El “ningunismo”: qué hay detrás del 42% que no se identifica con ningún partido político

De cara a las elecciones de 2027, el escenario político argentino presenta un fenómeno que podría tener un peso significativo en la competencia electoral: una parte cada vez mayor de la ciudadanía se distancia de las identidades partidarias tradicionales. Según un informe del Observatorio Pulsar de la UBA, el 42% de los argentinos no se identifica con ningún partido o espacio político, el valor más alto registrado por el observatorio desde 2023.

Pulsar denomina a este fenómeno “ningunismo político” y señala que atraviesa edades, géneros y niveles educativos diversos. El mismo estudio muestra, además, que el 63% declara tener poco o ningún interés por la política. Sin embargo, ambos fenómenos no deben confundirse: no identificarse con un partido no implica necesariamente carecer de opiniones políticas.

Para comprender qué significa este fenómeno y cuáles podrían ser sus consecuencias electorales, Portal Universidad dialogó con Franco Della Vella, politólogo y subsecretario de Gestión Operativa de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP).

¿Qué es el “ningunismo”?

Della Vella lo define así: “Es una categoría que principalmente engloba a un sector cada vez más preponderante dentro de la opinión pública, que no se siente identificado con ninguna fuerza política”.

Lic. Franco Della Vella – Subsecretario de Gestión Operativa (FH-UNMDP)

El politólogo advierte, sin embargo, que detrás de ese 42% no existe un bloque político uniforme. El universo reúne personas de diferentes edades, géneros y niveles socioeconómicos, con intereses que incluso pueden ser contrapuestos.

“Lo que está por debajo es bastante heterogéneo”, señala. “Sí lo que es homogénea es la falta de identificación con un espacio político definido, con una ideología, pero es un electorado bastante diverso”.

Por eso, el “ningunismo” no debe interpretarse automáticamente como una nueva fuerza política ni como un electorado que necesariamente votará en bloque por una tercera opción. El interrogante es, precisamente, si esa diversidad puede ser representada por una oferta electoral común.

No identificarse con un partido tampoco significa ser moderado

Uno de los puntos centrales del informe de Pulsar es que la ausencia de identificación partidaria no equivale necesariamente a una posición política moderada. El estudio señala que, en una escala de 1 a 10, la sociedad argentina se ubica en un promedio ideológico de 5,3, mientras que quienes no se identifican con partidos se ubican en 5,1. Para el observatorio, el centro aparece más como un “refugio” o un “no lugar” que como una posición política necesariamente moderada.

Della Vella coincide en que esta distinción es importante. Considera necesario ir más allá de la autopercepción y preguntar por posiciones concretas frente a distintas políticas públicas. Una persona puede definirse como de centro y, sin embargo, sostener posiciones muy cercanas a uno de los extremos en determinados temas.

“Generalmente está mal visto autopercibirse de extrema derecha o extrema izquierda, entonces es más políticamente correcto decir ‘yo soy moderado, soy de centro’”, plantea. Por eso, considera que futuras mediciones deberían complementar la autodefinición ideológica con preguntas sobre economía, intervención estatal y otras cuestiones concretas.

La precisión resulta relevante porque evita una interpretación simplificada del fenómeno: el “ningunismo” describe una relación con las identidades políticas, no necesariamente una ideología compartida.

En su análisis, Della Vella retoma una categoría planteada por el analista Pablo Knopoff: el “siperismo”, que describe a votantes que apoyan el rumbo general del Gobierno pero reclaman mayor apego a las instituciones, respeto por la división de poderes y cumplimiento de normativas como la Ley de Financiamiento Universitario. Según el politólogo, el deterioro de las expectativas provocó que parte de ese electorado migrara del apoyo crítico directamente al “ningunismo”, alejándose tanto del oficialismo como de las alternativas del pasado.

Según su interpretación, algunos de esos votantes habrían transitado posteriormente hacia el “ningunismo” a partir de una pérdida de confianza

Para Della Vella, el motor principal de este distanciamiento radica en el bolsillo. El politólogo advierte que los discursos polarizantes y la narrativa de la “batalla cultural” pierden efectividad cuando las mejoras macroeconómicas no se traducen en la economía diaria. “Aunque la inflación desacelere respecto de picos anteriores, el poder adquisitivo se derrumbó entre un 30% y un 40%”, remarca, y señala que el desencanto se profundiza en sectores de clase media y trabajadora que ven amenazado su nivel de vida frente a un modelo económico que dinamiza actividades de enclave pero no genera empleo masivo ni de calidad.

Así, la falta de respuestas materiales y el descontento en la microeconomía terminan consolidando la desafección: votantes que acompañaron opciones de cambio en 2023 se repliegan en la falta de identificación partidaria al no encontrar soluciones a sus demandas cotidianas.

Sin embargo, Della Vella remarca que esa explicación no alcanza para describir a todo el universo de los “ningunistas”. En su perspectiva, se trata de una parte del fenómeno, mientras que la composición general es mucho más diversa.

¿Puede el “ningunismo” convertirse en una opción electoral?

La existencia de un 42% de personas que no se identifica con partidos plantea una pregunta evidente: ¿puede ese universo transformarse en una fuerza electoral capaz de inclinar una elección?

Della Vella sostiene que todavía no existe una respuesta definida. Una posibilidad es que aparezcan nuevos liderazgos, incluso figuras ajenas a las estructuras partidarias tradicionales, capaces de captar parte de ese electorado. En este sentido, el politólogo menciona el fenómeno de los “outsiders”, dirigentes provenientes de otros ámbitos que pueden presentarse como alternativas a la oferta política existente. Otra posibilidad es que, una vez definida la oferta electoral, una parte de quienes hoy no se identifican con ningún espacio vuelva a elegir alguno de los partidos existentes.

En la entrevista, Della Vella ubica entre los posibles outsiders a figuras provenientes de ámbitos como el deporte, los medios, el empresariado y el mundo religioso, y plantea que su aparición puede estar relacionada con el espacio que deja un electorado desafectado de las fuerzas tradicionales.

“Va a cambiar mucho la oferta”, advierte. En su análisis, no es lo mismo que el peronismo concurra dividido o con una candidatura unificada, ni que la competencia se estructure de una determinada manera entre el peronismo, el oficialismo y otras alternativas.

Por eso, más que un electorado que ya tenga un destino definido, el “ningunismo” puede entenderse como un gran espacio de incertidumbre electoral.

Para Della Vella, además, el resultado de la próxima elección no dependerá exclusivamente de quiénes sean los candidatos.

La organización del proceso electoral puede modificar los incentivos de los partidos y el comportamiento de los votantes. Entre los factores que menciona aparecen la realización o no de las PASO, la posibilidad de que la provincia de Buenos Aires desdoble sus comicios, la utilización de la boleta única de papel, la eventual realización de elecciones concurrentes y el papel de los intendentes.

La provincia de Buenos Aires tendrá un peso particular por su participación en el padrón nacional, y el modo en que organice sus elecciones puede modificar el efecto de arrastre entre las distintas categorías y niveles de gobierno.

En otras palabras, el tamaño del “ningunismo” no permite anticipar por sí solo el resultado de 2027. Su peso dependerá también de qué candidatos compitan, qué temas dominen la campaña y cómo esté organizado el sistema electoral.

Un fenómeno que tiene antecedentes

La distancia respecto de las identidades partidarias tradicionales tampoco apareció de manera repentina.

Della Vella observa una transformación progresiva del sistema de identificaciones políticas. Durante buena parte del período democrático reciente, el eje principal estuvo organizado alrededor de la oposición entre peronismo y no peronismo. Con el paso del tiempo, esa división fue modificándose con la aparición de nuevas ofertas electorales.

En ese proceso, parte del electorado de Juntos por el Cambio migró hacia La Libertad Avanza y ambas bases electorales llegaron a superponerse en determinados segmentos. Después de las últimas elecciones, sostiene el politólogo, una porción de esos votantes habría quedado nuevamente sin una identificación partidaria definida.

El interrogante hacia 2027, entonces, no es solamente quién podrá conquistar a quienes hoy se sienten representados por un partido, sino también quién logrará interpretar —o volver a interpretar— a quienes dejaron de sentirse parte de alguna de las principales ofertas políticas.

Della Vella resume el escenario con una imagen tomada del ajedrez: “Las blancas” las tienen Kicillof, Cristina y Milei, pero hasta ahora “todos amagan” y ninguno parece dispuesto a mover primero.

El “ningunismo”, en ese contexto, no constituye todavía un partido ni una candidatura. Es, sobre todo, una señal de la distancia creciente entre una parte de la sociedad y las estructuras políticas tradicionales. El desafío para los distintos espacios será determinar si esa distancia termina transformándose en abstención, voto cambiante, apoyo crítico o en una nueva alternativa electoral.

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