No se trata solo de plantar árboles: cómo se planifica la infraestructura verde de Mar del Plata
Los árboles forman parte del paisaje urbano, pero su presencia en una ciudad depende de elegir las especies adecuadas, evaluar las características de cada espacio y garantizar su mantenimiento, aspectos centrales para desarrollar una infraestructura verde que responda a las necesidades ambientales y urbanas. En Mar del Plata, los diferentes ambientes, el viento y la cercanía al mar plantean desafíos particulares para la planificación del arbolado, que también debe contemplar el crecimiento y su convivencia con el entorno construido.
Para profundizar en los desafíos de la planificación urbana desde Portal Universidad conversamos con Karen Moreno, Ingeniera Agrónoma, Jefa de Trabajos Prácticos en la asignatura Introducción a las Ciencias Forestales e investigadora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP).
Criterios para la selección de especies
Elegir una especie para una ciudad exige analizar primero sus necesidades, el ambiente y el porte que alcanzará el árbol adulto. Al respecto, Moreno explicó que: “cada especie tiene sus requerimientos de agua, temperatura, luminosidad, si requiere estar protegida o no”. Existe un conocimiento previo sobre las especies aptas para la ciudad, fruto de estudios anteriores y años de experiencia en su implantación y desarrollo, sin embargo, cuando se busca probar una especie nueva en la zona, la especialista señaló que “se hace una correspondencia con el lugar de origen: qué características tiene ese lugar o el ambiente en el que se desarrolla que sean similares a las del sitio donde se quiere implantar”.
El análisis no se agota en las condiciones ambientales, sino que exige proyectar el crecimiento de los árboles. “Es importante conocer la altura del árbol adulto, porque cuando uno compra un ejemplar generalmente tiene dos o tres años y mide un metro y medio o dos metros, según la especie, pero ese árbol va a crecer y tenemos especies que van desde los 3 hasta los 25 metros. Lo importante es saber a qué altura llegará, cuál es el diámetro de copa y cómo es el hábito de crecimiento radicular, porque todo eso determina en qué sitio se lo puede ubicar o no”, detalló. En ese sentido, advirtió: “En el microcentro tenemos muchas edificaciones, veredas pavimentadas, cableados eléctricos y redes subterráneas; por eso, especies de alto porte con raíces muy agresivas, no las vamos a poder implantar. En términos generales, especies con frutos grandes, espinas, hojas perennes, no se pueden implantar en veredas urbanas“.
Asimismo, la docente analizó la particularidad del ecosistema bonaerense y la necesidad de promover la biodiversidad. “En la provincia de Buenos Aires el ecosistema natural es un gran pastizal y los árboles no se desarrollaron espontáneamente, por el desarrollo de los pastos, mejor dicho las gramíneas que son muy competitivas, la presencia de hormigas y por los tipos de suelo. Como árboles nativos tenemos el Tala, que está alrededor del Río de la Plata y en el cordón de conchillas que va hasta Bahía de Samborombón, y después tenemos el Caldén en el sur de la provincia. En Mar del Plata tenemos algunos Talas en Sierra de los Padres y laguna pero en el resto de la provincia la mayor parte de los árboles son exóticos, algunas especies que son europeas, australianas, otras de América del Norte”, precisó.
Lejos de plantear una falsa dicotomía, enfatizó que: “se están incorporando especies nativas de otras ecorregiones del país, como el aguaribay, bauhinia o pezuña de vaca, el jacarandá y el lapacho. No hay una competencia entre nativas y exóticas, sino poder integrar: hay especies exóticas que acá crecen muy bien y son rústicas, al integrar estas especies con especies nativas tanto arbóreas, como arbustivas, herbáceas, o cespitosas, todo eso genera una mayor biodiversidad, y en definitiva hace que el ambiente sea más resiliente”.
Las exigencias de una ciudad costera
Forestar el frente marítimo impone barreras ambientales. “Mar del Plata es una ciudad costera con clima templado e influencia oceánica. Eso hace que en la primera línea de costa existan características relacionadas con el viento, las partículas de arena, la salinidad y determinado tipo de suelo que hacen que se adapten algunas especies y otras no, que quizás en zonas más continentales o barrios internos tranquilamente se podrían desarrollar”, contextualizó la investigadora.
En relación a las palmeras recientemente colocadas en el paseo costero, aclaró: “Lo que se implantó es Phoenix canariensis, una palmera ornamental de gran tamaño que se adapta muy bien a las condiciones costeras y cuyo objetivo principal fue embellecer y poner en valor esa zona. Estas plantas toleran bien el calor, soportan heladas ligeras, además de resistir vientos y la salinidad costera. A modo solo de aclaración, las palmeras no son árboles en sentido botánico estricto: son monocotiledóneas, no forman madera ni crecen en grosor, y su tallo simula ser un tronco. Igual se las incluye en el arbolado urbano porque cumplen la misma función en el espacio público y se gestionan igual que los árboles, con la diferencia de que sus beneficios ambientales son menores, poca sombra y poca captura de carbono, así que su aporte es sobre todo paisajístico”.
A su vez, Moreno enumeró otras especies que suelen proteger la zona y el proceso necesario antes de su plantación. “Para la costa están recomendadas y es muy común ver Tamarisco, Siempreverde, Acacia longifolia y Drácena. En general, estas especies se utilizan en primera línea costera y para estabilizar médanos. Sirven como barrera de protección contra el viento, estabilizan los suelos, fijan dióxido de carbono y brindan oxígeno con todos los beneficios ecosistémicos dentro de las limitaciones que impone la zona”, sostuvo. Asimismo, explicó la preparación técnica previa que tienen los árboles antes de ser plantados en su destino: “En cualquier especie hay una etapa de rustificación: cuando la planta llega a una determinada edad, se la saca de las condiciones propias del invernáculo y se la pone en un ambiente externo para que empiece a rustificarse, se genere el leño y el tallo se empiece a lignificar para tolerar las condiciones ambientales que afrontará una vez implantada”.
Cuidados esenciales y evaluación de riesgo
Garantizar la supervivencia del arbolado y la seguridad en la vía pública requiere de herramientas de gestión municipal y participación de la ciudadanía. “Lo que realizan los municipios hoy en día es un inventario forestal del arbolado urbano: conocer, ir y ver qué especies se tienen, en qué estado están, qué desarrollo presentan y si hay árboles con riesgo de caerse, e identificar zonas donde no hay árboles o hay muy pocos para planificar las intervenciones”, remarcó Moreno.
Respecto al mantenimiento de los ejemplares de mayor antigüedad, resaltó la importancia de su conservación ya que estos, de estar sanos, son los que brindan mayores servicios ecosistémicos, sin embargo, deben hacerse las inspecciones técnicas preventivas. “Con los árboles adultos es fundamental hacer la evaluación de riesgo: un técnico especializado observa el ejemplar, ve si tiene rajaduras, grietas, cavidades, podredumbres en su madera, problemas de anclaje o ramas secas. También observa el sector de influencia del árbol el tránsito de personas o vehículos, y de acuerdo a la evaluación del árbol y del entorno determina si es necesario, hacer un seguimiento, una intervención, por ejemplo, podar ramas secas, o si representa una situación de riesgo que amerita sacarlo y reemplazarlo”.
De igual manera, la investigadora recordó que la comunidad cumple un rol indispensable en la preservación del arbolado situado en su vereda. “Tanto el cuidado de los árboles como el avisar si hay un posible riesgo de caerse son responsabilidad del frentista. Para cualquier intervención que se haga, sea poda o reemplazo, se necesita pedir la autorización correspondiente al Ente Municipal de Servicios Urbanos (EMSUR). En la página web hay un listado de podadores matriculados. Hay que tener en cuenta que cuando uno poda un árbol, está interfiriendo en su crecimiento y, si no se hace de manera adecuada, no solo se compromete la salud del árbol sino que al debilitarse frente una tormenta se puede caer”, advirtió.
La Universidad frente al cambio climático y la equidad ambiental
Desde la UNMDP, la investigación científica se traduce en acciones concretas en el territorio mediante proyectos de forestación, educación ambiental y el desarrollo de un vivero propio. “El programa ‘La Universidad se planta frente al cambio climático’ nace como una idea de poder compensar la huella de carbono de las actividades propias que realizamos en la universidad. Ya llevamos más de 400 árboles implantados en distintas regiones y barrios de Mar del Plata, Balcarce, Ramos Otero y Estación Camet, entre otros”, relató la docente.
En ese marco, detalló que “trabajamos con escuelas, sociedades de fomento, desde los centros de extensión universitaria donde la universidad no solo dona los árboles, sino que realiza una jornada en donde se concientiza acerca de sus beneficios, de cómo elegir la especie apropiada, y sus cuidados básicos, como regar en los primeros años, cuidar contra las hormigas y evitar el vandalismo. Además, para que este proyecto sea sustentable, estamos desarrollando el vivero propio de la universidad en la Facultad de Ciencias Agrarias para producir los árboles a implantar y generar un lugar para desarrollar actividades de docencia, investigación y extensión, prácticas profesionales, trabajos de tesis y proyectos interinstitucionales”.
Finalmente, Moreno subrayó el valor social del arbolado urbano como una herramienta de inclusión social y justicia ambiental que debe alcanzar a toda la comunidad. “Frente a los grandes desafíos del cambio climático, los árboles son una estrategia para aminorar los efectos del cambio climático en las ciudades, como las olas de calor, las grandes inundaciones, los fuertes vientos . Hay que entender al arbolado urbano no sólo como un componente ornamental, sino como una estrategia para poder generar ciudades más saludables, ambientalmente seguras, resilientes e inclusivas. Cuando se planifica el arbolado urbano, estos beneficios tienen que ser accesibles para todos los habitantes de la ciudad: no puede ser que haya zonas muy lindas con parques y barrios periféricos que no tienen un árbol. Desde el programa de la universidad buscamos llegar también a esos lugares para que la comunidad pueda tener acceso a los árboles y a todos sus beneficios”, concluyó.



