36 candidatos y un sistema en crisis: ¿qué revelan las recientes elecciones presidenciales en Perú?
El domingo 12 de abril, más de 27 millones de ciudadanos peruanos fueron a las urnas en una elección presidencial marcada por un nivel de fragmentación inédito en la historia reciente del país. Con 36 candidatos en la boleta, el proceso dejó una escena política dispersa y sin liderazgos claros, en un contexto de fuerte malestar social y desconfianza hacia la dirigencia política.
A ese escenario se sumaron fallas logísticas que obligaron a extender la votación al día siguiente en algunos distritos, más de tres millones de votos en blanco y nulos, y la presencia de un humorista de televisión entre los cinco candidatos más votados. Con el conteo avanzado, Keiko Fujimori aparece consolidada para el balotaje del 7 de junio con el 17% de los votos, aunque todavía no está definido quién será su rival.
Para analizar el contexto político e institucional que explica este escenario, desde Portal Universidad dialogamos con Rafael Briano, licenciado en Ciencia Política y especialista en política internacional, quien aportó claves para entender una elección que combina crisis estructural, fragmentación y descontento social.
Fragmentación extrema y crisis del sistema político
El elevado número de candidatos no es un dato aislado, sino que expresa un problema más profundo en el sistema político peruano. La proliferación de listas revela la dificultad para consolidar partidos sólidos y liderazgos estables, en un escenario donde las estructuras tradicionales han perdido peso y representatividad.
En ese sentido, Briano planteó que “por primera vez en la historia democrática peruana hay más de 30 candidatos a presidente” y vinculó este fenómeno con “la extrema fragmentación del sistema actual político, del sistema partidario de Perú y la crisis en la cual está inmerso este país desde la primera década del siglo XXI”.

El JNE oficializó 36 planchas presidenciales habilitadas para participar en las Elecciones Generales 2026. Foto: JNE.
Esa crisis no se limita al plano electoral, sino que también atraviesa el funcionamiento institucional. Según el analista, la inestabilidad en la conducción del Ejecutivo es una de las señales más claras de este problema estructural que atraviesa al país desde hace años.
En esa línea, detalló que “el último presidente que terminó su mandato fue Ollanta Humala en 2016” y agregó que desde entonces “los dos presidentes electos no han terminado y ha habido seis presidentes provisionales”, lo que evidencia una dinámica política marcada por la interrupción constante de los mandatos.
El descontento se mide en votos en blanco
Además de la fragmentación entre candidatos, otro dato relevante de la elección fue el volumen de votos en blanco y nulos, que alcanzó cifras históricas. Este comportamiento electoral funciona como un indicador del vínculo deteriorado entre la ciudadanía y la política institucional. Briano interpretó este fenómeno como parte de un proceso más amplio al sostener que “la presencia de tantas candidaturas y el voto en blanco tiene que ver también con un profundo descontento de la ciudadanía peruana con la política y los políticos”.
Los datos acompañan esa lectura: con gran parte de las actas contabilizadas, los votos en blanco y nulos superaron los 3 millones, ubicándose por encima de cualquier candidatura individual. Este escenario refuerza la idea de una elección donde el rechazo pesa tanto como los respaldos. Para explicar esa paradoja, el especialista introdujo una comparación clave entre política y economía: “no es un hecho menor que durante los últimos 20 años el Perú haya tenido más de 10 presidentes y un solo presidente del Banco Central”.
En ese sentido, agregó que “la política económica del Perú no se ha modificado, macroeconómicamente está estable”, pero al mismo tiempo describió un modelo con “concentración económica, grandes desigualdades, y es un país profundamente injusto en términos sociales”.
Outsiders, militares y el regreso del fujimorismo
El perfil de los candidatos mejor posicionados también refleja el desgaste del sistema político tradicional. La elección mostró una combinación de figuras provenientes de distintos ámbitos, desde militares hasta outsiders mediáticos, junto con la persistencia de apellidos históricos. Briano observó que “hay
figuras que llaman la atención” y mencionó entre ellas “cuatro generales y la hija del expresidente Fujimori, que va por la cuarta elección presidencial”, quien en estas elecciones logró ubicarse como la candidata más votada.

Carlos Álvarez, candidato a presidente en las elecciones 2026 de Perú. Dejo atrás el humor para dedicarse a la política.
Al mismo tiempo, destacó la irrupción de figuras por fuera de la política tradicional al señalar que aparecen “figuras outsider de la política como el humorista Carlos Álvarez” en un escenario donde “el espectro político también se ha tornado cada vez más de derecha”. En paralelo, el analista subrayó que “las figuras de izquierda o de centro-izquierda tienen una gravitación cada vez menor”, lo que se combina con la desaparición de partidos históricos y refuerza la fragmentación del sistema político peruano.
El diseño institucional, en el centro del debate
Para comprender el origen de esta inestabilidad, Briano remite al diseño institucional vigente desde la década de 1990. La Constitución impulsada durante el gobierno de Alberto Fujimori es, según su mirada, un elemento clave para entender la dinámica política actual. En ese marco, sostuvo que “la extrema fragmentación política partidaria es un reflejo del descontento de la sociedad peruana con la política y al mismo tiempo tiene que ver con el sistema institucional prevenido por la construcción de Fujimori en 1993”.
A partir de ese diseño, explicó que “el peso del Congreso peruano es tal que algunos politólogos hablan de la parlamentarización de la política peruana”, especialmente en un contexto donde “los presidentes ganaban en elecciones siempre en balotaje porque no hay triunfos claros”.
Frente a este escenario, las elecciones actuales introducen un cambio institucional relevante. Briano detalló que “en estas elecciones presidenciales se termina con el sistema unicameral y va a volver a haber un Senado con 60 senadores”. El objetivo de esta reforma, según explicó, es que “no sea tan fácil destituir a los presidentes”, en un intento por generar mayor estabilidad en un sistema político atravesado por la fragmentación y la crisis de representación.
Una jornada inédita

Personas sostienen carteles durante una manifestación en la que acusan un supuesto “fraude” este domingo, frente al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), en Lima.
Las dificultades estructurales del sistema político tuvieron un reflejo concreto en la propia jornada electoral. Problemas en la distribución del material impidieron la apertura de mesas en distintos puntos de Lima, afectando a miles de votantes. Como consecuencia, las autoridades debieron habilitar una segunda jornada de votación en 13 centros que no habían podido abrir el domingo, en una decisión inédita que evidenció fallas logísticas y tensiones en la organización del proceso electoral.
El escrutinio también se vio demorado y generó incertidumbre en torno a los resultados, en un escenario donde la diferencia entre los principales candidatos es mínima y cada voto importa para la definición del balotaje. Las reacciones políticas no tardaron en aparecer, con denuncias cruzadas y cuestionamientos al proceso, aunque las misiones de observación internacional avalaron la transparencia de la elección pese a las irregularidades registradas durante la jornada.
¿Quién va al balotaje?
La incertidumbre sobre el segundo candidato que acompañará a Fujimori en la segunda vuelta sintetiza el escenario político actual. La diferencia entre los principales competidores es mínima y mantiene abierto el resultado final, en una elección donde cada voto adquiere un peso decisivo.

Estos son los tres candidatos más votados, aunque todavía faltan contabilizar boletas. Resultados oficiales de la ONPE.
Briano ya había anticipado este tipo de desenlace al señalar que en Perú “siempre hay una extrema polarización” y que los presidentes llegan al balotaje porque “no hay triunfos claros”. Esa lógica hoy se expresa en una disputa voto a voto por el segundo lugar. Con más del 90% de las actas contabilizadas, la distancia entre los candidatos es de apenas unos miles de votos. Sin embargo, la definición no depende solo de las actas restantes, sino también de aquellas que aún no fueron incorporadas al conteo oficial.
El avance lento del escrutinio se explica por problemas logísticos, fallas técnicas y el traslado de actas desde zonas alejadas y del exterior. A esto se suma la existencia de miles de actas observadas, que deben ser revisadas antes de ser contabilizadas o anuladas. Este proceso puede demorar varios días más, ya que intervienen los Jurados Electorales y, en algunos casos, instancias superiores. En ese contexto, la confirmación del balotaje sigue abierta y depende tanto del conteo como de resoluciones administrativas.
