Violencia en la Escuela 21: ¿Caso aislado o tendencia?
El pasado martes 11 de noviembre se vivió un hecho que conmocionó a la educación marplatense. Tras una denuncia de abuso sexual entre menores de edad en la Escuela Nº 21 del barrio Jorge Newbery, un grupo de padres y familiares acudieron al establecimiento para pedir explicaciones. La situación escaló en una sucesión de hechos violentos que generaron destrozos en la institución, amenazaron la integridad de los docentes y culminaron con el incendio de la casa familiar del menor denunciado.

Captura Web de la casa incendiada por padres y madres de alumnos de la escuela 21 luego de las tensiones en el colegio.
Desde SUTEBA de General Pueyrredon anunciaron un fuerte repudio a los hechos de violencia y realizaron un paro de 24hs que continuó luego con el cese de actividades en la escuela hasta que resuelvan cómo retomar las clases. En las últimas horas, y a casi un mes del hecho, la escuela 21 volvió a las clases de manera parcial el pasado lunes 1 de diciembre. La inversión necesaria para reparar las instalaciones asciende a 6,5 millones de pesos.
Gustavo Santos Ibáñez, Secretario General de SUTEBA de General Pueyrredon, dialogó con Portal Universidad y expresó: “La irracionalidad, la falta de luz en la palabra y la tardía intervención de las autoridades, dejó al descubierto algo de lo que nosotros venimos advirtiendo en todos los espacios y que se necesita de forma urgente, que es la aplicación del acuerdo paritario de resguardo y reparación votado mayoritariamente en la legislatura y aprobado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Es un instrumento que protege a las infancias, a los jóvenes y también a los docentes ante situaciones de violencia”.

Gustavo Santos Ibáñez, Secretario General de SUTEBA de General Pueyrredón
En el mismo sentido agregó: “No es que hay violencia en las escuelas y esto hay que ponerlo muy en claro. La escuela no es violenta, no produce violencia. La sociedad es la que cada vez está produciendo mayores niveles de violencia desde el discurso presidencial hacia abajo, en donde la impunidad ha sido una cuestión histórica en la historia argentina, donde todo eso repercute. La escuela se convierte en una caja de resonancia de la sociedad, donde estas situaciones suelen ocurrir. Lo que pasa es que debe haber prevención y para eso no deben actuar sólo la gestión educativa provincial y local, sino también otros efectores como por ejemplo en el caso del municipio de General Pueyrredon, donde en los equipos de salud, u otros instrumentos estatales de Mar del Plata, no están funcionando porque están vaciados o no tienen presupuesto”.
Por otro lado, Alejandra Ayek, referente del Sindicato de Trabajadores Municipales (STM) hizo referencia a la situación local y dijo: “Las escuelas están quedando en este momento completamente solas, porque los otros instrumentos que cuentan en la sociedad no están funcionando. Y la realidad también es que ante hechos que se han reiterado, ante situaciones de violencia tanto con los docentes o entre los alumnos involucradas las familias, no hay un compromiso para sentarse con los actores de la educación: con padres, familias, autoridades y gente que sabe sobre el sistema de seguridad, en una mesa de trabajo y tomar el tema con seriedad para poder llegar a una solución”.

Marcha docente y no docente en Mar del Plata
Una mirada desde el campo de las ciencias de la educación
En diálogo con Jonathan Aguirre, docente de la UNMDP y director del departamento de Ciencias de la Educación, el profesional observó: “Cualquiera opina sobre educación, cualquiera opina sobre la labor docente, y nunca los empoderamos a los docentes en el discurso. No se puede esperar que los chicos y que las adolescencias tengan ese mismo respeto de la autoridad del docente, cuando en la casa los desautorizan”.
Aguirre afirma que es difícil encontrar un docente que sostenga toda la problemática que vive la escuela sin la vocación. Hay algunos autores que hablan de que se ha puesto en cuestión la autoridad del docente, pero no se ha instaurado otra autoridad: “Si no hubiera vocación ya las escuelas estarían cerradas. Lo que sostiene hoy la profesión es la vocación. En lo que respecta a lo que es la violencia que vemos nosotros, es que en realidad la escuela nunca dejó de ser una resonancia de lo que pasa en la sociedad y en la vida social. En ese contexto, las escuelas están atravesadas por las violencias que atraviesan las infancias, las adolescencias y también el mundo adulto”, profundizó.
El tío o la tía que da un comentario en contra de la escuela el domingo, cuando se junta la familia, influye. Y claro que influye porque las adolescencias y las infancias se construyen a partir de discursos. Y hoy lo que vemos es que hay un fuerte desprestigio hacia el rol docente, un fuerte desprestigio simbólico y discursivo de las escuelas, de la educación en general y también un fuerte desprestigio en lo material. Estamos cansados de escuchar a los gobiernos de distintas jurisdicciones decir que la prioridad es la educación y después no hay un soporte concreto que diga mira, yo te voy a pagar bien, te voy a abonar tu salario digno, te voy a exigir y te voy a controlar, voy a evaluarte. Ahora gran parte de los gobiernos, pero principalmente el gobierno nacional, quiere evaluar, quiere controlar, quiere pedir capacitación y no jerarquiza la profesión docente para que eso suceda. Y yo lo pongo en la ciudadanía: ante cualquier trabajo, si vos pedís capacitación, mejora, crecimiento, evaluación constante, tenes que dar una retribución a cambio.

Jonathan Aguirre, director del Departamento de Ciencias de la Educación de la UNMDP
Con respecto a los hechos de violencia en la Escuela 21, Aguirre detalló: “Hay que tener mucho cuidado con los términos y carátulas que les ponemos a los hechos. Hablar de “abuso” cuando los protagonistas son menores — un niño de 10 años y niñas de 6 ó 7— requiere responsabilidad; seguramente hay cosas para trabajar, de manera interdisciplinaria, con justicia, pero con cuidado”.
Hay muchos otros casos que no trascienden, como el de padres golpeando o amenazando docentes. Por otro lado el temor docente, donde ante un hecho controvertido entre dos niños, existe el miedo de labrar actas por temor a la repercusión. Bajo esa perspectiva, Aguirre expresa: “No está mal el cuidado, pero es grave que haya miedo a la reacción de padres o de la población. La escuela, por otro lado, cotidianamente sostiene cosas muy positivas que no son noticia: la Educación Sexual Integral (ESI) permitió que niñas y niños puedan denunciar situaciones de abuso intrafamiliar; escuelas que acompañan proyectos de vida, primeras generaciones universitarias, emprendimientos en técnica profesional. Y hoy la educación técnica está desfinanciada cuando hay demanda de oficios. La escuela sostiene un montón de cosas que no se ven porque para eso está, pero cuando hay problemas siempre queda asociada al déficit”.
Por último, el especialista en materia educativa sintetizó: “No se puede correr más el límite de la violencia vivida; cuando suceden hechos así, se para. Y también hay consenso en seguir reclamando mejores condiciones: los equipos de orientación escolar están colapsados, las infancias vienen cada vez más complejas, la pandemia marcó generaciones enteras que hoy están en primaria y secundaria. Hay muchos estudiantes con programas de integración, familias que dicen “te lo traigo porque necesito que esté en la escuela”, y los equipos no dan abasto. Si estos hechos sirven para que quienes toman decisiones acompañen con mejores condiciones materiales, bienvenido sea. Pero si no se pone un límite, la escuela va a terminar siendo esponja de otras violencias que no queremos que entren. Y además, somos educadores de infancias: si los niños ven a padres violentar docentes o instituciones públicas, aprenden que los problemas se resuelven violentamente. Hay que llamar a la conciencia de que la educación la hacemos todos, no solo quienes están en las escuelas”.
