Rodrigo Zarazaga cerró las I Jornadas de Ciencia Política

Foto: Facultad de Humanidades de la UNMDP.

El politólogo e investigador Rodrigo Zarazaga, junto al Lic.German Pérez, fueron encargados de cerrar las Jornadas de Ciencia Política con la exposición titulada “La orfandad de los sectores populares y la cuestión democrática” donde reflexionaron sobre las transformaciones de la integración social en Argentina y los efectos políticos de la desigualdad estructural en los barrios populares. 

Durante su intervención, Zarazaga cuestionó las miradas meritocráticas sobre la movilidad social y sostuvo que las condiciones de origen siguen determinando fuertemente las trayectorias de vida. “Contra toda meritocracia, nacer y crecer en estos barrios segregados condiciona el porvenir”, afirmó, al explicar cómo la segregación territorial reduce tanto los horizontes espaciales como temporales de quienes viven en contextos de pobreza. 

Para ilustrar esa realidad, relató la historia de Matías, un joven de 19 años cuya vida estuvo marcada por el abandono familiar, el trabajo infantil y el consumo problemático. “Futuro ya no tengo, mi futuro fue”, le dijo el joven cuando le preguntó por sus expectativas. Según el sociólogo, historias como esta muestran la dificultad de construir un camino de integración social cuando se acumulan múltiples formas de exclusión. 

Zarazaga describió cómo muchos jóvenes de barrios populares comienzan a trabajar desde niños para contribuir al ingreso familiar, muchas veces en actividades informales como el cartoneo, y cómo esas trayectorias suelen estar atravesadas por la deserción escolar, la estigmatización y la violencia. En el caso de Matías, el abandono del hogar, el consumo de drogas y la vida en la calle terminaron configurando un presente en el que la única expectativa posible es “rescatarse”, es decir, salir del circuito de consumo y delito. 

En ese sentido, el sociólogo recuperó los aportes de Juan Carlos Torre, quien planteó que en Argentina existe un “impulso igualitario” que atravesó históricamente la vida social y política del país. Según esa interpretación, la movilidad social ascendente, funcionó durante décadas como una narrativa compartida: la idea de que los hijos vivirían mejor que sus padres. 

Zarazaga recordó que ese imaginario también se expresó en prácticas sociales y símbolos culturales, como el guardapolvo blanco en la escuela pública o la transformación de Mar del Plata en un balneario de la clase obrera, procesos que representaban la ampliación de derechos y oportunidades. 

Sin embargo, advirtió que esa “música de fondo” de la movilidad social ya no se escucha de la misma manera en todo el territorio. “Matías al menos no la escucha”, señaló. Cuando se superponen distintas formas de segregación: territorial, educativa, laboral, los recursos que vuelven creíble esa promesa de integración social se reducen drásticamente. 

Según planteó, esa pérdida de credibilidad tiene consecuencias políticas directas. Cuando desaparece la expectativa de ascenso social, crecen la frustración y el desencanto con el sistema político, y se fortalecen discursos de ruptura con el orden existente. 

“Cuando no hay una promesa creíble de integración social cambia la demanda política”, explicó. En ese escenario, emergen cuestionamientos a la representación política tradicional y nuevas preferencias electorales en los barrios populares. 

Con esta reflexión, Zarazaga cerró las jornadas invitando a repensar el vínculo entre desigualdad, integración social y democracia, en un contexto en el que amplios sectores sienten que el futuro dejó de ser una promesa posible. 

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