Los consumos culturales marplatenses, entre la tradición y la globalización

Los consumos culturales permiten leer cómo se construyó la identidad de una ciudad y qué tensiones la atraviesan en la actualidad. Mar del Plata, una ciudad marcada por el turismo, la inmigración y una fuerte impronta de servicios, las prácticas culturales hablan tanto del pasado como de los desafíos a futuro.

Para analizar este proceso, Portal Universidad dialogó con la socióloga Ana Perrone, presidenta del Centro de Graduados de la Facultad de Humanidades y secretaria del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

¿Qué entendemos por consumos culturales?

Antes de pensar en espectáculos o eventos, Perrone amplía el concepto y lo vincula con la vida cotidiana. “La construcción de la identidad cultural de un sujeto y de una comunidad se ve implicada por diversos factores”, sostiene. Allí incluye la socialización en la familia y la escuela, pero también “la participación en el club, en el centro cultural, el consumo de boliches o pubs nocturnos”.

Ana Perrone -Socióloga, presidenta del Centro de Graduados de la Facultad de Humanidades y secretaria del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Para la socióloga, esas prácticas cotidianas son centrales. Explica que en Mar del Plata, la identidad se fue moldeando al ritmo de su propia historia. Fundada en 1874, pasó de ser “un pequeño núcleo de población que se ocupaba de tareas rurales” a una ciudad marcada por el turismo y los servicios. La llegada del ferrocarril hacia 1880 fue clave: “Siempre que se desarrolla el transporte el consumo cultural va a cambiar porque se empieza a articular y a mezclar con prácticas que traen otros de fuera”.

Inmigración y democratización

A comienzos del siglo XX, la inmigración profundizó esa transformación. “La mitad de la población, alrededor del 50%, era extranjero dentro de la ciudad”, recuerda Perrone. Esas comunidades no sólo impulsaron la economía, sino que fundaron clubes, escuelas y asociaciones que consolidaron tradiciones propias y ampliaron las prácticas culturales.

Con el tiempo, esa mezcla se expandió. Hoy en la ciudad, “conviven milongas, grupos de lindy hop, salsa, bachata, cumbia rock, clubes deportivos, centros culturales, teatro independiente y comercial, y como también el Festival de Cine. Y todo eso hace práctica de cultura”.

Otro hito fue el primer peronismo. “Del 45 al 55, democratiza el acceso al descanso para la clase trabajadora mediante el turismo social. Esto modificó mucho las prácticas porque las playas dejan de ser para la elite y empiezan a ser para el pueblo”. Desde entonces, sostiene que: “Todas las personas que vienen a instalarse participan y construyen cultura e identidad”.

Identidad y vida cotidiana

Para Perrone, existe una identidad cultural marplatense reconocible. La describe en escenas simples: “ir a la costa a cualquier tarde de sol, en otoño, en primavera, en invierno, a tomarse un mate a las 4 de la tarde, en la rambla”.

También hay símbolos gastronómicos que forman parte del imaginario local: “somos famosos por nuestras facturas, somos famosos por nuestros churros”. En ese sentido, subraya que “la playa es un consumo cultural, hace a nuestra identidad como Marplatenses”.

Entre tradición y consumos de nicho

Frente a una imagen tradicional de la ciudad, Perrone introduce matices. “No sé si hoy hay una hegemonía discursiva o de expresión del consumo en relación al aniversario”, reflexiona, aunque reconoce que algunos discursos tienden a reforzar una Mar del Plata más clásica.

Al mismo tiempo, señala el crecimiento de consumos más específicos y globalizados. “Ahora todo el mundo come sushi”, ejemplifica. Y lo vincula con la circulación global de prácticas: “que cualquier ciudadano a pie pueda moverse libremente por el mundo genera que lo que encontraste en otro lado lo quieras reproducir acá o que busques acá lo que pudiste consumir en otro lado”. En ese escenario, concluye, “no sé si realmente es posible conservar una hegemonía, al menos en consumos culturales”.

Políticas públicas y futuro

Para la socióloga, el rol del Estado es decisivo. “La política pública, cuando es operativa, democratiza el acceso”, sostiene, en referencia a actividades culturales y deportivas en barrios que no siempre cuentan con recursos.

También advierte que las decisiones institucionales impactan directamente en el desarrollo cultural. “Si algo que era una secretaría se convierte en una subsecretaría, lo primero que sucede es una reducción de presupuesto. Y si hay reducción de presupuesto, la actividad cultural va a decrecer”. Por eso insiste: “Es fundamental la inversión de la política pública para el desarrollo a futuro

En esa construcción también ocupa un lugar central la Universidad Nacional de Mar del Plata. “El acceso a la educación universitaria, pública y gratuita, garantiza la democratización, no solamente del acceso a la cultura, sino también del acceso a la movilidad social ascendente”, afirma, y subraya que la llegada de estudiantes de otras provincias enriquece la identidad local.

A 152 años de su fundación, los consumos culturales marplatenses hablan de una ciudad atravesada por mezclas, tensiones y disputas. Como resume Perrone, todos quienes la habitan “participan y construyen cultura, participan y construyen identidad”.

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