
Ana Pecoraro, coordinadora del Espacio para la Memoria Faro Punta Mogotes (ex ESIM) e hija de Enrique Pecoraro, docente universitario detenido y desaparecido. Foto: Diego Romero
Ana Pecoraro, coordinadora del Espacio para la Memoria Faro Punta Mogotes (ex ESIM) e hija de Enrique Pecoraro, docente universitario detenido y desaparecido en 1979, explicó en diálogo con Portal Universidad que ex conscriptos de la Armada declararon ante la CONADEP que dentro de la ESIM se les enseñaba que el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” buscaba “combatir a los delincuentes subversivos”.

Entrada actual del Faro de la Memoria. Foto: Conectar Web
Además, señaló que el predio estaba dividido entre el funcionamiento formal de la escuela militar y el área utilizada por el Servicio de Hidrografía Naval, donde permanecían las personas secuestradas. Según esos testimonios, quienes realizaban el servicio militar tenían prohibido circular por determinados sectores y recibían órdenes estrictas de disparar ante cualquier ruido o movimiento sospechoso.
Los relatos de sobrevivientes permitieron reconstruir las condiciones del cautiverio. Las personas permanecían vendadas, esposadas y encapuchadas. En muchos casos les colocaban algodón en los oídos y vendas ajustadas para impedirles escuchar o ver. Algunos de ellos recordaron haber permanecido durante días inmóviles en sillas de mimbre, sin noción del tiempo, mientras sonaba música constantemente para evitar que escucharan gritos o reconocieran voces.

Alberto Pellegrini. Foto: 0223
Alberto Pellegrini, sobreviviente vinculado al centro clandestino que funcionó en el Faro, relató en Portal Universidad: “No creo en dioses pero estoy agradecido porque yo fui a los sótanos y volví. Siempre sentí la obligación de contar lo que viví por los que no volvieron y no pueden contarlo. Podría ser uno más de los 30.000 y no fue así”.
Aún en esas condiciones, muchos detenidos lograban reconocer el sonido del mar, el movimiento del faro o los vehículos que circulaban por la ruta como únicas referencias del exterior. Para muchos sobrevivientes, el sonido del mar fue una de las pocas referencias que les permitía ubicarse durante el cautiverio. El mismo paisaje costero que hoy visitan turistas funcionó entonces como telón de fondo del terrorismo de Estado.
El miedo como herramienta de control
Los testimonios recuperados en el Faro permiten comprender que el terrorismo de Estado no estuvo dirigido únicamente contra organizaciones políticas o militantes, sino que buscó disciplinar al conjunto de la sociedad mediante el miedo.
Muchas de las víctimas eran estudiantes, trabajadores, docentes, sindicalistas o personas vinculadas a organizaciones sociales. La represión también apuntó a desarticular formas de participación colectiva y reclamos laborales.
Sandra García, sobreviviente de la última dictadura, explicó que el objetivo del plan represivo era destruir una sociedad organizada y políticamente activa. Según sostuvo, el miedo fue utilizado de manera sistemática para modificar conductas sociales e instalar el silencio en la vida cotidiana. “Es muy importante que entendamos que cuando una estrategia se convierte en algo planificado, tiene objetivos muy claros. Y el terror tenía como objetivo frenar el espíritu revolucionario de la época, porque era muy potente”
La construcción del llamado “enemigo interno” también formó parte de esa estrategia. Investigaciones históricas y organismos de derechos humanos señalan que numerosos medios de comunicación de la época utilizaban términos como “extremistas”, “subversivos” o “terroristas” para referirse a las víctimas, legitimando públicamente la represión y contribuyendo a naturalizar la violencia estatal.
El silencio comenzó a instalarse entonces como una forma de supervivencia. Muchas familias dejaron de hablar de política, evitaron hacer preguntas o naturalizaron situaciones represivas por temor. Sobre esto, Sandra García señaló que el miedo impuesto durante la dictadura no afectó solamente a las víctimas directas, sino también al conjunto de la sociedad, modificando vínculos cotidianos, prácticas sociales y formas de participación política.
Alberto Pellegrini también vinculó aquellas prácticas represivas con las disputas de poder que atravesaron la historia argentina: “En un momento el poder económico utilizó las fuerzas para imponer su modelo y hoy el poder económico usa otras herramientas para seguir imponiéndolo”.
En este sentido, García añadió que una gran similitud entre la época de la dictadura y las problemáticas actuales es el fenómeno de la naturalización de ciertas prácticas políticas como lo es hoy en día el cierre de la Sala de Prensa de la Casa Rosada. “Además reprimen a los jubilados todos los miércoles y eso se está naturalizando ¿Cómo puede ser que repriman al sector más indefenso y aplastado por las políticas del estado de toda la población y no haya reacción?” Agregó a modo de ejemplo.
Actualmente, el trabajo pedagógico del Faro busca reflexionar sobre esa dimensión social del terror. A través de visitas educativas, actividades culturales y testimonios, el espacio propone vincular pasado y presente para analizar cómo se construyen discursos de odio y cómo determinadas violencias pueden naturalizarse dentro de una sociedad.
De centro clandestino a espacio de memoria
Con el regreso de la democracia en 1983, el predio continuó durante años bajo control de la Armada. La recuperación del espacio fue lenta y estuvo atravesada por disputas políticas y sociales.
Durante la década de 1990, el lugar fue concesionado para instalar un parque de diversiones infantil conocido como “Parque del Faro: Había una vez…”. La decisión generó fuertes cuestionamientos por parte de sobrevivientes y organismos de derechos humanos, que denunciaron el intento de transformar un ex centro clandestino en un espacio recreativo sin reconocer lo ocurrido allí.

Imagen de Google donde se ve como los protestantes exigían por medio de manifestaciones el cierre del parque de diversiones “Había una vez”
“Era imposible pensar en juegos infantiles sobre un lugar donde hubo torturas y desapariciones”, recordó Ana Pecoraro, al referirse a los reclamos impulsados durante aquellos años.
A partir de entonces comenzaron movilizaciones, señalizaciones y proyectos para recuperar el predio como sitio de memoria. Finalmente, en 2014 abrió formalmente sus puertas el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos Faro Punta Mogotes.
Desde entonces, el lugar desarrolla visitas guiadas, investigaciones, actividades artísticas y propuestas educativas destinadas a reflexionar sobre el terrorismo de Estado y sus consecuencias sociales.
Memoria, verdad y democracia
La historia del Faro de la Memoria demuestra que el terrorismo de Estado no solo produjo secuestros, torturas y desapariciones, sino que también transformó profundamente la vida cotidiana de la sociedad marplatense mediante el miedo, el silencio y la desarticulación de los vínculos sociales.
El recorrido posterior del predio evidencia además que la memoria es el resultado de una construcción colectiva. Frente a los intentos de ocultar lo ocurrido, la lucha de sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos permitió convertir un ex centro clandestino en un espacio público de reflexión y enseñanza.
Hoy, el Faro cumple una doble función: preservar las historias de quienes estuvieron detenidos allí y ofrecer herramientas para que las nuevas generaciones comprendan cómo se instalaron el miedo y la violencia durante la dictadura.
En este sentido, Ana Pecoraro relató que “cuando los visitantes preguntan qué es un faro o para qué sirve, se les explica que es una guía para que las embarcaciones se ubiquen y eviten zonas de riesgo como las rocas. Luego explicamos que para nosotros la memoria funciona de la misma forma, y que nos sirve para el presente y para el futuro”.
Recordar lo ocurrido no implica solamente reconstruir el pasado. También significa preguntarse qué sociedad se construye en el presente y qué lugar ocupan la memoria, los derechos humanos y la democracia en la vida colectiva.
A simple vista, el predio conserva la tranquilidad característica de la zona sur marplatense: árboles, el sonido del mar y la presencia permanente del faro. Sin embargo, detrás de esa apariencia cotidiana persiste una de las historias más oscuras de la ciudad.
*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata