La juventud militante en la década del 70 y el impacto de la dictadura del 76 en Mar del Plata
Por Magalí Cornide para el #MediaLab de Portal Universidad
La dictadura cívico militar del 76 no comenzó ese año, para dimensionarla hay
que conocer que pasaba previamente. Con acontecimientos que incluyeron una
juventud muy politizada y volcada a la militancia en todos los terrenos de la vida social y política.
¿Que llevó a esta generación a volcarse a la participación política? ¿Qué
significaba ser militante? ¿Cuál era la actividad y la vida cotidiana de formar parte de una organización política revolucionaria? ¿qué pensaban ante la situación del país? son algunas de las preguntas que este informe abordará desde el testimonio de militantes de organizaciones revolucionarias “setentistas”, que se desenvolvían en la ciudad de Mar del Plata.
Un poco de contexto local y nacional en la década del 70
Mar del Plata en la década del 70 se había convertido en una de las ciudades
con más desarrollo productivo en el sector de pesca y portuario. Para el 75 el
puerto de la ciudad ya se había consolidado como el principal puerto pesquero
del país. Además, crecía la actividad industrial para el abastecimiento interno. En esta época también tuvo su auge la industria textil, donde uno de cada ocho habitantes de la ciudad, trabajaba en fábricas de tejido. De allí que se conoce a Mar del Plata como la capital del pullover. Se vislumbraba una plena expansión demográfica y con actividad turística. Que además de turistas, también traía personas del interior del país en busca de trabajos temporarios, que luego se instalaban a vivir. Sumado a esto ya contaba con dos universidades, una provincial y una católica, que la posicionaron como una ciudad universitaria.
Se podía observar un alto número de militantes en organizaciones políticas, con inserción territorial en barrios, universidad y sindicatos. Los sindicatos se estructuraban en la CGT, como el Sindicato de Obreros de la Industria del Pescado (SOIP), la Unión Tranviaria Automotor (UTA), la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), la Asociación Obrera Minera (AOMA), la Asociación de Empleados de Comercio (AEC) y el Sindicato de Luz y Fuerza, dentro de los que más relevancia tuvieron en ese momento histórico.
Una creciente industrialización significó un mayor número de obreros y obreras
como población económicamente activa. En algunos sectores se visualizaba que
el desarrollo y crecimiento económico no se reflejaba en las condiciones
laborales de sus operarios.
Uno de los sectores más conflictuados fue la industria del pescado, debido a la precarización de las plantas. Por lo cual hubo huelgas continuas, enfrentamientos violentos entre listas opositoras de delegados de base y las conducciones sindicales, paros activos. Hasta que en el 75 lograron el convenio colectivo de trabajo161/75. Este era un logro obrero, que reconoció una amplia gama de derechos laborales para el sector, como el garantizado, declaración de insalubridad del rubro, implementación de guarderías, reconocimiento del día menstrual para las mujeres, teniendo en cuenta que el sector laboral estaba conformado mayoritariamente por mujeres.
En el sector del transporte, la Unión Tranviarios Automotor en lo local fue epicentro de disputas entre agrupaciones denominadas “combativas”, como la 22 de agosto y 17 de Octubre, y las conducciones sindicales alineadas a los gobiernos de turno. También en el sector de la construcción y textil, se daba una disputa ideológica gremial de las mismas características. Como en la mayoría de los gremios en ese momento, pero estos destacaron por su intensidad en la pela por mejoras para los trabajadores.
En el gobierno local se desempeñaba el Partido Socialista, quienes ya
gobernaban desde hacía varias décadas, interrumpidas por las dictaduras
anteriores, pero que estaban consolidados como una fuerza política importante
de la ciudad. En el ámbito de partidos convencionales también se desarrollaba el
Partido Justicialista y el Radical, entre otros.
A nivel nacional crecía un movimiento obrero organizado, que se enfrentaba a la situación económica y la violencia política encarnada por la dictadura de Onganía, y luego los continuadores de la llamada “Revolución Argentina”. En se marco, se daba una inestabilidad económica de devaluación de más del 40%, decrecimiento del sector industrial y agropecuario de más del 300%, y una caída del PBI del 1,2%. Luego ya en el 75 se volvió más explosiva la situación económica con el Rodrigazo en el gobierno de Isabel de Perón, con aumento de las tarifas de los servicios y combustibles, inflación descontrolada y la antesala hacia un cambio de modelo económico que dejaría atrás la industrialización.
Grandes conflictos y luchas se sucedieron, lo que se conoce como el ciclo de
“azos”, Cordobazo, Rosariazo, Villazo, entre los más importantes. También sectores del peronismo enmarcados en la consigna “luche y vuelve”, por el regreso de Perón a la Argentina, que había sido derrocado por la dictadura denominada “la revolución libertadora” en 1955, por lo que permaneció exiliado hasta el 73. Pero lo que más sobresalía y ponía un color diferente al conflicto en el país, era el surgimiento de las organizaciones llamadas revolucionarias, que, tanto en sus enunciados como acciones, proclamaban un cambio radical de sistema. Intentaban forjar una fuerza política que disputara el poder político para una trasformación social, que llevara al socialismo y/o comunismo.
Dentro de las conquistas que fueron resultado de las revueltas y grandes huelgas, se obtuvieron reivindicaciones en mejoras de condiciones laborales, salariales, convenios de trabajo, y dentro de lo que más destacaban los activistas de la época, la imposición de espacios asamblearios y de decisión obrera por fuera de las cúpulas sindicales, que en muchos casos estaban alineados al gobierno, a la derecha o a posiciones oficialistas. Lo que llevó, por ejemplo, a lo que denominaban “recuperación de la conducción sindical” en algunos sectores, como lo fue la seccional de la Unión de Obreros Metalúrgicos(UOM) de Villa Constitución.

Imagen del Cordobazo 1969, extraída de La Tinta / Imagen del “aramburazo” 1970, extraída de Agencia Paco Urondo
Una amplia gama de organizaciones políticas se desarrollaba desde los 60, pero tuvieron su auge en la década del 70. Dentro de las que tenían más influencia e inserción se encontraban Montoneros, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Las cuales tienen su correlato en grado de desarrollo también en la ciudad de Mar del Plata. Se estima que en la ciudad, Montoneros para el 75 había logrado alcanzar el número de más de cuatrocientos Militantes, y el PRT-ERP cerca de trescientos. Cada una con sus herramientas sindicales de base, y espacios de influencia en las universidades. Lo que hacía que su llegada con las propuestas y las actividades, tenga alto impacto en la simpatía popular de las barriadas más pobres, fábricas y facultades.
La militancia revolucionaria de los 70 en Mar del Plata
Este medio tuvo acceso al diálogo con Eduardo “Negro” Soares, abogado, ex militante de Montoneros en la década del 70 y que actualmente milita en la organización política Convocatoria Segunda Independencia. Además, de conformar parte integrante de la Gremial de Abogados. También se accedió a la charla con Mery Roldan, psicóloga, ex militante del PRT, que en la actualidad se dedica a las artes plásticas y musicales y al activismo ambientalista. Por ultimo con Enrique “Uña” Robles, ex trabajador filetero y ex militante del PRT, actualmente jubilado y activista social.
Participación política y ser militante
Eduardo Soares, ex montonero, hizo énfasis en que “llegado el momento del
golpe de la “revolución libertadora”, que fue la dictadura de Aramburu, hasta ese momento todavía la clase trabajadora creía en que sus dirigencias, las burocracias, y militares peronistas nacionalistas pudieran torcer el rumbo. Desde ese momento la clase obrera tuvo que empezar a hacerse de sus propias herramientas y sus propias armas de lucha, con muchas bajas, muertos con desaparecidos. Hay que hacer el análisis histórico, porque el golpe del 76 no nació de un repollo”, afirmó.
Soares también analizó que, a partir de este proceso, entre la década del 50 y la década de los 60, con las primeras organizaciones armadas y revolucionarias como los uturuncos, las Fuerzas Armadas Peronistas, entre otras, surgen dos factores que son fundamentales para entender por qué la juventud se volcaba a la militancia política: “Uno es la continuidad histórica, no se cortó la memoria. Cualquier pibe, en la Argentina o en la Mar del Plata de esos años, miraba para atrás y veía la generación de sus padres, sus abuelos y hasta posiblemente sus bisabuelos luchando. Eso sí se cortó a partir del 76. Otro factor era que la lucha de clases y la lucha antimperialista era imparable, y eso generaba un alto nivel de masividad y de movilización, donde se empezaban a engendrar las organizaciones revolucionarias con sus propias vanguardias y sobre las crisis de las izquierdas tradicionales, como la del Partido Socialista o del Partido Comunista”.

Movilización sindical impulsada por anarquistas, en el Municipio de Mar del Plata en 1947. Extraída de página de Facebook de Historia de Mar del Plata.
Por su lado Mery Roldan, ex PRT aportó, “lo que significó militar en esa época, no se pude separar del momento histórico, no puedo evitar verlo con los ojos de hoy, y a medida que pasen los años se vera de manera diferente”, reflexionó. “Había una situación de efervescencia de necesidad de cambio, que tenía que ver con las revoluciones, con el Che Guevara, con la Revolución Vietnamita, con la Revolución Cubana. Todo eso generaba un clima donde los jóvenes se acercaban y sobre todo los que estaban en la universidad. Yo había empezado la universidad, en la Facultad de Arquitectura y al poco tiempo sucedieron hechos. Había cosas que sumaban al clima, como una disputa entre profesores con mentalidad conservadora o fachos, y había profesores que venían con una renovación de los cursos, con otra forma de ver lo académico, más horizontal y la mayoría de la juventud, en ese momento, se inclinaba por lo nuevo”.
“Yo estaba casada, estudiando en la universidad, cuando me detienen en el 72, me di cuenta que estaba embarazada. Pasé dos embarazos en la cárcel. En el período entre que fui detenida una vez y otra, me dedicaba a la imprenta del PRT. Teníamos chapa, mimeógrafo, bastante artesanal no era como es ahora. Ya con mi hija chiquita, estábamos viviendo en un barrio de forma clandestina, no podíamos decir quienes éramos, igual hacíamos una vida, si se quiere, normal. Con la familia, con los vecinos, y paralelo a eso llevábamos nuestras tareas de reuniones y de trabajo en la imprenta, al tanto de lo que venía pasando. Porque en ese momento ya estaban las tres A, ya éramos perseguidos por nuestras ideas. Tengo la “suerte” si se quiere, de caer en el 74 detenida nuevamente, que todavía estaba Isabelita y el consejo de seguridad a cargo de las fuerzas armadas, pre dictadura, es decir que la figura de desaparecido todavía no estaba. Entonces cuando llegamos a la comisaria enseguida se enteraban los familiares”, relató la activista.
Enrique Robles ex PRT sumó al relato, “era la realidad política que se vivía en todo el país, de luchas reivindicativas por todas partes. Mucho movimiento político gremial, el Cordobazo, el Vivorazo, el Rosariazo, el Marplatazo, que fue menos intenso, pero le dimos esa categoría”. Mencionó como parte de las causas que hacían a la participación política de la juventud en general.
El Marplatazo fue un levantamiento popular que unió a estudiantes y trabajadores. Se dio el 14 de junio de 1972, tras detenciones de estudiante en una actividad por cumplirse seis meses del asesinato de Silvia Filler. Donde la presión del movimiento estudiantil para la liberación de los detenidos, logró que múltiples sectores movilizaran, incluso que convocara la CGT. Salieron a marchar desde las fábricas, plantas, facultades, por las calles de la ciudad para llegar al centro. Levantaron consignas contra las políticas anti obreras de la dictadura llamada “Revolución Argentina” a cargo de Lanusse. En ese contexto se reprimió la manifestación unitaria, con la ocupación militar de la ciudad, a cargo del coronel Raúl Néstor Berisso.
Robles continuó el relato y dijo, “mi actividad militante era fundamentalmente en la industria del pescado, con la necesidad de defender cuestiones fundamentales. No sabía lo que era ser militante, la vida me puso en esas circunstancias, de pasar de lo meramente reivindicativo a la estructura política, ampliando el horizonte”.
El Negro Soares cuenta que, “esas cosas eran las que hacían a uno abrazar la causa revolucionaria, y pudiéramos entrar a proyectos, donde a diferencia de hoy, uno sabía que esto era como se decía en esa época, ‘patria o muerte’.
Muchos incluso desde antes de terminar la secundaria. Tal es así el grado de compromiso, que en el 72 en el Penal de Rawson se encontraba toda la dirigencia de las organizaciones revolucionarias, y la que no se encontraba allí ya estaba muerta. Yo tenía 19 años y recién ingresaba a la organización y estudiaba Derecho en la facultad de Mar del Plata”. “Mi generación se tuvo que hacer cargo, ya que los dirigentes estaban presos o muertos, aunque éramos muy jóvenes. Aun así, para diciembre del 72, no dábamos abasto para contener la cantidad de compañeros y compañeras que pedían entrar a la organización. ¿Qué explicación puede haber para eso?, Un alto nivel de conciencia”, expresó.
Como organización, Soares destacó que había mucho intercambio entre las ciudades del mismo regional: Bahía Blanca, La Plata y Mar del Plata. Caracterizadas como ciudades parecidas y cercanas, con concentración obrera, estudiantes y clase media. Por lo cual Montoneros estructuraba de esa manera su intervención. “En la vida cotidiana no podíamos no hacer lo que hacía todo el mundo, se tenía laburo, se estudiaba, se tenía pareja e hijos, la vida normal que hacia cualquiera. La militancia era parte de la vida cotidiana. Pero sabias que la violencia y el desarrollo de la violencia era fundamental. No se concebía la militancia sin considerar que había un enfrentamiento armado, porque cuando te venia la CNU o la Juventud Sindical Peronista, cuando te venia la policía, la Armada, tenías que defenderte. Sabías que te unías a un proyecto revolucionario”.
“Nunca milité en la universidad, siempre en el territorio y colaboraba en lo sindical, pero tenía que ir a estudiar ‘enfierrado’. En la Facultad estaba muy fuerte la CNU (Concentración Nacional Universitaria), teníamos que salir a los pasillos o afuera que era una boca de lobo la zona de la Catedral, donde se armaban unos quilombos terribles. Costaba enganchar a un compañero para la militancia en se ámbito, y en el lapso de agosto a diciembre del 72, ya había una JUP (Juventud Universitaria Peronista) poderosísima, no sólo en la Universidad de Mar del Plata, sino en la Facultad de Derecho. En una Mar del Plata que todavía era opulenta, que había, prácticamente, desocupación cero, con una clase obrera fuerte y también con una clase media muy fuerte”. En este marco, El Negro afirmó que “el golpe vino a intervenir abiertamente en la lucha de clases, y el enemigo leyó el momento de la mano de los gringos del norte, sus agentes y la clase dominante argentina”.
Hechos relevantes que motivaron el despertar a las ideas políticas en la ciudad de Mar del Plata
“Hubo un hecho que marcó al sector universitario, fue el asesinato de Silvia Filler en 1971, yo estaba en esa asamblea. Sabían los fachos que se iba a hacer, la mayoría de la Facultad Derecho. Arquitectura tenía una composición muy independiente, había organizaciones, pero recién empezando, porque arrancaba a abrirse a las ideas políticas, casi no había militantes. Fueron los fachos a la asamblea con cadenas y armas y mataron a Silvia Filler, dirigidos por Piantoni cabecilla de lo que era la CNU en ese momento, un equivalente a lo que después fueron las ‘tres A’. Custodiando a ellos estaba la policía en la esquina cuando sucedió todo. Fue un hecho determinante que hizo a los jóvenes volcarse a la militancia política. Generó mucha conciencia, a mí me marcó muchísimo”, relató Mery.
También la artista, agregó, “Empecé como ayudante de cátedra y en esa cursada había gente del PRT. Ahí me contactaron y junto con mi compañero empezamos a militar por la idea del cambio social y el despertar de las ideas. Yo venía de un hogar con un papá suboficial y una mamá maestra, radicales los dos. Me detienen muy pronto, en el 72, íbamos a volantear por lo sucedido en Trelew, el asesinato político a los compañeros. La actividad la íbamos a realizar en el colegio Mariano Moreno. Cuando estábamos por entrar alguien dio aviso a la policía y nos detienen. Ahí entré a la cárcel hasta el 73 que fue la amnistía y después volví a ser detenida en el 74”.
Por su parte, Enrique también afirmó que el asesinato de Silvia Filler fue un hecho que marcó un punto importante en el desarrollo de la lucha. Además, agregó, “para frenar el movimiento antiburocrático se perpetraban golpizas a compañeros, tiroteos en las viviendas, amedrentamientos, no era fácil”. Aseveró el jubilado activista, y enfatizó, “En medio de esas circunstancias, la agrupación OUP (Obreros Unidos del Pescado) agitaba consignas como: garantía horaria y legalización de las plantas clandestinas. En la actualidad todavía quedan lugares que cumplen con ese beneficio conquistado”.
“El hecho que más me marcó fue la matanza del 5×1 en el 75 y la muerte de mi viejo. Otro golpe muy duro fue la muerte de Pacho, un compañero muy querido, con el cual militábamos en la misma unidad de oficiales”, contó El Negro Soares, actual militante de Convocatoria Segunda Independencia.
La masacre del 5×1 fue perpetrada por la CNU y las fuerzas de seguridad, el 21 de marzo del 75. Como represalia tras el asesinato de Ernesto Piantoni, un líder de la CNU. Se le dio ese nombre por la proclamación de la derecha peronista, de que por cada uno de ellos que fuera caído, caerían cinco del bando de las organizaciones populares. Los caídos asesinados esa noche fueron, Enrique “Pacho” Elizagaray, sus primos Jorge Enrique Videla, Guillermo Videla y Jorge Lisandro Videla, vinculados a la JUP (Juventud Universitaria Peronista).
La muerte de Eduardo Alfonso Soares fue el 27 de mayo del 75 en Mar del Plata, lo asesinó la CNU en una represalia por un intento de copamiento a la Comisaria 2da, con intensión de liberar al hijo, Negro Soares, que se encontraba detenido allí. El intento de copamiento fue una operación de Montoneros, donde también cayó asesinado el jefe regional de la organización, Arturo Lewinger.

Arriba (de izq. a der.): Jorque Enrique Videla, Guillermo Enrique Videla, Jorge Lisandro Videla y Bernardo Goldemberg. Abajo (de izq. a der.): María del Carmen “Coca” Maggi, Jorge Stoppani y Daniel Gasparri, y Enrique “Pacho” Elizagaray. De la pagina Fiscales.gob.ar
“Hubo un conflicto muy significativo, que fue parte del grado de desarrollo político que había, lo que sucedió en las Colonias de Chapadmalal a principios del 75. Lugar que dependía del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, del cual era ministro López Rega, que también sería el fundador de las tres A. Había contratado a la empresa de construcción de Nicolás Dazeo, para hacer obras de reconstrucción, y la empresa contrató más de doscientos obreros. La UOCRA era aliada del empresario y del Ministro. Hubo doscientos despidos y se generó un conflicto con una muy dura represión, y la organización decidió secuestrar a Nicolás Dazeo, mantenerlo detenido a cambio de que solucionara el conflicto. A cambio de devolver su libertad se pidió la reincorporación de los despedidos, se logró esa reivindicación y además aumento de salario, ropa de trabajo, se repartió en varios barrios comida. Fue un triunfo de la clase obrera de los sectores de la JTP, un golpe contundente para la burocracia sindical, para el peronismo de derecha y el gobierno”, sumó al relató El Negro Soares.
Mery Roldan que militaba en el PRT, expresó, “se hacían expropiaciones, por ejemplo, se paraba un camión y se repartía la leche en los barrios. Fueron acciones exitosas, pero enmarcadas en mucho idealismo. Teníamos un manifiesto que nos orientaba a insertarnos como proletarios, lo que se decía proletarizarse. Militantes que por ahí veníamos de sectores sociales mejor posicionados, íbamos a trabajar a lugares fabriles o donde estaban los laburantes que no habían llegado a una universidad. También a trabajar el barrio, compartir con la gente del barrio. Yo a la mañana me levantaba para ir a trabajar de lava copas en el mercado de abasto. Había que vivir y sentir el sacrificio de ser obrero. Mi organización, el PRT, era muy estricta respecto al tema de moral y de proletarización. Tenía criterios muy estrictos y sancionaba a personas que no cumplían con cuestiones de valores humanos”.
El período del 72 al 75 fue caracterizado de mucha efervescencia, con un crecimiento y una cantidad considerable de acciones por parte de distintas organizaciones revolucionarias. Como también de enfrentamientos con las fuerzas represivas parapoliciales, que en Mar del Plata fueron encarnadas por la CNU en primera instancia, luego por “la triple A” (Alianza Anticomunista Argentina) hasta la dictadura del 76.
El golpe
Enrique “Uña” Robles caracterizó, “el cautiverio sabíamos que iba a ser duro, ni lejos imaginamos que podrían llegar a ese extremo” Mery contó su experiencia, “el golpe lo viví en la cárcel, estaba en Olmos, donde estábamos todas las presas de la provincia de Buenos Aires. Después la dictadura nos trasladó a Devoto, ahí ya la ley cambia y no podíamos estar con las presas comunes, y los niños no podrían permanecer más de seis meses adentro de la cárcel. Lo pasamos con mucha impotencia, nos llegaban las noticias de muchos compañeros muertos, desaparecidos, y llegaban compañeras al penal, destrozadas. Venían de los campos de concentración. Eran las menos porque la mayoría no llegaba. Devoto era una cárcel “vidriera”, es decir estaba abierta a los organismos de derechos humanos que venían a controlar a los milicos. Cruz Roja Internacional, Amnistía Internacional, nos entrevistaban y nos revisaban médicos”.
“Estábamos organizadas dentro de la cárcel, luchábamos para no firmar arrepentimiento, que era una forma de disciplinamiento que nos querían imponer. También para no bajarnos la bombacha en las requisas. Nos organizábamos para estudiar, hacer gimnasia, leer los diarios. Milité hasta el día que salí y me enteré que la mayoría de los integrantes de la organización había muerto, o estaban en el exilio”, agregó la Psicóloga.
“No se dimensionaba la naturaleza del enemigo, que ya no era la misma con quienes se habían enfrentado generaciones anteriores, había cambiado. Había una guerra contrainsurgente que se venía desatando y experimentando en otros países como Argelia y Vietnam, que empezó a usar otra estrategia. Cuando nos dimos cuenta ya estábamos complicados, en una ciudad chica en donde nos conocíamos todos, fue muy duro, ya desde el 74. En Mar del Plata había una derecha peronista muy sangrienta, había unas características que no se daban en otros lugares del país” analizó el abogado, Negro Soares.
“En el golpe del 76, ya estaba en cana, era algo que de alguna manera se esperaba y que podía ser un elemento que sumara al descontento. Dado que considerábamos desde la organización, que se habían sacado la careta, en donde no se sabía quién era quien. Me asomé por la reja y vi que en vez de guardia cárceles había soldados, y me di cuenta que habían dado el golpe. Les dije a mis compañeros que el fin había llegado y que ahora estábamos mano a mano con el enemigo. Pensábamos que estos tipos mano a mano no nos iban a ganar, no nos habían ganado López Rega, ni las tres A, ni Perón, entonces éstos tampoco podrían. Pero nos equivocamos, porque el nivel de crueldad con el que operaron no tenían precedentes, tenían otra cabeza”, continuó el relato Eduardo Soares.
Perspectiva desde la actualidad
“En el caso Mar del Plata no se conocía, o no se tenía la dimensión de lo bueno y lo malo de la organización. El desarrollo que logramos desde Montoneros en la ciudad nos nubló la realidad de múltiples aspectos que debimos haber considerado. Entonces en algún momento, en un lugar chico con poco más de trescientos mil habitantes, nos generó una sobredimensión, para nosotros mismos y para el enemigo. El enemigo pescó en una pecera en Mar del Plata, y de alguna manera lo permitimos. Después del golpe hubo un gran decrecimiento, porque se desarrolló política como si fuera Córdoba o Rosario, y no lo era. Mar del Plata era una ciudad de clase media, costera. No se sabía que esa era nuestra debilidad. Una ciudad que tuvo cerca de doscientos muertos, terrible numero para la cantidad de habitantes que había durante la época. Había una visión romántica de lo que era la organización, en un contexto donde se vivía y se moría con mucha rapidez” reflexiono Soares.
“A partir del golpe militar sobrevino una derrota, no sólo en términos militares, si se quiere por los caídos, por lo muertos, sino que, no se no ha podido volver a construir la calidad humana de esos compañeros que perdimos. Como El Chino Celesia o el Pacho. La lucha siguió, pero ese tipo de compañeros no se ven, no aparecen aún. Esa calidad humana por la que peleábamos, la del ‘hombre nuevo’, pero no sólo en la calidad de cuadros políticos, sino en cómo eran como seres humanos. Muchas veces pienso porque no estuve en su lugar o porque no estuvimos juntos en se momento para poder salvarlo. Fue una derrota profunda en ese aspecto. La lucha antimperialista tiene avances y retrocesos y es incomparables en el mundo. Por ejemplo, si hoy estuviera en Gaza resistiendo en algún túnel, capas me encuentro con algún Chino Celesia, porque de eso se trata, de la lucha de clases y los niveles que puede llegar a alcanzar, camino a la victoria final”, continuó su reflexión el integrante de La Gremial de Abogados, Eduardo Soares.
Luis Federico “El Chino” Celesia fue un militante de Montoneros, tenía veinticuatro años, era estudiante de derecho, jugaba al rugby en el equipo Rugby Club de la Universidad Católica de Mar del Plata mientras estuvo en la ciudad. Luego se mudó a La Plata, donde fue secuestrado el 16 de noviembre de 1976 en un operativo ilegal a cargo del primer cuerpo del ejercito.
Desde su lado Robles aportó, “en aquel momento había organizaciones que generaban expectativas. En la actualidad, la política está muy bastardeada. Con la degradación política y la actitud mezquina de ciertos sectores del campo popular, donde muchos juegan para el enemigo, va a ser difícil conformar un frente nacional y popular, opinó El Uña Robles.
Mery Roldan destacó, “lo que más rescato de la experiencia de la militancia de esa época, eran las intenciones de querer un mundo mejor y de luchar por eso. Pero considero que también estaba muy pegado a un idealismo que fue un problema. Porque había mucha confianza en lo que era la organización, había una sobrevaloración del liderazgo del partido. Al mismo tiempo tampoco se fue tan locos, estábamos insertos, fue bastante grande el movimiento, había muchos militantes, miles de militantes en el país. Quizás lo más criticable fue confiar demasiado en la parte militar, en lugar de pensar más a largo plazo y dedicar más tiempo y más estudio al desarrollo de la formación política de la clase”.
“Hoy veo que no se dicen muchas cosas, porque no les conviene a quienes se llaman progresismo. Levantan el ‘Nunca Más’ del peronismo, pero no reivindican la lucha por cambiar el mundo, por el cambio social. Se pone en lugar de victima a los compañeros desaparecidos, pero eran luchadores, eso se oculta. Creo que no les convine decir que adentro de sus filas había revolucionarios, porque ellos son capitalistas. El setentismo era lucha, la impronta de querer cambiar el mundo, no sólo de parte de la militancia armada, sino de muchos sectores sociales, por ejemplo, estaban los hippies que tenían ideas revolucionarias. No se habla de todo lo que pasó antes del 76, la lucha era contra el capitalismo”, aseguró la artista.

Primer “Atlanticazo”, movilización contra las petroleras en el mar en Mar del Plata. Imagen de Era Verde Periodismo Ambiental
“También veo un retroceso de las mentalidades, porque lo asocio con el retroceso de la educación, a la derrota del proyecto revolucionario y a la desaparición. Quedaron muy pocos, y los sobrevivientes que quedaron están derrotados por la política burguesa, porque salieron de las cárceles sin nada y les ofrecieron un puesto en el Estado y se institucionalizaron. Se volvieron conservadores. Los que tenían la oportunidad de cambiar al mundo, se acomodaron al mundo. Ya no hay un cuestionamiento al sistema, salvo en el anti extractivismo, en la ecología, las asambleas y el funcionamiento horizontal. Están surgiendo nuevas formas de cuestionar al sistema, por sectores muy diferentes, que no se basan en teorías foráneas, sino de una cosmovisión autóctona, como la originaria. Tengo una confianza en esto nuevo, que no se plantea grandes cambios por ahora, pero sí están poniendo frenos y dificultades al capitalismo voraz. En esta nueva forma se va con todos, en asamblea, sin un jefe que diga lo que hay que hacer, se va por que interesa y mueve”, concluyó Mery Roldan, activista ambiental.
Las miradas de los testimonios reflejaron una memoria que aún está latente en las calles de Mar del Plata, en los pasillos de las facultades, en plantas y fabricas que entrañaron lucha obrera.
*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata








