“Qué oportunidades perdemos como sociedad cuando dejamos de hacer ciencia”: investigadores de la UNMDP fueron distinguidos en los Premios Balseiro

La Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) volvió a posicionarse en la escena científico-tecnológica nacional. Dos equipos de investigación vinculados a institutos de doble dependencia UNMDP-CONICET fueron distinguidos en la XVII edición de los Premios Dr. José Balseiro, entregados en el recinto del Senado de la Nación y organizados por el Foro de Ciencia y Tecnología para la Producción. El reconocimiento destaca desarrollos científicos con capacidad de generar innovación, vinculación tecnológica y transferencia hacia el sector productivo.

Entre las propuestas galardonadas se encuentran proyectos encabezados por María Alejandra Marino, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMDP; Yamila Mansilla, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB); Exequiel Rodríguez, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) y docente de la Facultad de Ingeniería de la UNMDP; y Leonardo Curatti, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC) y vicedirector del CONICET Mar del Plata.

Cuatro de los quince proyectos científicos distinguidos en la XVII edición de los Premios Dr. José Balseiro son de investigadores e investigadoras del CONICET Mar del Plata y la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP)

Desde Portal Universidad dialogamos con Yamila Mansilla y Exequiel Rodríguez para conocer los alcances de las investigaciones distinguidas y el camino recorrido para transformar esos proyectos en desarrollos con potencial de aplicación. Ambas iniciativas fueron posibles gracias al acompañamiento sostenido de la Universidad Nacional de Mar del Plata y al acceso a instrumentos de financiamiento y promoción de la innovación, como el Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA).

Bioestimulantes para el sector agrario a partir de un alga invasora

El proyecto encabezado por Yamila Mansilla, y distinguido en los Premios Dr. José Balseiro, se titula “Bioestimulantes algales para horticultura”. Se trata de un trabajo conjunto entre profesionales del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) y el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) de Mar del Plata, junto a la empresa H2O Control S.R.L.

“Es una enorme satisfacción y, sobre todo, un reconocimiento al esfuerzo de un equipo interdisciplinario que viene trabajando desde hace varios años para transformar un problema ambiental en una oportunidad de desarrollo”, señaló Mansilla y agregó  “el premio tiene además un significado especial porque reconoce proyectos que buscan vincular el conocimiento científico con necesidades concretas de la sociedad y del sector productivo. Para nosotros es una confirmación de que vale la pena hacer ciencia aplicada desde la universidad pública y trabajar para que ese conocimiento pueda convertirse en soluciones concretas”.

María Florencia Salcedo (INTEMA), Yamila Mansilla (IIB) y María Cecilia Terrile (IIB), integrantes del equipo del proyecto “Bioestimulantes algales para horticultura”, recibieron el premio que entrega el Foro de Ciencia y Tecnología para la Producción.

La investigación parte de la biomasa de una especie de alga originaria de Asia que llegó a las costas argentinas y encontró condiciones favorables para su desarrollo: la Undaria pinnatifida. A partir de este recurso, el equipo busca desarrollar bioestimulantes para el sector agrario y, en particular, para la horticultura. El objetivo es obtener formulaciones capaces de promover el crecimiento y fortalecer la protección de los cultivos, con la posibilidad de avanzar hacia alternativas que reduzcan la dependencia de insumos sintéticos importados.

Los primeros ensayos realizados a escala de laboratorio arrojaron resultados alentadores. Según explicó la investigadora, los cultivos tratados con el bioestimulante registraron un 50 % más de desarrollo radicular, un rendimiento un 27,5 % superior al de una plantación sin este tratamiento y una reducción del 50 % en el descarte.

La propuesta, además, busca dar una nueva utilidad a un recurso que hoy puede representar un problema ambiental y avanzar hacia alternativas más sustentables dentro de un modelo de economía circular. “Cuando grandes cantidades de la biomasa de la Undaria pinnatifida se desprenden y se acumulan en las playas, su descomposición puede generar olor y afectar el paisaje, convirtiéndose también en un problema para las comunidades y actividades turísticas de la región. Nuestro enfoque parte justamente de cambiar la mirada sobre ese problema. En lugar de considerar esa biomasa únicamente como un residuo que hay que retirar, buscamos valorizar una biomasa abundante en las costas patagónicas y convertirla en una materia prima para obtener productos de interés agrícola”, explicó Mansilla.

La biomasa de la Undaria pinnatifida, comúnmente conocida como wakame, es el punto de partida de un proyecto interdisciplinario de la UNMDP distinguido por su potencial de transferencia al sector productivo.

De esta manera, el proyecto propone transformar una problemática asociada a la presencia y acumulación de esta especie en una oportunidad de innovación. La biomasa que llega a las costas podría convertirse en materia prima para el desarrollo de insumos destinados a la producción agrícola, articulando la investigación científica, el aprovechamiento de recursos locales y las necesidades del sector productivo. El enfoque sustentable atraviesa así todo el desarrollo, desde la valorización de un material disponible en grandes cantidades hasta la búsqueda de soluciones que puedan reducir el impacto ambiental y generar aplicaciones concretas.

Un sistema hidráulico más liviano para pulverizadoras agrícolas

El segundo desarrollo distinguido en los Premios Dr. José Balseiro surgió a partir de un trabajo conjunto entre investigadores del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) y una empresa dedicada a la fabricación de maquinaria agrícola.

El proyecto está vinculado con las pulverizadoras, equipos utilizados para la aplicación de fitosanitarios que cuentan con grandes brazos extensores, “se trata de pulverizadoras que tienen brazos extensores hacia los costados que, cuanto más largos son, permiten aplicar fitosanitarios de una manera que pisen menos el campo a medida que van atravesando el campo”, explicó Exequiel Rodríguez, investigador del CONICET en el INTEMA y docente de la Facultad de Ingeniería de la UNMDP.

El investigador del INTEMA Exequiel Rodríguez fue distinguido en la XVII edición de los Premios Dr. José Balseiro.

La dimensión de estos componentes plantea un desafío para el diseño de la maquinaria, “esos brazos llegan a tener 25 metros para cada lado”, detalló Rodríguez. Para desplegarlos y replegarlos, las pulverizadoras utilizan un sistema hidráulico compuesto por pistones. La búsqueda de una alternativa más liviana llevó a la empresa a recurrir al conocimiento desarrollado en el INTEMA. “Ellos nos contactaron hace un tiempo porque querían que el sistema hidráulico, los pistones que hacen que se abran y se cierren esos brazos pulverizadores, sean lo más liviano posible”, contó el investigador. 

El equipo trabajó entonces con materiales compuestos reforzados con fibra de carbono, “lo que hizo esta empresa es fabricarlos de material compuesto reforzado con fibra de carbono, el mismo material que uno puede encontrar en un auto de Fórmula 1 o en un barco de competición o en una nave espacial”, explicó. A partir de allí, el desarrollo requirió adaptar esos materiales a las condiciones específicas del componente, “como nosotros trabajamos en tipos de materiales que son livianos y resistentes, estos que se fabrican también con fibra de carbono y resinas modificadas, aceptamos ese desafío y comenzamos a desarrollar este componente”, señaló Rodríguez.


El proceso incluyó el desarrollo de nuevos materiales y la fabricación de un prototipo, “tuvimos que hacer un trabajo de desarrollar resinas que resistan al desgaste, desarrollar los componentes basados en fibra de carbono, fabricarlos y obtener un prototipo de un sistema hidráulico”, enumeró. El resultado fue un sistema hidráulico que, según el investigador, logró una reducción considerable de peso respecto de las alternativas utilizadas habitualmente, “llega a ser 40 % más liviano que los que normalmente se usan”, afirmó.

La modificación repercute sobre el conjunto de la maquinaria y, particularmente, sobre las posibilidades de extensión de los brazos. “Eso hace que todo el sistema sea más liviano y que, por lo tanto, pueda extenderse aún más”, concluyó el docente e investigador. El proyecto representa así otra forma de vinculación entre la investigación desarrollada en la Universidad Nacional de Mar del Plata y una necesidad planteada por el sector productivo, en este caso, el desarrollo de materiales y componentes destinados a reducir el peso de una maquinaria agrícola sin perder las condiciones necesarias para su funcionamiento.

“La discusión no debería ser solo cuánto cuesta la ciencia, sino qué perdemos si dejamos de hacerla”

Llevar una solución desde la mesada del laboratorio hasta el sector productivo exige mucho más que demostrar que una fórmula funciona. En el caso del bioinsumo desarrollado a partir de Undaria, el avance fue posible gracias a la articulación interdisciplinaria dentro de la Universidad Nacional de Mar del Plata, integrando las capacidades de dos institutos de doble dependencia UNMDP-CONICET, el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) y el INTEMA.

“Este proyecto pudo avanzar porque contamos con capacidades complementarias dentro de la Universidad”, destacó Yamila Mansilla. Mientras que el IIB aportó su experiencia en fisiología vegetal, bioensayos y respuestas en plantas, el INTEMA sumó el conocimiento en ciencia de materiales, formulación y caracterización. Para la investigadora, esta sinergia resultó indispensable, “la infraestructura científica de ambos institutos y el trabajo conjunto nos permitieron abordar etapas que difícilmente se resolverían dentro de un único grupo”.

Superar la fase experimental representa, sin embargo, una de las instancias más críticas del desarrollo científico, “el principal desafío es que pasar a un producto aplicable implica optimizar las formulaciones, estudiar su estabilidad, evaluar la eficacia en distintas condiciones, escalar los procesos y cumplimentar los requisitos regulatorios”, explicó la investigadora. A esa complejidad se suma la dificultad habitual de los plazos, “los tiempos que demanda desarrollar un producto no siempre coinciden con los de los instrumentos de financiamiento, estos procesos requieren continuidad y recursos durante varios años”.

En ese camino, el respaldo del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA) (a través de dos proyectos articulados junto a la empresa adoptante H2O Control S.R.L.) y de los Proyectos de Transferencia e Innovación Tecnológica (PTIT) de la UNMDP resultó determinante para validar prototipos y avanzar en su escalado productivo. “Sin ese acompañamiento, es muy difícil transitar la brecha que separa a un hallazgo de laboratorio de un producto que efectivamente llegue al sector productivo”, remarcó Mansilla. 

Más allá del logro técnico, la distinción en los Premios Balseiro cobra especial relevancia en medio del debate sobre el financiamiento de la ciencia y la tecnología en el país. Frente a los cuestionamientos sobre la inversión en investigación universitaria, Yamila Mansilla destacó que “este desarrollo es un ejemplo concreto de por qué es importante sostener la ciencia pública. Partimos de un problema ambiental en nuestras costas y estamos trabajando para transformarlo en una oportunidad para la agricultura. Ese proceso genera conocimiento, forma recursos humanos calificados y desarrolla tecnología propia”.

Por eso, para la investigadora, el eje de la discusión queda distorsionado cuando se reduce únicamente al gasto fiscal, “la discusión no debería ser solo cuánto cuesta financiar la ciencia, sino qué oportunidades perdemos como sociedad cuando dejamos de hacerlo”. Además agregó “no hay que pensar la investigación y el desarrollo productivo como caminos separados; hay muchísimo conocimiento gestado en las aulas y laboratorios que puede dar respuesta a problemas concretos del país”.

Con la mirada puesta en las futuras generaciones de la UNMDP, la investigadora dejó un mensaje claro sobre la perseverancia que exige la vocación científica, “los desarrollos llevan tiempo, requieren equivocarse, volver a empezar y trabajar en equipo. Este premio demuestra justamente eso: que desde la universidad pública y en nuestro propio territorio podemos hacer ciencia de calidad que aporte directamente al desarrollo de la Argentina”.

 

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