El acoso no termina en el recreo: bullying, salud mental y educación en tiempos de hiperconectividad
El acoso escolar o bullying no puede entenderse como un simple conflicto entre dos personas. Los conflictos interpersonales existen y forman parte de la vida escolar cotidiana. Son situaciones puntuales, a veces inevitables, que requieren que las instituciones enseñen a gestionarlos. El bullying, en cambio, es un fenómeno sistemático y sostenido en el tiempo, donde los roles suelen ser fijos: un niño, niña o adolescente que acosa (solo o en grupo), otro que es acosado y un entorno que observa, calla o refuerza.
Desde una mirada más compleja, no se trata de pensar en términos de víctima y victimario, sino de reconocer un emergente relacional, institucional y grupal. El entorno es clave. No solo por la naturalización de ciertas prácticas violentas, sino por la posición de los espectadores. Los estudios más eficaces en materia de abordaje del bullying han demostrado que el grupo de pares cumple un rol fundamental.
Desde el Sistema de Medios Públicos de la UNMDP dialogamos con Mariela Pérez Lalli, Lic. Licenciada en Psicología, especialista en Evaluación y Diagnóstico Psicológico y diplomada en Género, Diversidades y Territorios. Al respecto, Pérez Lalli sostuvo: “Muchos chicos y chicas no participan directamente del acoso, pero permanecen como testigos pasivos, a veces por miedo a implicarse, otras por desconocimiento. Desactivar esos roles pasivos es uno de los primeros pasos para intervenir con eficacia”.
Abordar el bullying desde una perspectiva global y compleja permite entender que el sufrimiento no es exclusivo de quien es acosado. “También quienes ejercen el acoso invierten energía en esa conducta, transitando un tipo de malestar o conflicto interno” dijo la psicóloga. Por eso, al menos dos personas están afectadas, y además el grupo que rodea la situación.
Esto convierte al bullying en un problema de salud mental comunitaria, no solo individual. El impacto no se limita a las víctimas, sino que afecta al ambiente escolar y social en su conjunto. Por lo tanto, cualquier intervención debe incluir no sólo a quienes sufren el acoso, sino también a quienes lo ejercen y al grupo de pares.
Conductas aprendidas y la impronta digital
El bullying es una conducta aprendida y validada culturalmente. Durante mucho tiempo, estaba naturalizado: “se aceptaba que siempre hubo alguien a quien se cargaba” remarcó la Lic. en Psicología. Este tipo de conductas se consolidan y refuerzan dentro de contextos sociales donde la burla y la exclusión son toleradas o celebradas.
Con la llegada de las redes sociales, el bullying adquirió una nueva dimensión: el ciberbullying. Este fenómeno masificó el acoso y eliminó sus límites temporales y espaciales. “Ya no es necesario estar en el aula o el recreo, el acoso puede llegar en cualquier momento y lugar, incluso a altas horas de la noche o mientras la persona está de viaje” advirtió Pérez Lalli.

El daño generado por el ciberbullying persiste, incluso cuando la situación de acoso presencial se detiene. Además, se han detectado casos en que la víctima en el espacio físico se convierte en agresor en el virtual, agregando complejidad al fenómeno.
Impacto en el aprendizaje y el desarrollo
El acoso entre pares impide la posibilidad de aprender en condiciones adecuadas. No es necesario ser la víctima directa para que un niño o adolescente sufra las consecuencias: estar en un entorno hostil afecta la concentración, el bienestar y la motivación. La mente debe procesar las emociones negativas, lo que limita su capacidad para centrarse en el aprendizaje.
Por esta razón, la presencia de bullying es un problema central para las instituciones educativas, no un asunto secundario. “Cuando un docente observa a un alumno con señales de malestar, como ojos llorosos, debe detenerse y atender esa situación, porque el contexto emocional afecta directamente el proceso de enseñanza-aprendizaje” reconoció la licenciada.
Consecuencias del bullying en la salud mental
Las consecuencias del bullying son diversas y dependen de cómo cada persona vive y procesa la situación. La psicóloga Mariela Pérez Lalli señaló: “Puedo ser acosada y eso generarme mucha hostilidad y terminar acosando, puede generarme angustia, puede generarme dificultades para concentrarme, puede generarme tendencias evitativas, no querer estar en ese lugar”. Además, aclaró que, en algunos casos, estas vivencias pueden derivar en “depresiones, en trastornos de ansiedad, incluso sabemos que ha que ha llevado a situaciones de suicidio”.

Aunque no es posible afirmar que el bullying cause directamente un suicidio, Pérez Lalli remarcó que “esa situación genera tanto malestar y tanto padecimiento que además, quizás no tienen red de apoyo, no pueden ser ayudados o sí pudieron ser ayudados, pero no se encontraron las maneras o no fue posible por la gravedad de cómo se estaban metabolizando esas emociones, y desencadenó en un suicidio”.
Herramientas para padres y familias: el diálogo como prevención
En el rol familiar, la psicóloga destacó que las herramientas preventivas más importantes son “el diálogo, pero un diálogo profundo que no tiene por qué ser constante, que no tiene por qué ser en cantidad”. Para que sea efectivo, ese diálogo debe conectar “desde su perspectiva, sin juzgar, valorando sus palabras cuando nos hacen una pregunta, repreguntando desde qué lugar lo hacen”.
Pérez Lalli insistió en la importancia de detectar señales como “cambios en la alimentación, cambios en el rendimiento escolar, a veces es muy difícil porque la adolescencia en sí misma tiene cambios””.
Además, destacó la importancia de empezar a instalar la idea de la consulta psicológica. “La consulta psicológica tiene que empezar a instalarse como una orientación” destacó.
Herramientas para docentes: guías, formación y la importancia del trabajo institucional
Desde la perspectiva pedagógica, la psicóloga destacó que existen herramientas oficiales y guías para abordar el bullying, que provienen de organismos estatales. “Hay documentos que baja el ministerio, que baja el estado en el que se dice de qué manera se puede intervenir como guías de actuación”, explicó.
En el caso particular de la Universidad FASTA, Pérez Lalli señaló: “Trabajamos en el Infolab, que es el Laboratorio de Investigación y Desarrollo de Tecnología en Informática Forense y hemos desarrollado una guía de actuación para situaciones de violencias digitales en las aulas, como ciertos pasos a seguir cuando se detecta la situación e implicarme, poder preguntar, poder hablar con otros antes de intervenir, porque a veces la primera intención es decirlo en el grupo, pero dejamos expuesta a la persona y esto genera consecuencias peores”.
La especialista remarcó que el rol del docente no debe ser individual ni solitario. “El docente solo no puede. El acoso entre pares menores de edad es un asunto de estado, porque no es una cuestión individual y requiere políticas de intervención”, añadió.
Pérez Lalli reconoció que, a pesar de la existencia de jornadas de formación y capacitaciones, “los docentes terminan sintiéndose solos en esto, a pesar de que hay protocolos de actuación, se sienten solos con la situación que la ven muy grave y no pueden abordarla”.
El impacto de las redes y el ciberbullying: un nuevo escenario de acoso
La psicóloga explicó que “el tema de las redes sociales ha dado una impronta absolutamente distinta a lo que era el bullying”. Las nuevas tecnologías masificaron el acoso y lo volvieron ubicuo, porque “ya no tiene límites temporales y espaciales, vos podés a las 3 de la mañana de viaje con tu familia y recibir esto”.
Además, el daño persiste aunque quien inició el acoso decida cesar, porque “no se puede frenar todo lo que está difundido, así que sigue teniendo efectos incluso más allá de quien en su momento lo dijo”.

Sobre las diferencias entre roles en lo presencial y lo virtual, Pérez Lalli comentó que “no específicamente los mismos roles que se dan en lo presencial, se dan en lo virtual. Se ha visto en algunas ocasiones que personas que son acosadas en lo presencial son acosadores en lo virtual”.
Este escenario complejo exige que “adultos a cargo de la crianza, educadores, no podamos quedarnos en ‘esto pasa en casa’, ‘esto pasa en el colegio’, porque ya esos límites están difusos y el tema central es la salud mental de esos niños, niñas y adolescentes”.
El marco jurídico y las políticas públicas contra el bullying en Argentina y Mar del Plata
En Argentina, el bullying no está tipificado como delito penal, pero sí es abordado desde la perspectiva de los derechos de niños, niñas y adolescentes y la salud mental. La Ley Nacional N° 26.892, sancionada en 2013, establece un marco para promover la convivencia pacífica y prevenir la violencia en las instituciones educativas. Esta normativa fija principios como el respeto a la dignidad, la resolución no violenta de los conflictos y la promoción de ambientes escolares saludables.
A nivel provincial, la Ley N° 14.750 de Buenos Aires complementa esta regulación, promoviendo la intervención institucional y el abordaje de la conflictividad social en las escuelas. En la ciudad de Mar del Plata, la Municipalidad impulsa programas preventivos específicos, como el Programa Municipal sobre Bullying, Grooming y Uso Responsable de Redes Sociales, que desarrolla actividades de concientización en las escuelas para fomentar la convivencia y prevenir el acoso.
Estos marcos legales e institucionales evidencian un reconocimiento de la problemática desde el Estado, aunque la efectividad de las intervenciones depende de la articulación entre familias, escuelas y organismos sociales. La ausencia de una tipificación penal directa para el bullying, a diferencia de otros delitos digitales como el grooming, complejiza aún más el abordaje, exigiendo estrategias integrales de prevención y acompañamiento.
Prevención: el diálogo y la escucha activa como ejes fundamentales
Para la prevención del bullying, Pérez Lalli enfatizó que “el diálogo es irremplazable”. No se trata solo de preguntar “cómo te fue en el colegio” sino de indagar en “cómo estoy transitando mis espacios sociales, qué hago en las redes, qué me gusta, qué no me gusta”.
Destacó además que “los niños, las niñas y adolescentes a veces dicen las cosas de maneras distintas, por eso la escucha no es solo hablar, es estar ahí, darle lugar a eso que por ahí para mí no tiene ningún sentido”. Esa escucha debe ser “sin juzgar”, para que se sientan habilitados a compartir lo que les preocupa.
La psicóloga subrayó que “aunque yo no sepa ni cómo se maneja un celular, hay algo que es irremplazable que le puedo dar como adulto o adulta, que es pensamiento crítico, autocuidado, reflexividad, autonomía”.
Asimismo, alertó sobre la falsa creencia de que “porque está en mi casa, no está en riesgo”, cuando en realidad el mayor riesgo está en esa falsa sensación de seguridad. “Lo virtual es real y tiene impacto en lo físico”, señaló, haciendo referencia a casos de sexting y desafíos virales con consecuencias reales para la salud.
Estrategias de cuidado: prevenir con regulación y autonomía
Respecto a las estrategias para cuidar y proteger a niños, niñas y adolescentes, la especialista explicó que “las estrategias restrictivas no son de ninguna manera tan eficaces como las regulatorias, como las preventivas y que tienen que ver con el diálogo, que tienen que ver con la promoción de la autonomía, la reflexividad, etcétera”.
Pérez Lalli mencionó un caso particular que evidencia la complejidad de las violencias digitales: “Teníamos una niña que había sido víctima de grooming y ella estaba queriendo seguir en contacto con este hombre y logró hacerlo a través de un Smart TV. Ella encontró la manera”. Esta situación ilustra que “no es suficiente instalar controles o aplicaciones restrictivas”, sino que “la mejor estrategia es el pensamiento crítico y la reflexión acompañada”.
El bullying y el ciberbullying son fenómenos que requieren abordajes complejos, que incluyan la salud mental, la educación, la familia y la regulación institucional. La psicóloga Mariela Pérez Lalli sintetizó esta idea al afirmar que “el acoso entre pares menores de edad es un asunto de estado porque no es una cuestión individual y requiere políticas de intervención”.
Para enfrentar esta problemática es imprescindible derribar falsas creencias, promover la escucha activa, brindar herramientas preventivas desde el diálogo y garantizar acompañamiento profesional oportuno.
