Mosquitos, arbovirus y cambio climático
Por Corina Berón
En los últimos años, los efectos del clima sobre la dinámica, distribución y propagación de las enfermedades infecciosas han cobrado una atención creciente, dado que las variaciones climáticas pueden modificar tanto la estacionalidad como la intensidad de la transmisión. Esta problemática resulta especialmente preocupante en las regiones de América Central y del Sur, consideradas altamente vulnerables y propensas a experimentar impactos significativos debido al cambio climático.
Como consecuencia de estos cambios, se ha observado un aumento en la incidencia de enfermedades infecciosas sensibles al clima, particularmente aquellas transmitidas por mosquitos. Diversos estudios científicos han documentado que el cambio climático favorece de forma creciente la transmisión del virus del dengue (DENV), así como su expansión y establecimiento en nuevas áreas geográficas.
En este contexto, Argentina no es la excepción. La incidencia del DENV y de otros arbovirus transmitidos por el mosquito Aedes aegypti ha aumentado de manera sostenida y alarmante durante las últimas dos décadas. Este incremento está estrechamente vinculado a una combinación de factores: condiciones climáticas favorables, procesos de urbanización no planificada y una disminución en las acciones de control vectorial.
Enfermedades emergentes
En términos más amplios, muchas enfermedades transmitidas por mosquitos se consideran emergentes, ya que aparecen en regiones donde antes no estaban presentes. Asimismo, pueden registrar aumentos inesperados en su incidencia o modificaciones en sus patrones de distribución geográfica, en cuyo caso se las clasifica como reemergentes. Tal es el caso del dengue, cuya expansión territorial y aumento de incidencia han sido especialmente significativos en las Américas.
Dicha propagación suele seguir el mismo patrón que la expansión de las especies de mosquitos vectores, lo cual genera nuevos escenarios epidemiológicos y favorece la circulación local de enfermedades previamente ausentes. En Argentina, este fenómeno puede observarse claramente en la evolución del dengue: su incidencia y distribución geográfica han crecido notablemente en paralelo con la expansión de A. aegypti, su principal vector.
Ahora bien, para que una enfermedad transmitida por mosquitos pueda establecerse y propagarse en un área determinada, deben interactuar varios elementos: el agente infeccioso (virus o parásito), el reservorio, el vector (mosquito) y una población humana susceptible. Estas enfermedades representan un grave problema de salud pública, dado que provocan cientos de miles de muertes en el mundo cada año.
Además, la propagación e incidencia de estas enfermedades dependen de múltiples factores sociales y ambientales, que pueden influir directamente en la transmisión del patógeno o en el comportamiento del vector y del agente infeccioso, o bien afectar indirectamente los ciclos de vida de los mosquitos y sus reservorios, modificando su distribución y abundancia.
El rol de la temperatura
Dentro de los factores ambientales, la temperatura desempeña un rol crucial. Puede afectar el desarrollo de los patógenos tanto en los mosquitos como en los seres humanos y otros huéspedes, además de influir en el comportamiento del vector —como la frecuencia de picadura y su capacidad de transmisión— y en su supervivencia, abundancia y distribución estacional, al modificar las tasas de eclosión y la mortalidad de los adultos.
Por otro lado, existen factores sociales de origen antropogénico que también inciden en la dinámica de estos vectores. Entre ellos se encuentran la densidad poblacional, los cambios en el uso del suelo, los viajes, las migraciones y el comercio internacional, todos los cuales pueden facilitar la creación de hábitats propicios para los mosquitos y su introducción en nuevas áreas. A esto se suman otros factores ambientales, como la presencia de huéspedes o reservorios, las rutas de aves migratorias (potenciales reservorios de arbovirus) y hábitats especiales como los humedales, que también influyen en la dispersión de los vectores.
En particular, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, se realiza el monitoreo permanente de A. aegypti a lo largo de la Ruta Provincial N° 2 desde el año 2009. Se han detectado poblaciones establecidas de este mosquito en diversas ciudades, ampliando su distribución hacia ciudades cada vez más al sur. En la ciudad de Mar del Plata, la detección del vector ha sido puntual durante algunas temporadas en recipientes de descarte en desuso, sin volver a ser detectado en los mismos sitios.
Hasta la fecha los monitoreos realizados por medio de ovitrampas han sido negativos, lo que sugiere que no hay poblaciones establecidas de A. aegypti aunque eventualmente se reciban en la ciudad objetos portadores de huevos u otros estados de desarrollo del mosquito desde otros puntos del país, y que existan las condiciones ambientales para su eclosión y supervivencia, al menos temporalmente. De acuerdo con las estimaciones que se desarrollan en el marco del proyecto de intercomparación de modelos de clima acoplados existe consenso que en un futuro cercano la temperatura media anual en la región analizada aumente entre 0.5 y 1°C; considerando que Mar del Plata se encuentra en el límite térmico de la distribución del mosquito vector este cambio en la temperatura podría representar un aporte significativo en la expansión de su distribución hacia regiones más australes.
En conclusión las condiciones climáticas actuales y futuras, conjuntamente con variables meteorológicas, ambientales y demográficas, constituyen factores clave de riesgo para la distribución de los mosquitos vectores y de las enfermedades que transmiten. Comprender estos factores y su distribución geográfica resulta esencial para diseñar e implementar estrategias de prevención y control que permitan reducir el impacto de estas enfermedades emergentes.
