Del golpe en las calles al silencio en las aulas: memorias de la dictadura en la UNMDP

Por Victoria Herrera para el #MediaLab de Portal Universidad

A 50 años del golpe de Estado, integrantes de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), reconstruyen cómo vivieron el inicio de la dictadura, el impacto de las desapariciones dentro de sus familias y el clima de control que atravesaba las universidades durante esos años.

El 24 de marzo y el comienzo del miedo

El 24 de marzo de 1976 encontró a Mónica Biasone, rectora de la UNMDP, en segundo año del secundario. Tenía 14 años y vivía en Mar del Plata. Recuerda que en esos días ya se percibía un clima distinto, cargado de tensión y de incertidumbre. “Se sentía como un clima raro, un clima hostil, un clima de mucha protesta, de mucho conflicto. Sentíamos que algo iba a pasar”, contó.

Después del golpe, la vida cotidiana dentro de la escuela cambió rápidamente. Los controles sobre los estudiantes empezaron a formar parte de la rutina. Revisaban cómo iban vestidos, el largo del pelo, el maquillaje y hasta la manera de presentarse dentro del colegio.

Nos controlaban al ingreso. Nos controlaban el largo de las faldas, que no fuéramos maquilladas, que no fuéramos con las uñas pintadas. A los varones el largo del cabello, cómo íbamos vestidos en general para ingresar al establecimiento”, recuerda.

Pero lo que más quedó marcado en su memoria fueron las razias dentro de la escuela: “Entraba el Ejército armado, estábamos en los bancos, nos hacían salir del aula y nos paraban en el patio durante una hora, hora y media, mientras revisaban lo que traíamos, nuestras mochilas, nuestras carteras y el material que dejábamos en el banco. Se murmuraba que se habían llevado a compañeros nuestros de quinto año. No recuerdo sus nombres. Y bueno, uno puede adivinar cuál fue su futuro”.

Mónica Biasone – Rectora UNMDP

Pedro Sanllorenti, docente de la UNMDP e integrante de la Asociación de Docentes Universitarios Marplatenses (ADUM), durante ese tiempo se encontraba viviendo en la ciudad de Tandil.

Pedro Sanllorenti – Docente UNMDP

“El 24 de marzo del 76 me encontró yendo a la escuela y al ir caminando vi los tanques de guerra parados frente a la municipalidad, apuntando a la municipalidad que está a la vuelta del colegio al que iba”.

A partir de ese momento, los comunicados militares comenzaron a ocupar un lugar central en la vida cotidiana. “Se emitían diariamente los comunicados de la Junta de Comandantes por radio, que daban directivas, órdenes y comunicaban que habían tomado el control del país”.

Desapariciones en primera persona

La violencia estatal pronto empezó a sentirse con fuerza dentro de las familias. En el caso de Biasone, el golpe llegó de manera directa en noviembre de 1977, cuando desapareció su primo Roberto Evangelista. “Recuerdo que estábamos cenando en casa y vemos en la tele la foto de mi primo. En ese momento era muy habitual ver fotos de personas y con el título ‘Llamado a la solidaridad’. Él salió a trabajar y nunca más lo vimos”.

Y agregó: “Eso sí marcó en lo personal a nuestra familia y también me marcó a mí a los 14 años. Fue un antes y un después para mi familia en particular, pero como para muchas familias de esta ciudad y de este país”.

La historia de Sanllorenti también quedó atravesada por la desaparición de su hermana María Eugenia estudiaba en La Plata que había sido madre hacía apenas dos semanas cuando fue secuestrada. Durante décadas no supieron qué había ocurrido con ella.

Recién 35 años después pudieron reconstruir parte de la historia gracias a las investigaciones sobre detenidos desaparecidos y a las muestras de sangre aportadas por familiares. “Tanto mi mamá como yo donamos sangre y eso fue lo que permitió la identificación 35 años después de los restos de María Eugenia”.

La investigación permitió conocer que había sido una de las víctimas de lo que luego se conoció como “la masacre de fin de año”.

La universidad durante la dictadura

Cuando ambos ingresaron a la universidad, la lógica represiva seguía presente dentro de las facultades. Biasone comenzó sus estudios en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales a comienzos de los años 80 y recuerda una universidad completamente distinta a la actual.

La facultad no era como la conocemos ahora. No había carteles, no había discusión, no había cátedra libre. No había centro de estudiantes, no existía el co-gobierno”.

Las autoridades eran designadas por la dictadura y todavía persistían mecanismos de control sobre estudiantes y docentes.

Sanllorenti recuerda que ingresar a la universidad también implicaba atravesar
restricciones y controles permanentes. Había exámenes obligatorios, cupos limitados y aranceles. “En Biología éramos 300 postulantes y había 65 lugares”.

Una vez dentro, el sistema seguía funcionando bajo una lógica de fuerte disciplinamiento: “Había exigencias imposibles de cumplir. Había que aprobar todos los trabajos prácticos, llevar materiales de un día para el otro y además te tomaban parcialitos para cada una de las cosas”.

La recuperación democrática y la reconstrucción universitaria

La Guerra de Malvinas empezó a modificar el clima dentro de las universidades y abrió espacios de participación que hasta ese momento parecían imposibles.

A mi generación nos atravesó la Guerra de Malvinas y también ese fue un antes y un después”, sostiene Biasone, “Muchos estuvieron en el campo de batalla. Algunos volvieron y otros no volvieron”.

A partir de ese momento comenzaron a surgir reuniones y actividades dentro de las facultades. “Nos empezábamos a juntar, empezábamos a pensar que había otra posibilidad”.

Con la recuperación democrática en 1983 comenzó también la reorganización política y estudiantil dentro de las universidades.

Había todo por hacer. Teníamos que repensar algo que nosotros no habíamos vivido”, recordó Biasone.

En esos años volvieron los centros de estudiantes, el co-gobierno y las discusiones políticas dentro de las facultades. “No solamente creamos los primeros centros de estudiantes, sino que recreamos la Federación Universitaria Marplatense”, señaló.

Sanllorenti también participó de ese proceso y relata los primeros pasos de organización estudiantil y sindical dentro de la universidad democrática.

Recién en el 83 pudimos empezar a organizarnos para tener nuestros delegados como nosotros hubiéramos querido”.

En paralelo comenzó a consolidarse ADUM, el gremio docente universitario marplatense. “El gremio nace muy pegado a la recuperación de la democracia, entonces en su ADN siempre estuvo la participación en todo aquello que tuviera que ver con la necesidad de recordar lo que había pasado”.

La memoria dentro de la universidad

A 50 años del golpe, ambos coinciden en la importancia de seguir sosteniendo la memoria dentro de las universidades y de transmitir esas historias a las nuevas generaciones.

“Cada cinco años se renueva prácticamente toda la población de estudiantes que tiene la universidad y si no estamos hablando de esto de manera permanente, se pierde lo que pasó”, advierte Sanllorenti.

Biasone, por su parte, sostuvo que recordar tiene sentido solamente si sirve para defender la democracia en el presente.

Recordar no es para quedarnos en el pasado. Es para poder vislumbrar un presente y un futuro donde no se repita lo que pasó”.

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata

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