Entre la libertad y la regulación: el margen de maniobra del Estado ante la escalada de precios

En un contexto de tensión inflacionaria y búsqueda de estabilidad macroeconómica, el gobierno nacional intenta poner freno a nuevos aumentos en productos sensibles como el aceite, mientras se barajan posibles medidas para incentivar la circulación de dólares no declarados. Por eso, desde el Sistema de Medios Públicos de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), dialogamos con el docente y economista, Ricardo Panza, que analizó los movimientos recientes del Poder Ejecutivo en torno al control de precios, la economía bimonetaria y la posibilidad de un nuevo blanqueo de capitales.

El intento de aumentar entre un 9% y un 12% los precios del aceite en mayo puso en evidencia una dinámica cada vez más instalada: los supermercados y grandes cadenas minoristas monitorean el precio del dólar casi como un insumo más. En ese esquema, las empresas justifican ajustes periódicos ante cualquier movimiento cambiario, aún cuando no se hayan producido variaciones significativas en sus costos reales. Frente a este escenario, el Gobierno intervino convocando a una reunión con las partes, apelando más a la persuasión que a medidas coercitivas, en un intento por contener los precios sin relanzar un control formal.

Esa intromisión despertó interrogantes sobre el margen de maniobra real del Estado frente a la escalada de precios.“El aumento es real, responde a un fenómeno internacional de alza en el valor del aceite. Sin embargo, las empresas lo trasladan de forma inmediata al consumidor, mientras que no actúan con la misma celeridad cuando los costos disminuyen. Ahí tienden a demorar el ajuste a la baja”, explicó Panza.

Desde el Ejecutivo se promovió una instancia de diálogo con representantes del sector para evitar aumentos abruptos. Si bien el Gobierno no aplicó controles de precios formales, intervino con herramientas de presión institucional. “El margen de intervención del Estado es limitado, pero la fortaleza política le permite establecer mecanismos de persuasión indirecta sobre actores económicos clave, como las grandes cadenas de comercialización”, señaló el economista.

Por fuera de este conflicto puntual, una de las discusiones estructurales gira en torno al proceso de dolarización informal de los precios en el mercado interno. “En Argentina, la economía está bimonetarizada: usamos el peso como medio de intercambio cotidiano y el dólar como reserva de valor y referencia para transacciones de mayor escala. Esa dualidad condiciona toda la formación de precios”, explicó Panza. A su vez, remarcó que muchos actores económicos monitorean permanentemente la evolución del dólar para definir aumentos, incluso cuando no hay variaciones significativas en los costos reales de producción.

En este contexto, comenzaron a circular versiones sobre un posible nuevo blanqueo de capitales para intentar captar parte de los dólares no declarados que están fuera del sistema financiero. Sin embargo, la medida genera dudas por su viabilidad y por los antecedentes de inestabilidad normativa. “Hoy se estima que, por cada peso circulante, hay entre cuatro y cinco dólares almacenados fuera del circuito formal. Esto equivale a unos 200.000 millones de dólares, una cifra extraordinaria que no se traduce en inversión ni consumo”, advirtió.

Panza también describió cómo incide la percepción social del dólar en la toma de decisiones económicas cotidianas. “Existe una predisposición cultural a considerar al dólar como una moneda escasa, difícil de acceder y que, en cualquier momento, podría volver a ser restringida. Por eso, aunque las personas tengan dólares guardados, prefieren no gastarlos y postergar sus decisiones de compra antes que desprenderse de esa reserva de valor”, afirmó.

Frente a esta reticencia estructural, el Gobierno evalúa mecanismos para incentivar el uso de esos fondos en el mercado formal. Entre las ideas que se analizan, se incluye la posibilidad de eximir del impuesto al cheque a determinadas operaciones en dólares. Pero Panza cuestionó la eficacia de esa medida: “Eliminar el impuesto al débito y crédito en operaciones en moneda extranjera puede resultar atractivo en el corto plazo, pero crea un tratamiento fiscal desigual respecto al peso, lo cual podría ser considerado inconstitucional o, al menos, injustificable desde un punto de vista técnico”.

Otra opción que se baraja es permitir la realización de transacciones de alta implicancia económica –como la compra de propiedades o vehículos- sin exigir la justificación del origen de los fondos, siempre que los montos involucrados no superen ciertos límites. Panza fue escéptico: “Una medida de este tipo colisiona con la legislación vigente en materia de prevención del lavado de activos. La UIF obliga a reportar operaciones sospechosas por encima de los 50.000 dólares. Para avanzar en esa dirección, sería imprescindible una reforma legal aprobada por el Congreso”.

Además, alertó sobre los posibles efectos secundarios de una medida mal instrumentada: “Este tipo de mecanismos puede ser interpretado como un blanqueo encubierto que habilite el ingreso de fondos de origen ilícito, generando tensiones políticas e institucionales. Cualquier intento de legalizar transacciones sin trazabilidad debe sustentarse en un marco normativo claro, transparente y estable”.

Panza también relativizó la idea de que todos los dólares fuera del sistema sean equivalentes a dinero que no está blanqueado. “Muchos de esos fondos fueron obtenidos de manera lícita, pero adquiridos por fuera del mercado oficial debido a las restricciones cambiarias. No puede generalizarse que se trata de dinero ilegal o producto de actividades delictivas”, aclaró.

Finalmente, el economista destacó que el escenario actual sigue condicionado por la inestabilidad estructural del país. El gobierno está dando señales de recuperación, pero seguimos muy lejos de una situación de estabilidad consolidada. A nivel financiero, pasamos de una calificación crediticia similar a la Primera C a una posición media en la Primera B, si se lo quiere ver en términos futbolísticos. Todavía no jugamos en las grandes ligas”, concluyó.

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