Dos años dedicados a predicar: ¿Cómo es la vida de los Élder en Mar del Plata?

Ya sea porque tocan el timbre de las casas para compartir su mensaje o porque llaman la atención al caminar en pleno verano con camisas blancas, corbatas y placas que los identifican como “élder”, los marplatenses están cada vez más acostumbrados a cruzarse con misioneros, popularmente conocidos como “mormones”, en distintos barrios de la ciudad. Su presencia cotidiana y sostenida durante todo el año, despierta la curiosidad de la parte de los vecinos: ¿quiénes son?, ¿qué hacen durante todo el día?, ¿por qué están en Mar Del Plata?
En ese contexto, para conocer más sobre ellos, su misión y religión, Portal Universidad dialogó con dos misioneros, popularmente conocidos como mormones, Andersen, de Estados Unidos, y Devine, de Inglaterra, y también con Abraham, quien ya cumplió su servicio en Brasil y aportó contexto sobre la experiencia. Los jóvenes mormones integran la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y actualmente desarrollan su servicio religioso en Mar del Plata.
Decidieron brindar dos años exclusivamente a la predicación: caminan durante horas por el barrio Bernandino Rivadavia, tocan puertas y organizan encuentros con vecinos.“La Feliz” forma parte de la misión Bahía Blanca, una división territorial que abarca el sur de la provincia de Buenos Aires y se extiende hasta La Pampa y Río Negro. En la ciudad existen alrededor de 17 iglesias organizadas por barrios, con comunidades que rondan entre 90 y 100 miembros cada una.
Un día como misionero
La vida misionera tiene horarios estructurados y una organización estricta del tiempo. La jornada comienza temprano y está completamente dedicada al servicio.
Los misioneros puntualizaron sobre su rutina de todos los días: “Nos despertamos a las 7 y preparamos la mañana hasta las 8:30 haciendo nuestro tiempo para ejercicio, desayuno y arreglarnos. Después planificamos el día, vemos por dónde vamos a predicar, coordinamos los tiempos para reunirnos con las personas que ya estamos enseñando, estudiamos las escrituras por una hora y a las 10:30 salimos a hablar con las personas hasta las 21 o 21:30. Es todo el día”.
“Por lo general, cada barrio tiene un calendario organizado por la Iglesia. Los miembros se anotan y eligen un día para recibirnos en sus casas y darnos el almuerzo. Uno dice ‘yo tal día’, otro se anota para otra fecha, y así sucesivamente. Eso nos permite compartir tiempo con la comunidad y también facilita nuestra organización diaria, pero no es igual en todas las áreas, hay lugares donde no hay tantos miembros y en esos casos somos nosotros quienes cocinamos. Depende mucho del barrio y de la cantidad de personas que participen”, señalaron sobre el momento del almuerzo y el acompañamiento de la comunidad.
Los domingos también forman parte central de la actividad. La reunión comienza a las diez de la mañana con la “Santa Cena” y se acercan a la capilla los miembros de la zona. “Participamos del pan y el agua en memoria de Jesucristo y su sacrificio. Luego escuchamos discursos de los miembros y más tarde tenemos clases para aprender más sobre las escrituras, el Libro de Mormón y la Biblia”, detallaron. Además, el primer domingo de cada mes los asistentes pueden compartir públicamente su testimonio.
Dos años de servicio
El servicio misionero es voluntario y no remunerado. Antes de viajar, cada joven ahorra dinero para cubrir sus gastos durante ese período. “Nosotros ahorramos por un tiempo y entregamos esa plata a la Iglesia, después se distribuye para que podamos estar enfocados 100% en compartir el mensaje durante ese lapso. Nadie en la Iglesia es pago, ni el obispo, ni los consejeros, ni los miembros, ni nosotros como misioneros. Es un servicio completamente voluntario y pasados los dos años, uno vuelve a la vida normal: estudios, trabajo, familia”, contaron los élder sobre cómo se organiza y estructura la función.
La misión a la que pertenecen es la de Bahía Blanca, que incluye distintas ciudades, y pueden ser trasladados varias veces dentro de la misma región: “Nosotros estamos asignados a la misión Bahía Blanca, que no es solo esa ciudad sino una división territorial mucho más grande, abarca el sur de la provincia de Buenos Aires y puede extenderse hasta La Pampa o incluso Río Negro. Cuando uno es llamado a servir, no elige el lugar, sino que la Iglesia lo designa dentro de una misión específica, tengo amigos que están en Europa, África y en Asia. Por lo general estamos alrededor de cuatro meses y medio vamos cambiando según lo que se nos asigne”.

Lugar donde realizan la Santa Cena todos los domingos
Ser miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
La Iglesia fue fundada en 1820 por Joseph Smith, a quien consideran un profeta llamado para restaurar la Iglesia cristiana. La sede central se encuentra en la ciudad estadounidense de Salt Lake City y, según explicaron, además de la Biblia, reconocen el Libro de Mormón como escritura sagrada.
“Somos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El apodo ‘mormones’ viene del Libro de Mormón, que es otro testamento de Jesucristo. Creemos en la Biblia, creemos en Dios, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, pero también concebimos que Jesucristo enseñó en las Américas, como así en Medio Oriente y Europa, y que hubo profetas acá que recibieron revelación”, contextualizaron los misioneros sobre la religión.
Entre las prácticas que más resuenan de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se encuentra el bautismo vicario por los muertos. Según su doctrina, todas las personas deben tener la oportunidad de aceptar el Evangelio, incluso quienes murieron sin conocerlo o sin haberse bautizado.
Como una persona fallecida ya no puede realizar físicamente ese rito, un miembro vivo se bautiza en su nombre dentro de un templo de la Iglesia. Durante la ceremonia se pronuncia el nombre del difunto y el bautismo se realiza por representación. La práctica parte de la convicción de que cada persona debe contar con la posibilidad de elegir, aun después de la muerte.
El rito suele estar vinculado al trabajo genealógico que impulsa la Iglesia, ya que en muchos casos se realiza en nombre de antepasados identificados a través de registros familiares. Estas ceremonias se llevan a cabo exclusivamente en templos, no en capillas barriales, y forman parte de su creencia en un plan divino que continúa más allá de esta vida.
Los Élder describieron esta práctica: “Creemos que para ser salvos necesitamos el bautismo, pero sabemos que muchas personas no tuvieron esa oportunidad. Entonces en los templos se realiza esta cermonia a favor de antepasados que no conocieron el Evangelio, es prestar nuestro cuerpo para que ese individuo pueda recibir esa ordenanza”.
En Mar del Plata, la organización es territorial. “Hay alrededor de 17 iglesias en la ciudad, organizadas por barrios. Cada zona tiene su obispo y sus consejeros, y las comunidades rondan entre 90 y 100 miembros”, precisaron.
Estilo de vida y normas para no perder el foco
El período misionero implica reglas específicas que buscan mantener la concentración exclusiva en la predicación.
“Evitamos sustancias como el té negro, el café, las drogas, el alcohol y el tabaco. Creemos que Dios reveló que debemos evitar esas cosas porque son dañinas para el cuerpo y el espíritu. También nos enfocamos en tener una dieta más ligada en granos, vegetales y carne.”, comentaron y aclararon que esa norma no es exclusiva del período misionero sino que se mantiene a lo largo de la vida.
Además, listaron situaciones que deben obviar para no dejar de lado el objetivo de la misión: “En este período no podemos abrazar mujeres, tomarnos un taxi solos con mujeres, compartir mate, ir a la playa ni tener novia durante la misión. No es algo permanente ni una prohibición religiosa general, sino reglas para no perder el foco. La misión es un tiempo para dedicarlo completamente a predicar”.

Sitio donde realizan la ceremonia de bautismo
La experiencia en Mar del Plata
“Es una ciudad muy linda y me encanta la comida, el asado y los alfajores son riquísimos. Aunque el calor se sufre un poco con la camisa y la corbata, pero es parte del sacrificio”, describieron su paso por la ciudad.
Sobre la recepción de los marplatenses, reconocieron que existen diferencias de opiniones pero que predominan la cordialidad. “A veces no comparten nuestras creencias o no quieren escuchar, pero en general hay respeto, no hemos tenido grandes conflictos”, explicaron.
Abraham, quién realizó su misión en Brasil, comparó ambas realidades: “En Brasil hay una cultura más abierta a lo religioso. Muchas veces golpeás una puerta y te dicen que pases, te ofrecen algo de comer o quieren conversar. En Argentina cuesta un poco más, pero eso no significa que haya rechazo, sino que las personas son más reservadas. Igual siempre hay respeto”.
Para cerrar, Andersen dejó en claro lo que significa compartir la religión y expandir la comunidad, tanto en Mar Del Plata como en todo el mundo:
“Para mí es algo súper especial poder invitar a las personas a acercarse más a Cristo, realmente creo que este es el mejor camino para hacerlo. Lo más lindo es ver el cambio que pueden experimentar las personas cuando descubren que son hijos de Dios, que existe un plan para cada uno y que él ama a todos. Creemos que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un lugar para todos, un espacio donde pueden sentir el amor de Dios, encontrar consuelo en momentos difíciles y prepararse para lo que creemos que viene después de esta vida”.
