Matías Kulfas: “El mundo mejoró como nunca pero alimentó aún más las diferencias”
El economista y ex ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas, brindó una conferencia en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata (FCEyS-UNMDP) donde expuso los puntos principales de su nuevo libro “Producir en la nueva globalización”. El evento comenzó con la exposición de tres ejes claves para entender la evolución económica mundial y luego continuó con un intercambio junto al Secretario de Vinculación de dicha unidad académica, Fernando Graña, y el público presente que también acercó sus preguntas.
Con participación de estudiantes y profesionales de diversas áreas, la visita de Kulfas a Mar del Plata se presentó como una oportunidad para entender un contexto global en plena transformación al cual Argentina necesita incorporarse para potenciar todas sus capacidades. Así, tras las palabras de bienvenida, y mientras el Senado de la Nación rechazaba el veto de Javier Milei a la Ley de Financiamiento Universitario, la charla se extendió durante casi dos horas donde dejó en claro varios puntos indispensables para pensar el futuro del país.
Primer eje: Progreso humano y paradojas
En el inicio de su conferencia, Matías Kulfas situó el debate en una perspectiva de largo plazo, señalando que la humanidad ha atravesado transformaciones profundas. Acompañado de un gráfico que recorría los últimos dos siglos, destacó que, aunque los problemas persisten, el cambio de tendencia es innegable y constituye un dato central para pensar el presente y el futuro. “En 1820, en los albores de la Revolución Industrial, tres cuartas partes de la población mundial vivía bajo los parámetros de pobreza extrema. En las últimas décadas, más de 1300 millones de personas salieron de esa situación. Es decir, estamos viendo un proceso de cambio muy importante, pero que tiene muchas explicaciones por detrás”.
Pero ese dato no queda ahí ya que el 81% de ese total se sitúa en el continente asiático siendo China e India los principales protagonistas del mayor proceso de movilidad social ascendente de la historia reciente. Sin embargo, el escenario se vuelve paradójico. “Este fenómeno obliga a revisar la idea de que la globalización generó solamente costos sociales. Estamos discutiendo siempre sobre el malestar en la globalización, pero ese malestar es esencialmente occidental. Pero en Asia no lo ven así, ellos se sienten beneficiado por la globalización”.

El “elefante” de Branco Milanovic muestra la dinámica de los sectores más pobres del mundo
Esto se explica desde la percepción social que tiene la población en las distintas regiones del mundo. “Si uno le pregunta a un trabajador norteamericano, europeo o australiano qué opina de la globalización, probablemente tenga una visión negativa. Pero si uno le pregunta a un trabajador vietnamita, chino o indio, probablemente la visión sea mucho más positiva, porque sus condiciones de vida mejoraron mucho en las últimas décadas. Entonces, en China la clase media ven que viven mejor que sus padres y abuelos pero a la vez perciben que sus hijos vivirán mejor. Por el contrario, en Europa y Estados Unidos se sienten estancadas o en decadencia. Y a eso se suma que la elite económica está en auge”, reflexionó.
Kulfas resumió la paradoja del progreso global, combinando avances históricos con nuevas tensiones. “El mundo mejoró como nunca pero alimentó aún más las diferencias. Mientras cientos de millones de personas salieron de la pobreza extrema y la esperanza de vida global se duplicó en los últimos dos siglos, las clases medias de Occidente se estancaron y los sectores más ricos concentraron aún más riqueza. Esto generó malestar político, desigualdad y tensiones sociales que explican fenómenos como el auge del nacionalismo y el populismo en Estados Unidos y Europa”.
Segundo eje: el desarrollo económico
Después de la Segunda Guerra Mundial, a nivel mundial, solo 14 países pudieron salir de su subdesarrollo. En ese cambio, la experiencia asiática fue resaltada como uno de los grandes ejemplos. “Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong, los llamados tigres asiáticos, son casos emblemáticos de este proceso. Eran países pobres a mediados del siglo XX y en pocas décadas lograron convertirse en economías desarrolladas, con altos ingresos per cápita y con un perfil industrial muy avanzado”.
Europa también aportó ejemplos que transformaron su matriz productiva en pocas décadas. “Irlanda es un caso interesante, porque pasó de ser uno de los países más pobres de Europa a convertirse en una de las economías más dinámicas. Lo logró a través de una estrategia de atracción de inversiones, de desarrollo de sectores tecnológicos y de una inserción muy activa en el mercado común europeo”.
América Latina, en cambio, no logró integrarse a ese grupo reducido. “Si uno mira nuestra región, ve que ningún país logró romper definitivamente la barrera del subdesarrollo. Hubo períodos de crecimiento, algunos procesos interesantes, pero en general nos hemos quedado atrapados en la llamada ‘trampa del ingreso medio’, sin lograr un desarrollo sostenido”, aclaró.
Para cerrar este capítulo, Kulfas dejó planteada la pregunta central para Argentina. “La gran discusión es cómo hacer para que nuestro país pueda integrarse a ese grupo de naciones que lograron desarrollarse. No es un camino sencillo, pero la historia muestra que es posible. Y para eso se requieren estrategias consistentes, políticas de largo plazo y una mirada clara sobre el rol del Estado y del sector privado”.
Tercer eje: Recursos naturales
Al abordar el debate sobre los recursos, planteó la histórica tensión entre considerarlos un beneficio o un obstáculo para el desarrollo. “La globalización no murió, pero sí cambió de forma. Desde que todos somos chicos nos dijeron que son una bendición. Tener recursos naturales, el país más rico del mundo en alimentos, en esto, lo otro, una exageración, péro siempre fue esa mirada. Después aparecieron otras bastante escépticas que los plantean como una maldición, a lo cual digo que no. Sí son intensivos en política pública.Ahora bien, Noruega es un caso exitoso, pero también podemos mirar Nigeria, Arabia Saudita, Venezuela o Angola. Es decir, tener petróleo y gas no te garantiza ser un país rico”, ejemplificó.
El expositor destacó cómo cambió la lógica de localización de las inversiones industriales a nivel global. “En los 90 se hablaba de offshoring, relocalización. Por ejemplo, relocalizo una planta productiva, la saco de Detroit -cinturón del óxido- y la llevo al sudeste asiático, a Shanghai. Hoy es el re-shoring, es decir que vuelven. Y efectivamente Estados Unidos tiene un auge de nuevas inversiones, lentamente va recuperando inversión industrial. La otra palabra es el nearshoring, que es una estrategia empresarial para reubicar procesos de producción o servicios en países geográficamente cercanos al mercado de destino principal, buscando reducir costos logísticos, mejorar la gestión de la cadena de suministro y facilitar la operación”.
En ese escenario, resaltó que América Latina y especialmente Argentina pueden ocupar un lugar estratégico. “Esto, para la región, es una oportunidad. Esto significa que Argentina puede ser un proveedor confiable de energía, litio, alimentos, nuevas tecnologías verdes, economía del conocimiento y nuevas producciones industriales. Hoy aparece un nuevo concepto, lo introdujeron los brasileños, que se llama neoindustrialización. Creo que la idea de reindustrialización, que a veces se usa en Argentina induce a un regreso al pasado. Pero eso no pasa, hay industrias que no vuelven porque parte se han transformado tecnológicamente”.
En esa línea, señaló la importancia de vincular los recursos naturales con un nuevo paradigma productivo. “¿Qué significa hacer acero verde o aluminio verde? Significa hacerlo utilizando energías limpias. Esto te va a dar un nuevo escenario a hacer una industria mucho más sostenible. También se había modificado con Trump cuando había asumido la presidencia en 2017, con Biden volvió la tendencia hacia lo verde, hacia la discusión de una recompresión industrial y energética virtuosa. Son ciclos, la tendencia es muy clara, y el mundo va a avanzar irremediablemente, inexorablemente hacia una recompresión de este estilo”.
Kulfas subrayó que la oportunidad argentina se apoya en ventajas geográficas y en recursos únicos. “Tenemos en la Patagonia los mejores vientos del planeta en una zona muy apta para la producción de energía renovable, de energía eólica. En la cordillera hacia el norte las mejores radiaciones para hacer energía solar fotovoltaica, esto abre oportunidades para el hidrógeno, biocombustibles, para toda fuente de energía, sumando también justamente el peso de Vaca Muerta en lo que es el gas combustible de transición para reemplazar el carbón que es el más contaminante de todos. Todo esto está presente y es una oportunidad para la industria, donde hay energía accesible, barata, diversa y sostenible, hay oportunidades para el sector manufacturero”.
Intercambio con Fernando Graña y el público
Finalizada la exposición de tres de los ejes que se encuentran en su último libro, Kulfas dialogó con el Secretario de Vinculación de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales y quienes asistieron a la conferencia que le plantearon algunos interrogantes.
Uno de los primeros temas fue la importancia de vincular la política productiva con la innovación y los centros tecnológicos locales.
“L política productiva tiene un capítulo que es local, que es imposible gestionar desde un ministerio en Plaza de Mayo y no tiene ningún sentido ni alguna chance de prosperar. Ahí los centros tecnológicos tienen la posibilidad de ser una apoyatura para el sector productivo, una capacidad para hacer transferencia de tecnología y también como elemento para la interacción de nuevas inversiones. Se busca complementar inversiones, donde faltan capitales y donde hay una tecnología que el país no tiene y se puede adquirir rápidamente con alguna incorporación de inversión internacional o a veces con inversión local. Esto requiere un mecanismo de planificación y de gestión mucho más calibrado, no simplemente propaganda de que venga capital internacional”.

También con el planteo de regionalizar las economías, Kulfas hizo hincapié en la necesidad de fortalecer clústers subnacionales para consolidar el desarrollo industrial. “Me parece que es importantísimo establecer clústers a nivel regional, a nivel subnacional que justamente aglutinen las capacidades productivas, tecnológicas, universitarias de cada región priorizando proyectos productivos. Desde mi punto de vista, sería fundamental que Argentina avance en tener cuatro o cinco proyectos regionales en diferentes regiones del país que se especialicen y que, en todo caso, la política nacional, una vez que la recuperemos, pueda tener como un repositorio de recursos para financiar y darle empuje a eso en temas productivos y tecnológicos a nivel regional”.
Para cerrar, el especialista resaltó la importancia de combinar inversión nacional e internacional con centros tecnológicos locales para potenciar la industria.”Lo que se busca en todo caso es complementar inversiones, donde faltan capitales y donde hay una tecnología que el país no tiene y se puede adquirir rápidamente con alguna incorporación de inversión internacional o a veces con inversión local. Pero eso requiere un mecanismo de planificación y de gestión mucho más calibrado. Argentina en ese tiro ha sido un caso bastante paradigmático donde muchas veces desarrolló capital nacional y después terminó extranjerizando su industria por falta de visión estratégica. Entonces, esta mirada del centro productivo tecnológico a nivel regional que fortalezca los centros armados productivos puede ser una respuesta.”
