Argentina actualiza el mapa de su biodiversidad: una investigación identificó 133 ecosistemas y aporta una nueva herramienta para gestionar el territorio
Argentina dio un paso fundamental para conocer con mayor precisión la diversidad de ambientes que conforman su territorio. Luego de más de tres décadas sin una actualización integral, un trabajo coordinado por especialistas de distintas instituciones científicas permitió elaborar el mapa más completo de los ecosistemas del país. El relevamiento reconoce 133 ecosistemas distribuidos en ambientes terrestres, acuáticos continentales y marinos, una diferencia significativa respecto de la cartografía utilizada hasta ahora, que databa de la década de 1990 e identificaba únicamente 18 unidades ambientales.
El proyecto fue solicitado por la Dirección de Biodiversidad de la Subsecretaría de Ambiente, en su carácter de Secretaría Técnica de la Comisión Nacional Asesora para la Conservación y Utilización Sostenible de la Diversidad Biológica (CONADIBIO), en el marco del Séptimo Informe Nacional de Biodiversidad y con financiamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Para llevar adelante el trabajo se firmó un convenio de asistencia técnica entre el CONICET y la Asociación Argentina de Ecología (AsAE), que convocó a especialistas de todo el país para construir un inventario unificado y actualizado de los ecosistemas argentinos.
Desde Portal Universidad dialogamos con la investigadora científica del CONICET Paulina Martinetto, una de las coordinadoras del área marina del proyecto, quien explicó que el principal desafío consistió en reunir y sistematizar información que durante años había permanecido dispersa en distintos grupos de investigación, generando una herramienta común para la gestión ambiental y el conocimiento científico.
“La información existía, pero estaba elaborada por distintos científicos y equipos de manera independiente. No había una referencia nacional que compilara todo ese conocimiento y pudiera utilizarse también para la gestión”, explicó la investigadora. Esa fragmentación implicaba que numerosos ambientes del país quedaran fuera de los instrumentos oficiales de planificación, especialmente los ecosistemas acuáticos continentales y gran parte del territorio marino, que hasta el momento eran representados de manera muy general.
El nuevo relevamiento modificó sustancialmente esa situación. Hoy Argentina dispone de un sistema que reconoce 12 ecosistemas marinos, 66 ecosistemas acuáticos continentales y 55 ecosistemas terrestres, incorporando ambientes que anteriormente no eran considerados de forma diferenciada y reflejando con mayor precisión la enorme diversidad geográfica del país.
Para Martinetto, el primer valor de este trabajo reside justamente en el conocimiento. “Pasar de reconocer 18 unidades a identificar 133 ecosistemas permite visualizar realmente la diversidad ambiental que tiene Argentina. Somos un país que posee desde las altas cumbres de la Cordillera de los Andes hasta las grandes profundidades del océano, y conocer esa diversidad es el punto de partida para cualquier estrategia de conservación o desarrollo”, sostuvo.
Pero el proyecto no se limita a la elaboración de un mapa. Cada uno de los ecosistemas identificados cuenta con una ficha técnica que reúne información ambiental, biológica y territorial organizada mediante un Sistema de Información Geográfica (SIG). Allí se incluyen datos sobre superficie, variables climáticas, especies representativas, amenazas ambientales, estado de conservación y servicios ecosistémicos que brinda cada ambiente.
Estas fichas permiten comprender que los ecosistemas no constituyen únicamente espacios naturales, sino que sostienen numerosas actividades sociales y productivas. Desde el abastecimiento de agua para consumo y riego hasta la captura de carbono, la protección frente a inundaciones, la producción pesquera, el turismo o la conservación de especies, cada ambiente cumple funciones que impactan directamente sobre la calidad de vida de la población.
“Cada ficha contiene información relevante para la gestión. Se identifican cuáles son las principales amenazas, ya sea el cambio climático, la deforestación o la contaminación, cuáles son las especies más representativas y cuáles son los servicios ecosistémicos que brinda ese ambiente. Todo eso permite comprender qué tenemos y por qué es importante conservarlo”, señaló Martinetto.
La investigadora destacó que uno de los objetivos centrales fue que el conocimiento generado trascendiera el ámbito científico. “Siempre decimos que no podemos cuidar aquello que no conocemos. Por eso buscamos elaborar una herramienta que fuera útil para la gestión, pero también sencilla y accesible para toda la sociedad“, afirmó.
En ese sentido, remarcó que el trabajo incorpora una fuerte dimensión educativa. La expectativa es que el material pueda utilizarse en escuelas, universidades y otros espacios de formación para acercar a estudiantes y docentes información actualizada sobre la biodiversidad argentina y fortalecer el vínculo entre la ciudadanía y su patrimonio natural.
“Esperamos que llegue a todas las escuelas y que argentinos de todas las edades puedan conocer cuáles son los ecosistemas que tenemos para poder cuidarlos. Pensamos el proyecto contemplando distintos públicos, no solamente quienes toman decisiones en materia ambiental”, explicó.
Más allá de la magnitud del resultado, la elaboración del inventario implicó un desafío metodológico considerable. El proyecto debía completarse en apenas seis meses, lo que obligó a coordinar el trabajo de especialistas distribuidos en universidades nacionales e institutos de investigación de distintas provincias.
Lejos de comenzar desde cero, el equipo aprovechó décadas de conocimiento acumulado por investigadores argentinos, aunque gran parte de esa información se encontraba dispersa en publicaciones científicas, bases de datos y relevamientos específicos realizados para distintas regiones o grupos de organismos. La tarea consistió precisamente en integrar todo ese conocimiento bajo criterios comunes, generando un lenguaje compartido que permitiera comparar ambientes muy diferentes entre sí y construir un único mapa nacional.



