El monóxido de carbono, el “asesino silencioso” que se cuela en las casas cuando llega el frío

Con la baja de las temperaturas y el consecuente aumento en el uso de calefactores, estufas y cocinas, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata publicó una guía breve de prevención centrada en un riesgo que suele pasar inadvertido: la intoxicación por monóxido de carbono (CO). Se trata de un problema que, lejos de ser una anécdota invernal, deja cifras alarmantes cada año en el país.

El monóxido de carbono es un compuesto que no tiene olor, color ni sabor, características que lo convierten en un peligro difícil de detectar sin la instrumentación adecuada. Por esa razón, se lo conoce popularmente como “el asesino silencioso“. Desde la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata remarcaron una precisión conceptual: no alcanza con llamarlo simplemente “monóxido”, ya que existen muchos compuestos que responden a esa clasificación química (el agua, sin ir más lejos, es uno de ellos). La denominación correcta y completa es monóxido de carbono.

Cifras que exigen atención

La guía dimensiona la magnitud del problema con datos concretos: solo en Argentina, alrededor de 200 personas mueren cada año a causa de intoxicaciones con CO. A esa cifra se suman cerca de 40.000 hospitalizaciones anuales, con cuadros que van desde mareos hasta convulsiones, infartos o accidentes cerebrovasculares.

Los síntomas, de hecho, se dividen en dos niveles de gravedad. En los cuadros leves aparecen cefaleas, náuseas, malestar general, mareos, dolor abdominal y confusión. En los casos graves, en cambio, el cuadro puede derivar en convulsiones, ataxia, es decir, falta de coordinación muscular, síncope, infarto agudo de miocardio o ACV.

Qué le hace el CO al organismo

La explicación de por qué este gas resulta tan peligroso tiene que ver con su comportamiento a nivel celular. El monóxido de carbono es capaz de unirse con el hierro de la hemoglobina, desplazando al oxígeno e impidiendo su transporte por el organismo. Pero su efecto no termina ahí: además, inhibe a la citocromo c oxidasa (el Complejo IV de la cadena de transporte de electrones mitocondrial) y de ese modo detiene la síntesis de ATP, la molécula encargada de proveer energía a las células.

Para entender el origen del problema, la guía propone partir de una simplificación útil: asumir que todo el gas natural que llega a los hogares es metano (CH₄). Cuando ese gas se enciende con una llama, se produce una combustión, que es una oxidación promovida por el oxígeno del ambiente. En esa reacción se liberan agua y energía en forma de luz y calor.

El punto crítico aparece cuando esa combustión ocurre en condiciones de oxígeno insuficiente. Si se compara la reacción completa, que produce dióxido de carbono (CO₂) y agua, con una reacción que cuenta con apenas un 25% menos de oxígeno disponible, el resultado cambia: en lugar de CO₂ inofensivo, comienza a generarse monóxido de carbono. Es, en definitiva, una cuestión de química básica con consecuencias que pueden ser letales.

Según detalla la guía, esa merma de oxígeno en el ambiente responde principalmente a dos causas más frecuentes. La primera es la poca ventilación: con el frío, es habitual mantener las ventanas cerradas, lo que impide la renovación del aire. La segunda tiene que ver con conexiones defectuosas o no reguladas en cocinas, calefactores y hornos, muchas veces instaladas por personal sin la matrícula correspondiente, atraído por presupuestos más económicos.

Recomendaciones para prevenir intoxicaciones

A partir de este diagnóstico, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales propuso una serie de pasos simples para reducir el riesgo en los hogares: ventilar los ambientes. Aunque el frío invite a mantener todo cerrado, se recomienda renovar el aire cada tanto o dejar al menos una ventana entreabierta, de forma que circule algo de corriente cerca de calefactores y cocinas. Prestar atención al color de la llama. Si hay buen oxígeno en el ambiente, la llama debe ser azul. Una llama de tonos amarillos o anaranjados es una señal de alerta que indica una combustión incompleta. Mantener la instalación de gas en condiciones, revisada por gasistas matriculados. Desde la Facultad son categóricos en este punto: el ahorro que pueda representar contratar a alguien sin matrícula nunca compensa el riesgo para la salud propia y la de quienes conviven en el hogar. La recomendación incluye desconfiar de ofertas informales de gas envasado sin garantías de origen ni control.

La guía, elaborada en su versión 2026, busca instalar estas prácticas como hábitos cotidianos antes del pico de la temporada de frío, cuando el uso de calefacción se intensifica y, con él, el riesgo de intoxicaciones que, según remarcaron desde la propia Facultad, son en su gran mayoría evitables.

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