Una solución para el agua contaminada de Vaca Muerta: el proyecto marplatense que ganó el Premio Energía 360°
El desafío energético argentino no solo se mide en producción de gas y petróleo: también se juega en la gestión del agua. En yacimientos no convencionales como Vaca Muerta, la fractura hidráulica requiere volúmenes monumentales de agua dulce —entre 10 y 50 millones de litros por pozo— y devuelve una parte de ese líquido en forma de flowback, una mezcla altamente contaminada con sales, hidrocarburos, metales pesados y químicos que hoy suele terminar reinyectada en pozos sumideros.
Ese modo de gestión, costoso y ambientalmente limitado, fue justamente el punto de partida del proyecto que acaba de recibir el Premio Energía 360°: Innovación para el Futuro Energético, impulsado por Y-TEC. El trabajo, presentado por Georgina Corti Monzón (CONICET), Silvia Murialdo (CIC Buenos Aires) y Pablo Moens desde Ludo Ingeniería, propone un tratamiento combinando procesos físico-químicos y biológicos capaz de recuperar el agua y devolverla al circuito productivo.
“Estamos muy contentos. Vimos la convocatoria y la oportunidad de presentar una propuesta que realmente respondiera a un problema concreto: cómo tratar el agua de flowback en la cuenca neuquina”, explica Corti Monzón. El equipo fue seleccionado como ganador del Eje 1, dedicado a soluciones de eficiencia energética y optimización de recursos.
El reconocimiento incluye 5.000 dólares y un paquete de asesoramiento técnico y legal valorado especialmente por los investigadores. “El premio incluye entre 10 y 15 horas de asesoramiento con abogados especialistas en propiedad intelectual y técnicos de patentes. Eso abre puertas para avanzar hacia la transferencia técnica y la protección del desarrollo”, detalla Corti Monzón.

Una mirada diferente: tratamientos biológicos para una industria dominada por la química
La innovación del proyecto no radica solamente en el objetivo de reutilizar el agua, sino en el cómo. Los tratamientos convencionales se basan en procesos físicos y en el agregado de aditivos químicos, muchas veces costosos y con riesgos operativos. La propuesta premiada propone un enfoque diferente.
Silvia Murialdo, investigadora de la CIC en el Grupo de Ingeniería Bioquímica del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Ambientes (CITAA), explica: “Nosotros trabajamos desde hace años en el tratamiento de efluentes contaminados. Lo que buscamos es devolver el agua al ambiente de forma sustentable. A veces incluso podemos amortizar gastos del tratamiento generando nuevos productos”.
La clave en este caso fue construir un sistema híbrido. “La particularidad de este proyecto es la combinación de tratamientos biológicos con filtros acoplados, en colaboración con Ludo Ingeniería. Así reducimos la carga contaminante —hidrocarburos, metales, sales, sólidos disueltos— que hoy impide reutilizar el flowback en nuevas fracturas”, detalla Murialdo.
Para dimensionar el desafío, alcanza un dato: entre el 10 y el 20% del agua utilizada en la fractura vuelve como flowback, lo que representa millones de litros por pozo que requieren tratamiento inmediato.
El método desarrollado permite acondicionar ese volumen y transformarlo en agua apta para reuso industrial, reduciendo costos logísticos, minimizando la necesidad de agua dulce y evitando la disposición final en pozos sumideros.

De la investigación al campo: una historia de colaboración
El origen del proyecto mezcla ciencia, oportunidad y vínculo con el sector privado. Murialdo cuenta que la relación con Ludo Ingeniería comenzó hace años: “La empresa diseña equipos para remover hidrocarburos, principalmente para barcos y algunas instalaciones en tierra. Pero esos equipos no tenían un sistema biológico acoplado, que es lo que nosotros podíamos aportar”.
Esa complementariedad fue la que despertó la posibilidad de trasladar lo aprendido en el tratamiento de efluentes a una problemática urgente para la industria energética. “En una charla en un congreso se acercaron, nos contaron sus necesidades y comenzamos a trabajar. De ahí surgió la idea de presentar un proyecto específicamente orientado al agua de flowback”, recuerda Murialdo.
Hoy, después del reconocimiento de Y-TEC, el equipo ve un horizonte más amplio. Si bien la propuesta está pensada principalmente para Vaca Muerta, tiene potencial de aplicación en otros yacimientos de shale y en industrias que generen efluentes con alta presencia de hidrocarburos.
“Este reconocimiento es muy motivador porque valida el potencial real del proyecto. Abre oportunidades para seguir desarrollándolo, avanzar hacia pruebas piloto e implementar la tecnología en el sector productivo. En lo personal, es una gran satisfacción que una solución nacida desde la investigación pueda proyectarse hacia la innovación aplicada”, concluye Corti Monzón.
