Día Nacional de la Obstetricia: el valor de acompañar la vida desde sus comienzos

El Día Nacional de la Obstetricia y de la Embarazada se conmemora cada año el 31 de agosto. La fecha busca promover el rol fundamental que cumplen las parteras y los parteros en la salud de la mujer embarazada y el bebé recién nacido. La efeméride se ha convertido en una jornada para reconocer el rol fundamental de las obstétricas y los obstétricos en el cuidado de la salud sexual y reproductiva, en la prevención de complicaciones y en el acompañamiento respetuoso del embarazo, el parto y el puerperio. Su tarea, muchas veces invisibilizada, ha sido clave para reducir la mortalidad materna e infantil y garantizar que el nacimiento sea vivido como un proceso vital y no como una enfermedad.

Desde el Sistema de Medios Públicos de la UNMDP dialogamos con Fernanda Vallo, licenciada en Obstetricia y docente de la Escuela Superior de Medicina (ESM) en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) para la cátedra “Salud Integral de la Mujer”, Vallo explicó que la carrera “es un trayecto universitario de cuatro años que otorga un título habilitante para trabajar en el cuidado y acompañamiento de los procesos de salud previos, durante y después de embarazos de bajo riesgo”. A su vez, señaló que existe la posibilidad de continuar la formación a través de una residencia, lo que extiende el recorrido académico y práctico a siete años. La licenciada subrayó que las y los profesionales de la obstetricia forman parte de un gran equipo de salud, “encargado de acompañar a las familias en etapas muy especiales como son la gestación, el parto y la primera etapa de la crianza”.

Además, detalló que el acompañamiento implica acciones concretas: “Ofrecemos suplementación de vitaminas que contribuyen a la disminución de riesgos en la formación del embrión, prevención de anemias, vacunas que previenen enfermedades, realización de examen físico, estudios de laboratorio y ecografías para detectar a tiempo complicaciones”. También destacó la importancia de estar presentes en el nacimiento “desde una perspectiva de derechos”, en la promoción de la lactancia materna y en el acceso a métodos anticonceptivos seguros, “para que las parejas puedan vivir una sexualidad libre, reducir el riesgo de enfermedades de transmisión sexual y decidir la cantidad de hijos que desean tener”.

Además, remarcó que la obstetricia contribuye a la prevención del cáncer de cuello uterino mediante estudios de tamizaje, como el papanicolaou, y que su campo de acción se centra en los embarazos de bajo riesgo, con capacidad para derivar a especialistas en los casos que lo requieran. “De esta manera recordamos a la comunidad que el embarazo no es una enfermedad sino una etapa de nuestro ciclo vital”, puntualizó.

Entre la institucionalización del parto y la violencia obstétrica

Uno de los puntos en los que Vallejo hizo hincapié fue en la transformación histórica de la atención del parto. Según explicó, “en el momento en que el parto se institucionalizó para poder disminuir o prevenir complicaciones, se salvaron muchas vidas, pero también se corrió el eje de las decisiones y de los verdaderos protagonistas”.

Ese desplazamiento, sostuvo, derivó en prácticas innecesarias y, en algunos casos, en situaciones de violencia obstétrica, un concepto que en las últimas décadas tomó fuerza gracias a las denuncias y demandas de las propias familias. La Ley de Parto Humanizado (25.929), sancionada en 2004 y reglamentada en 2015, marcó un cambio de paradigma en Argentina. “Hoy en día hay una ley que le devuelve el protagonismo a las personas gestantes para garantizar sus derechos, y los profesionales ya estamos formados dentro de ese marco, fomentando un acompañamiento sin intervenciones innecesarias”, destacó.

Consultada sobre las dificultades que atraviesan en su práctica cotidiana, Vallo señaló que dependen en gran medida de la institución donde se trabaje. En su caso, dentro del sistema público, el principal problema es “la falta de recursos y personal”. Esa carencia, advirtió, impacta directamente en la equidad: “Cuando eso se pone en riesgo ya no hay igualdad para el niño por nacer”.

La obstétrica vinculó esa problemática también a las condiciones socioeconómicas de las familias. “La economía de las personas es diferente y no todas pueden acceder a los mismos recursos. Si hablamos de anticonceptivos, esa falta puede traer situaciones de riesgo, como un embarazo no deseado”, alertó.

Los primeros mil días: una etapa clave

De cara al futuro, Vallo consideró que uno de los principales desafíos del sistema de salud argentino es fortalecer y darle valor a las políticas que acompañan los primeros mil días de vida de las familias. Según explicó, se trata de una etapa decisiva que marcará el desarrollo físico y emocional de niñas y niños. “El tiempo para definir cómo será afectada o no la salud está ahí”, afirmó, y agregó: “La salud es un derecho humano esencial y debería ser para todos”.

La obstetricia ha atravesado profundas transformaciones en el país. Pasó de estar ligada a un saber tradicional ejercido por parteras empíricas a consolidarse como una profesión universitaria, reconocida y regulada. La lucha de las mujeres y de los colectivos feministas permitió además visibilizar la violencia obstétrica y exigir un modelo de atención centrado en el respeto, la autonomía y la integralidad.

En ese marco, cada 31 de agosto es una oportunidad para reconocer a quienes sostienen una práctica que combina conocimientos técnicos con sensibilidad humana. La obstetricia no se reduce al momento del parto: implica acompañar a las familias antes, durante y después, con el objetivo de garantizar un inicio de la vida saludable, respetuoso y libre de violencias.

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