China en primera persona: crónica de una investigadora marplatense desde el gigante asiático

Florencia Incaurgarat (Mg. en Salud Pública por la Universidad de Tsinghua, becaria posdoctoral de CONICET y docente de grado y posgrado en la UNMDP y la UNQ) lleva años yendo y viniendo de China. En este último viaje recorrió Beijing, Shenzhen, Dongguan, Guangzhou y Shanghai como parte de la delegación de la Univesidad Nacional de Mar del Plata en un programa internacional sobre innovación en salud.

En esta crónica en primera persona cuenta lo que no entra en un informe: qué se siente caminar de noche sin cuidar el celular, por qué las plazas son el corazón de cada ciudad, cómo cambia el paladar cuando se deja de hablar de “la comida china” en singular, qué significa el guanxi y por qué, apenas dicen que sos argentino, aparece Messi. También recorre su experiencia académica y profesional y las posibilidades de cooperación que ese vínculo abre entre China, Argentina y la UNMDP.

Seguridad, plazas y obras que no paran

Lo que suele impactar en una primera visita a China es la seguridad y la tranquilidad con la que se puede circular. En las ciudades que recorrí, incluso de noche, pude moverme con una sensación de confianza muy distinta de la que solemos tener acá. Esa preocupación constante por el celular, la computadora o la cartera no existe en la vida cotidiana. Eso cambia mucho la manera de habitar una ciudad y de disfrutar sus espacios. También impresiona la capacidad de trabajo y de organización. Es habitual ver obras que continúan las 24 horas, con turnos rotativos, y esa velocidad de transformación es sumamente visible en la infraestructura. Cuando comparo distintos viajes, encuentro cambios importantes en las ciudades, en los servicios y en las conexiones entre lugares. El transporte público es uno de los ejemplos más claros por su bajo costo, su calidad, su eficiencia y la posibilidad de trasladarse de manera sencilla en ciudades enormes.

La tecnología está incorporada a muchísimas actividades cotidianas: pagar, pedir comida, tomar un transporte o hacer trámites. Puntualmente, en este viaje pudimos ver esa presencia también en el ámbito sanitario, tema central del Programa: desde la organización de los hospitales hasta el uso de inteligencia artificial y robótica en la atención y la rehabilitación.

Otro aspecto saliente de la vida cotidiana, incluso en las grandes ciudades, es el uso de los espacios públicos, especialmente por parte de las personas mayores. Las plazas son lugares de encuentro, de baile, de ejercicio y de actividades compartidas. Tienen una presencia muy activa en la vida de la ciudad. En lo que respecta al campo de la salud, eso también invita a pensar en la participación social, el bienestar y las formas de acompañar el envejecimiento.

En las distintas ciudades y regiones que he recorrido en estos años, también es visible la ausencia prácticamente total de pobreza en la calle. Esa impresión cotidiana se relaciona con una transformación social enorme: el Banco Mundial estima que, desde el inicio de las reformas, cerca de 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema. Es un dato que ayuda a dimensionar el cambio, aunque las desigualdades y las diferencias entre regiones siguen siendo parte de los desafíos del país. Esta transformación también se refleja en indicadores de salud, como el aumento de la esperanza de vida y la cobertura nacional de salud.

Mil sabores, no una sola comida china

Hablar de una única “comida china” es un prejuicio que se derrumba con solo arribar. China tiene una superficie comparable a la de Europa y 56 grupos étnicos reconocidos, además de grandes diferencias regionales. Eso se expresa también en la comida. La variedad de ingredientes, sabores y texturas es más amplia que aquella a la que solemos estar acostumbrados en Argentina. Usan otros condimentos y combinaciones, y cada región tiene sus particularidades. Sentarse a la mesa allá es una oportunidad para ampliar el propio paladar y conocer esa diversidad. Entre este recorrido y mis viajes anteriores tuve la posibilidad de conocer diferentes tradiciones culinarias del país, todas muy deliciosas y con sabores característicos. En este viaje, por ejemplo, me encantaron los platos con cangrejo en Shanghai y un pescado recubierto de almendras que probé en Guangzhou.

Guanxi, Messi y Maradona

En el ámbito cotidiano he encontrado siempre personas muy dispuestas a conversar y ayudar, y a conocer más sobre Argentina. En el plano académico, sobre todo en mis últimas dos estancias, también encontré mucho interés por conocer más sobre América Latina y buscar líneas específicas de cooperación. Como en cualquier lugar, los vínculos se construyen con tiempo, pero en China tiene una importancia especial lo que se llama guanxi: las relaciones personales sostenidas en la confianza, la reciprocidad y el compromiso. Esa dimensión también influye en los vínculos académicos y profesionales.

Mantener el contacto, compartir tiempo y cumplir con lo que una propone va construyendo una relación que después permite desarrollar proyectos. En mi caso, haber estudiado allá, seguir trabajando con colegas y volver en distintos momentos fue fundamental.

Respecto de Argentina, aunque somos un país muy lejano (literalmente en las antípodas de China), muchas personas nos ubican en el mapa, y el fútbol es una identificación inmediata: con tan solo mencionar Argentina, aparece Messi y, para las generaciones mayores, Maradona. En esta última experiencia, fue sorprendente la cantidad de gente que hinchó por nosotros en el Mundial, y eso genera una simpatía y un punto de encuentro muy lindo. A partir de ahí aparecen preguntas sobre cómo vivimos, nuestra cultura y las posibilidades de visitar el país.

Cómo llegué hasta acá

Mi relación se fue construyendo a lo largo de los años, a través de investigaciones, viajes, mi propia formación y una fascinación cada vez mayor por el país. En 2018 viajé por primera vez, con una beca del programa “Young Sinologists Visiting Program”, que me permitió un primer acercamiento al sistema de salud chino: visité hospitales, universidades y clínicas de medicina tradicional china. Luego realicé una maestría en Salud Pública Internacional en la Universidad de Tsinghua, una de las universidades más importantes de China, donde actualmente colaboro con el equipo de investigación en inteligencia artificial aplicada a la salud. En 2022 volví para una estancia posdoctoral de dos meses, con actividades de cooperación en la Universidad de Lanzhou (provincia de Gansu, en el límite con Mongolia Interior) y la Universidad de Zhejiang, en Hangzhou.

Mi trabajo combina la antropología y la salud pública para estudiar los vínculos entre la salud y las relaciones entre China y Argentina. Desde 2012, primero en mi Licenciatura en Terapia Ocupacional y luego en mi Doctorado en Antropología Social, investigué las experiencias de atención, el acceso al sistema de salud y las formas de cuidado de la comunidad china en Argentina, incluida la articulación entre la medicina china y la occidental en el contexto migratorio. Hoy, en el marco de mi beca posdoctoral de CONICET, estudio la cooperación sanitaria entre ambos países: cómo circulan conocimientos, tecnologías, profesionales y prácticas médicas, y qué proyectos conjuntos son posibles.

Todo ese recorrido desembocó en este último viaje, realizado en el marco del Programa Internacional “Innovación en Salud para Líderes y Tomadores de Decisión”, organizado por la UNAJ y la UIBE de Beijing, en el que participé como integrante de la delegación de la UNMDP. La propuesta permitió conocer de manera inmersiva el sistema de salud chino: conversar con funcionarios públicos, recorrer hospitales, conocer cómo trabajan las universidades y observar los desarrollos de las empresas de tecnología médica.

En Beijing tuvimos encuentros con la Comisión Nacional de Salud y con Tsinghua, entre otras instituciones. También fui invitada a brindar una conferencia en la Academia China de Ciencias Sociales sobre mis investigaciones. En Shenzhen y Dongguan conocimos empresas como Mindray y Huawei; en Guangzhou recorrimos una universidad y un hospital con desarrollos de impresión 3D; y en Shanghai visitamos empresas de diagnóstico por imágenes y cirugía robótica, servicios hospitalarios y la Universidad de Shanghai.

Pragmatismo, convenios y el rol de la universidad pública

China tiene una mirada muy pragmática sobre sus relaciones internacionales. Los intereses de cooperación y la perspectiva de largo plazo tienen un peso importante, y las diferencias ideológicas con un gobierno pueden quedar en segundo plano frente a una relación que se piensa para muchos años. También se caracteriza por su paciencia y su capacidad de comprender que los gobiernos cambian y que los vínculos entre países tienen una historia y un horizonte más amplios.

Las diferencias políticas o diplomáticas pueden generar desafíos, pero no impactan en la cooperación universitaria. Las universidades argentinas cuentan con autonomía para construir vínculos académicos, y en los últimos años, se han consolidado y ampliado nuevos convenios y oportunidades de movilidad e intercambio con instituciones chinas.

Por nuestra parte, recientemente creamos en la Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social el Programa China Contemporánea, que coordino. Es un paso fundamental porque permite darle un marco institucional a experiencias y relaciones que ya existían, y generar nuevas iniciativas de investigación, formación, movilidad y cooperación. Además, tiene una perspectiva interdisciplinaria, porque comprender China y vincularnos con sus instituciones requiere aportes de distintos campos.

Creo que ahí está una tarea importante de la universidad pública: sostener relaciones de conocimiento y cooperación que tengan continuidad, formar personas capaces de comprender otros contextos y construir proyectos que respondan a necesidades de nuestra sociedad.

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