20 años de la desaparición de Jorge Julio López: el testimonio que no pudo ser silenciado

El 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López salió de su casa en el barrio Los Hornos, en La Plata, para asistir a los alegatos del juicio que se llevaba adelante contra el represor Miguel Osvaldo Etchecolatz.  Sin embargo, nunca llegó a los tribunales. A veinte años de su segunda desaparición, su caso continúa siendo una de las principales deudas de la democracia argentina.

Un sobreviviente que volvió a declarar 

López había sido secuestrado el 27 de octubre de 1976 en su vivienda de Los Hornos. Fue trasladado al Pozo de Arana, uno de los centros clandestinos que integraban el denominado Circuito Camps, y posteriormente pasó por otros lugares de detención. 

En el juicio de 2006 relató las torturas que había sufrido y señaló directamente a Etchecolatz como responsable. Según consta en la documentación judicial, López identificó al represor como quien encabezaba el grupo que lo había secuestrado y torturado. También aportó información sobre otros integrantes del circuito represivo y sobre el destino de compañeros de militancia. 

Entre los hechos que pudo reconstruir se encontraba el secuestro de Patricia Dell’Orto y Ambrosio De Marco, militantes de una unidad básica de Los Hornos. López relató haber visto desde el interior del Pozo de Arana cómo ambos eran asesinados. 

Su testimonio fue parte de la prueba que permitió condenar a Etchecolatz en 2006. El Tribunal Oral Federal N.º 1 de La Plata lo condenó a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad y sostuvo que los crímenes habían sido cometidos en el marco de un genocidio. Etchecolatz había sido director de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y había tenido bajo su responsabilidad buena parte de los centros clandestinos que integraban el Circuito Camps. Años después recibió nuevas condenas: hasta 2022 acumulaba ocho, cinco de ellas a prisión perpetua. 

Pero López no llegó a escuchar aquella sentencia. 

El 18 de septiembre, el mismo día en que estaban previstos los alegatos de las querellas, desapareció. Al día siguiente, el tribunal condenó a Etchecolatz.

El testimonio que fue clave para condenar a Etchecolatz 

Para Estela Fernández Puentes, docente de la materia Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), el valor del testimonio de López está también en su decisión de volver a declarar décadas después de haber sido víctima de la represión. “El señor volvió como un valiente a dar su testimonio, un hombre del pueblo, del llano, más valiente que muchos que se creen próceres”. Y agregó: “No se puede tapar el cielo con las manos”. 

Juicio a Miguel Etchecolatz

La docente remarcó que la desaparición no consiguió interrumpir el proceso de justicia:

“Podrán desaparecer a uno o desaparecer a miles o a cientos, pero la voz del pueblo y la voz de la Justicia, de la memoria, de la verdad y la justicia, no se podrá callar jamás”. 

La investigación por la desaparición de López continúa sin determinar qué ocurrió con él ni quiénes fueron responsables. En 2019, la Unidad Fiscal de La Plata informó que la causa se encontraba centrada, entre otras líneas, en el cotejo de huellas dactilares y material genético con cuerpos sin identificar y en el análisis de millones de registros telefónicos obtenidos durante la investigación. 

La pesquisa también estuvo atravesada por irregularidades. En 2015 fueron procesados seis funcionarios del Servicio Penitenciario Federal por anomalías en los registros de visitas al penal de Marcos Paz, donde se encontraban detenidos represores. Según la Fiscalía, esas irregularidades habían dificultado el desarrollo de líneas de investigación vinculadas con la desaparición de López.

Desaparición en democracia 

Jorge Julio López es considerado el primer desaparecido en democracia. Sin embargo, Fernández Puentes considera fundamental distinguir el contexto en el que ocurrió su desaparición del que existía durante la dictadura. La docente reconoció, sin embargo, la existencia de “encubrimientos”, “complicidades” y de un entramado que, según sostuvo, todavía tiene vínculos con el aparato represivo de la dictadura. “Pero la sociedad argentina no es la misma, no es la misma que durante la dictadura”, afirmó. 

En 2023, el Estado argentino reconoció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos su responsabilidad internacional por la falta de medidas para resguardar a López como víctima y testigo y por la falta de debida diligencia en la investigación de su desaparición y en la búsqueda de su paradero. El acuerdo también contempló medidas para fortalecer las políticas de protección y acompañamiento de víctimas y testigos. 

Una desaparición que continúa sin respuestas 

A veinte años de su desaparición, el caso de Jorge Julio López continúa abierto y plantea una pregunta que atraviesa a la democracia argentina: ¿cómo se responde desde un Estado de Derecho frente a la desaparición de una persona?

“Alguna vez se va a saber qué pasó”, sostuvo Fernández Puentes. Para la docente, la diferencia con el período de la dictadura es fundamental: “Ahora hay democracia, hay un sistema republicano y hay todo un Poder Judicial que está y que estuvo siguiendo este tema”. Sin embargo, advirtió que la existencia de instituciones democráticas no significa que hayan desaparecido todas las complicidades construidas durante el terrorismo de Estado.

“Hubo encubrimientos porque el poder de la dictadura, los tentáculos, me atrevo a decir que todavía tienen cierto poder, y toda una serie de complicidades y un entramado terrible para encubrir. Pero la sociedad argentina no es la misma, no es la misma que durante la dictadura”, afirmó.

En ese sentido, el caso de Jorge Julio López mantiene vigente una obligación propia de un Estado de Derecho: investigar, garantizar justicia y dar respuestas sobre una desaparición que ocurrió en democracia.

 

 

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