Del pretorianismo a la democracia: un libro de EUDEM analiza los golpes militares en Argentina y la reconstrucción constitucional
La historia argentina del siglo XX estuvo marcada por sucesivas interrupciones del orden constitucional. Los golpes militares de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976 tuvieron distintos contextos y protagonistas, pero dejaron en evidencia una problemática persistente: la intervención de las Fuerzas Armadas en la vida política del país. Sobre ese recorrido y las respuestas que se construyeron desde la sociedad civil y las instituciones democráticas trabaja el libro Apogeo y ocaso de regímenes militares en Argentina. El constitucionalismo frente a los desafíos de la democracia, del constitucionalista Eduardo Jiménez, publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM), quien estará presentando el libro en el marco de la 21° Feria del Libro de Mar del Plata, el sábado 24 de octubre a las 17:30 en la Sala Victoria Ocampo.
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En diálogo con Portal Universidad, el autor explicó que la obra busca comprender qué ocurrió durante décadas de intervenciones militares y cómo fue posible avanzar hacia una respuesta democrática. En ese sentido, identificó dos grandes problemas históricos: el pretorianismo, entendido como la pretensión de las Fuerzas Armadas de asumir el poder político, y la corrupción, que continúa vigente en democracia.
“Lo que trato de trabajar es lo que nos pasó durante medio siglo de dictadura y cómo hubo una respuesta democrática que permitió resolver uno de los dos grandes problemas que tiene Argentina”, señaló Jiménez. Sobre el pretorianismo, precisó que se trata de “esa intención que tienen habitualmente los militares de tomar el poder civil”.
Si bien consideró que la democracia logró superar ese intento periódico de intervención militar, advirtió que la corrupción sigue siendo una deuda pendiente. La distinción atraviesa el análisis del libro, que no se limita a reconstruir los golpes de Estado, sino que también examina las condiciones que los hicieron posibles y las herramientas constitucionales que se desarrollaron para evitar su repetición.
Las causas detrás de las intervenciones militares
Uno de los ejes de la investigación es el análisis de los factores que favorecieron las interrupciones del orden constitucional. Jiménez señaló que, en distintos momentos, los sectores militares contaron con el respaldo o la participación de grupos civiles, una dimensión que permite comprender por qué resulta más adecuado hablar de dictaduras cívico-militares.
El autor también advirtió que las violaciones a los derechos humanos se agravaron a medida que las Fuerzas Armadas se afianzaron en el ejercicio del poder. A partir del recorrido histórico, sostuvo que “de todas las causas que históricamente han determinado que ellos tomen el poder, Argentina las usó todas”.
Entre los factores que identifica aparece el vacío de poder, que en ocasiones fue promovido desde sectores civiles. Como ejemplo, recordó el proceso que precedió al derrocamiento de Arturo Illia en 1966, cuando se instaló una imagen de su gobierno como lento e ineficaz. “De tanto insistir, terminó siendo desplazado un presidente intachable”, señaló.
Otro de los mecanismos que analiza son las presiones de las Fuerzas Armadas sobre los gobiernos constitucionales. Según explicó, mientras el poder civil busca resolver los conflictos mediante la negociación y la construcción de consensos, los sectores que aspiran a desplazarlo pueden interpretar esa disposición como una señal de debilidad y aumentar sus exigencias. En ese marco, mencionó el gobierno de Arturo Frondizi, que concluyó con su detención y traslado a la isla Martín García.
Jiménez también se refirió a la doctrina de la seguridad nacional, impulsada por Estados Unidos durante la Guerra Fría, que tuvo una influencia significativa en las Fuerzas Armadas latinoamericanas. En su análisis, explicó cómo la formación militar y los parámetros políticos promovidos desde ese país incidieron en la relación entre los gobiernos civiles y las instituciones castrenses. En ese contexto, mencionó los cursos dictados en West Point y la figura de Juan Carlos Onganía.
Por último, abordó la construcción de una imagen de las Fuerzas Armadas como “reserva moral de la nación”, una representación que, según planteó, también encontró expresión en la cultura popular. Como ejemplo, recorodó al coronel de las historietas de Isidoro, presentado como un personaje honesto y digno frente a una sociedad civil retratada en términos opuestos.
La reconstrucción del orden constitucional
Frente a las sucesivas interrupciones democráticas, el libro reconstruye el camino institucional que comenzó a consolidarse con el retorno de la democracia en 1983. Jiménez describió ese proceso como una tarea “muy trabajosa”, atravesada por avances, retrocesos y disputas en torno a la posibilidad de juzgar los crímenes cometidos durante la última dictadura.
Entre los primeros pasos destacó el informe Nunca Más, elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), presidida por Ernesto Sabato, y la reforma del Código de Justicia Militar, que habilitó la revisión de las decisiones de la justicia castrense por parte de jueces civiles. A esos avances se sumó el Juicio a las Juntas, que marcó un precedente central en el juzgamiento de los responsables de la última dictadura.
Sin embargo, el proceso no estuvo exento de retrocesos. El autor repasó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y los indultos otorgados por Carlos Menem. Estas medidas formaron parte de las tensiones que atravesaron la búsqueda de justicia y la consolidación de una respuesta institucional frente a los crímenes de la dictadura.
Entre los avances posteriores, Jiménez destacó la renovación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación durante la presidencia de Néstor Kirchner, en 2003, y su papel en la incorporación de los estándares del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. También subrayó la importancia de la reforma constitucional de 1994, que incorporó herramientas para resguardar el orden democrático.
La reconstrucción de ese recorrido tiene, además, una dimensión personal para el autor. Jiménez fue asesor de Raúl Alfonsín durante la Convención Constituyente de 1994, una experiencia que definió como “una tremenda enseñanza”. El libro está dedicado al expresidente y a Germán Bidart Campos, su maestro y uno de los principales referentes del constitucionalismo argentino.
Memoria, verdad y justicia como desafíos de la democracia
A 50 años del golpe de Estado de 1976, el análisis de Jiménez pone el foco en la necesidad de sostener los consensos democráticos y mantener una actitud atenta frente a cualquier intento de desplazar a las instituciones constitucionales. Para el autor, las Fuerzas Armadas “siempre están atentos a las oportunidades”, por lo que consideró necesario “darles el lugar que la democracia quiere que tengan, que es el de auxiliar de las fuerzas civiles”.
En esa línea, planteó que la memoria no debe construirse desde el olvido y que la respuesta frente a los crímenes del pasado debe estar guiada por la justicia. Consultado sobre las reflexiones que deja el golpe de 1976 medio siglo después, sostuvo que los procesos sociales requieren tiempo, aunque esa lentitud no representa un problema cuando los cambios son efectivos. “Siempre hay que estar atentos, porque la idea de memoria, verdad y justicia es una idea que no debemos perder”, afirmó.
El constitucionalista aclaró que los avances en materia democrática no significan que el país haya resuelto sus problemas estructurales. “Con esto no quiero decir que nos dimos un lavado de agua bendita, porque tenemos gravísimos problemas estructurales de corrupción”, advirtió. Sin embargo, consideró que haber superado la intervención militar como mecanismo recurrente de acceso al poder representa una transformación que merece ser reconocida. “Pero por lo menos nos sacamos de encima un elemento gravísimo, y valía la pena ponerlo de manifiesto”, concluyó.

