‘vendo la nacionalidad argentina’. Es una locura por donde se lo mire. Y lo curioso es que no es solamente para quien trae capital, genera inversión o crea trabajo, sino para quien puede ampliar la capacidad que tienen muchos sectores de la economía transnacional de expoliar la Argentina. Ya no solo me puedo llevar las riquezas, sino que incluso me puedo quedar con ellas. Lago Escondido en la Patagonia es un ejemplo sorprendente de cómo eso sucede al amparo de múltiples legislaciones”.

La inserción argentina en el mercado de «pasaportes dorados»

A nivel internacional, la venta directa de ciudadanía ubica a la Argentina en un reducido grupo integrado por microestados como Antigua y Barbuda, Granada, Malta o Nauru, con Turquía como único antecedente de dimensión territorial. Mientras las grandes economías sólo otorgan residencias temporarias y exigen años de estancia efectiva antes de naturalizar a un inversor, el pasaporte argentino ofrece acceso sin visa a 170 destinos y radicación libre en el MERCOSUR de forma inmediata.

Frente a este escenario y el rol de consultoras privadas como Henley & Partners, Chávez Molina concluyó: “Tomando en cuenta las características de las migraciones, la Argentina nunca fue un país de estilo canadiense, donde solo podían migrar personas calificadas que buscan ingresos altos. Al contrario, ha sido un sector de refugio desde el siglo XIX con las migraciones europeas y luego la migración limítrofe y regional. Hoy la cantidad de migrantes ha caído considerablemente y el saldo es casi cero. Por eso resulta llamativo cómo el mundo gira en torno a una lógica donde muchos sectores sociales consideran que sus intereses son los mismos que los de los multimillonarios y de quienes concentran la economía y el poder”.

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