Semana de la inmunización: la importancia de los esquemas de vacunación

En la última semana de abril, se celebró una nueva edición de la Semana Mundial de la Inmunización. En Argentina, esa conmemoración se enmarcó dentro de la tradicional Semana de Vacunación de las Américas, una campaña que lleva años instalándose en la agenda sanitaria regional con acciones destinadas a promover, visibilizar y reforzar la importancia de las vacunas. Desde el Sistema de Medios Públicos de la UNMDP dialogamos con Analía Rearte, médica epidemióloga y docente de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien advirtió que este año la fecha cobró una relevancia particular debido a un fenómeno que preocupa a las autoridades sanitarias: el descenso sostenido de las coberturas de vacunación en todo el país.

Para Rearte, esa caída representa un riesgo tangible, no solo en términos individuales, sino también colectivos. “Hace varios años que las coberturas de vacunación están en descenso”, explicó, y detalló que esta situación podría facilitar la reintroducción de enfermedades que Argentina ya se habían logrado eliminar. El ejemplo más contundente es el del sarampión: una patología que, gracias a las campañas de inmunización masiva, había dejado de circular en el país, pero que sigue presente en otras regiones del mundo. Según precisó, un solo caso importado puede bastar para activar un brote, tal como sucedió recientemente en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Ese riesgo latente, subrayó la especialista, se vincula de manera directa con la pérdida de cobertura. En otras palabras: cuanto menor es el porcentaje de personas vacunadas, mayor es la vulnerabilidad del sistema colectivo de protección. “No tener las coberturas de vacunación adecuadas hace que podamos estar en riesgo de reintroducir enfermedades o que muchas enfermedades que tenemos controladas vuelvan a tener impacto”, señaló.

El calendario nacional, recordó Rearte, es uno de los más amplios del mundo. Incluye vacunas que permitieron reducir significativamente la gravedad, la mortalidad y las hospitalizaciones por neumonías, meningitis y coqueluche, también conocida como tos convulsa. Todos esos avances, dijo, fueron posibles gracias a las políticas de inmunización. Sin embargo, el éxito acumulado en décadas de prevención parece haber tenido un efecto paradojal: la disminución del riesgo llevó a una pérdida de conciencia social. “Las vacunas son una estrategia de salud pública que tiene mucho impacto. Después del agua potable, es la estrategia que más vidas salvó a nivel mundial”, enfatizó y agregó: “Pero justamente ese éxito, hizo que las nuevas generaciones olvidaran el peligro que implican las enfermedades que las vacunas supieron erradicar.

“Hoy nosotros ya, como papás o mamás, no nos preocupamos por si nuestro hijo va a la escuela y vuelve con poliomielitis o con sarampión. O si estoy embarazada, por si no tengo rubéola y tengo las consecuencias de una rubéola congénita”, ejemplificó. Esa falta de preocupación, que en principio podría interpretarse como una buena señal, es para Rearte una de las causas profundas de la despriorización. En su diagnóstico, el problema actual no reside en una falta de confianza hacia las vacunas, como sucede en otros países con movimientos antivacunas activos, sino en una cuestión más sutil: la postergación.

Las vacunas en todas las etapas de la vida

Durante décadas, la vacunación fue percibida socialmente como una acción exclusiva de la infancia. En ese marco, las campañas se orientaron fundamentalmente a madres, padres y tutores, con foco en las etapas tempranas del crecimiento. Esa concepción, según Rearte, ya quedó obsoleta. “Originalmente, a lo que estábamos acostumbrados era a que el calendario era para los chicos. Hoy ya tenemos un calendario con más de 20 vacunas para todas las etapas de la vida”, explicó.

El cambio es sustancial: la inmunización dejó de ser una cuestión infantil para convertirse en una responsabilidad compartida entre todas las edades. Los infantes menores de cinco años siguen siendo una población clave, dado que deben ser protegidos de múltiples enfermedades graves. Sin embargo, también se incluyeron vacunas para adolescentes, personas gestantes, adultos y adultas mayores.

En el caso de los adolescentes, Rearte hizo especial hincapié en la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), principal causa de cáncer de cuello de útero. Se trata, recordó, de uno de los tipos de cáncer más frecuentes en mujeres en Argentina. “Vacunarse para el HPV es fundamental”, insistió.

A su vez, las personas gestantes conforman otro grupo prioritario. Las vacunas en esta etapa cumplen una doble función: protegen tanto a la persona gestante como al bebé por nacer. Rearte mencionó como ejemplo el caso de la bronquiolitis, una enfermedad respiratoria que puede derivar en hospitalizaciones en recién nacidos. “Protegemos a las personas gestantes, que tienen más riesgo de hacer enfermedad grave, pero también a sus bebés recién nacidos”, explicó.

En cuanto a los adultos mayores, la especialista señaló que constituyen un grupo especialmente vulnerable ante enfermedades como la gripe o la neumonía. Las vacunas disponibles son gratuitas y forman parte del calendario nacional. “Hoy tienen esa vacuna gratuita, accesible en el calendario”, detalló. A eso se suman las vacunas recomendadas para todos los adultos, como la antitetánica. “Todos los adultos tenemos que tener puesta nuestra vacuna antitetánica”, remarcó. Aunque parezca una enfermedad del pasado, el tétanos sigue registrando casos en el país. De allí, su importancia.

Según Rearte, la clave está en comprender que vacunarse no es sólo un acto de autocuidado, sino también de solidaridad social. Cada vez que una persona se vacuna, se protege a sí misma, pero también contribuye al fortalecimiento de una barrera colectiva contra la circulación de virus y bacterias. “La importancia de la actitud que tomemos contribuye fuertemente a tener una población más sana”, afirmó.

Coberturas por debajo de lo esperado

Uno de los objetivos históricos de los programas de vacunación es alcanzar coberturas de al menos el 95% de la población. Esa cifra no es caprichosa: representa el umbral que permite asegurar la inmunidad colectiva, es decir, una protección general incluso para quienes por razones médicas no pueden vacunarse. En el caso del sarampión, por ejemplo, dos dosis con una cobertura del 95% son suficientes para evitar su reintroducción en la comunidad.

Sin embargo, en la actualidad, ese objetivo está lejos de cumplirse. “Dependiendo de la vacuna y del grupo de edad, tenemos vacunas que están en el 70%, tenemos vacunas que están en el 60%, algunas por ahí en el 80%”, detalló Rearte. Según explicó, la gran mayoría, están por debajo de las coberturas esperadas. Este descenso no responde, en general, a movimientos de rechazo o desconfianza como ocurre en otros países, sino a una cuestión de hábito, de tiempo, de falta de prioridad. “Lo que nos está pasando es que no lo estamos priorizando, que no lo ponemos en agenda y que no nos tomamos ese ratito”, subrayó.

En ese contexto, la epidemióloga insistió en la necesidad de aprovechar espacios como la Semana de Vacunación de las Américas para generar conciencia. Volver a poner el tema en circulación, recordó, puede ser determinante. “Son muy importante estos momentos para volver a poner en agenda, para volver a hablar y recordar que es un ratito nada más de nuestro tiempo”, sostuvo. La accesibilidad, remarcó, no debería ser una barrera: los vacunatorios son gratuitos, no se requiere tener el documento del centro de salud donde se atiende la persona, y es posible completar esquemas atrasados sin penalizaciones. “Nadie te va a retar, los esquemas se completan”, aclaró.

Rearte insistió en un punto nodal: en Argentina, no hay un problema de confianza en las vacunas. “Somos una población que cree mucho en las vacunas”, aseguró. El desafío, por tanto, no es recuperar la fe, sino la prioridad. Recordar, una vez más, que detrás de cada vacuna hay una vida protegida. Y que bastan apenas unos minutos para hacer la diferencia.

También puede gustarle...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *