“Plastic eating diet”: el reto viral que promete adelgazar sin calorías y preocupa a especialistas
En China comenzó a circular una nueva práctica, que se difundió principalmente entre jóvenes en plataformas como TikTok y X, consiste en colocar film transparente sobre la boca, llevar alimentos hacia ella, masticarlos y escupirlos sin tragarlos. Quienes promueven este método aseguran que así se puede “engañar al cerebro” y evitar el consumo de calorías, aunque no existen estudios científicos que respalden esa afirmación y distintos especialistas advirtieron que se trata de una tendencia riesgosa.
Para María Florencia Gregorio, licenciada en Nutrición e integrante del Observatorio Alimentario Nutricional de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata, estas prácticas no solo carecen de respaldo científico, sino que pueden tener consecuencias importantes para la salud física y mental.
La profesional explicó que este tipo de retos se suman a muchas otras tendencias que circulan en redes sociales y que pueden reforzar conductas dañinas en relación con la comida. “Esa práctica que se ha viralizado, al igual que muchas otras que aparecen cada vez con mayor frecuencia en redes sociales, es realmente peligrosa desde diversos puntos de vista”, señaló. En ese sentido, advirtió que también pueden actuar como disparadores de problemáticas más profundas, ya que “refuerza conductas dañinas para la salud física y, fundamentalmente, para la salud mental, pudiendo actuar como disparador o sostén de conductas vinculadas a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)”.
Riesgos físicos más allá del reto
Además de lo llamativo del desafío, el método implica distintos riesgos. Uno de los más evidentes es la posibilidad de asfixia o atragantamiento al cubrir la boca con plástico mientras se mastica. También existe la posibilidad de ingerir o inhalar microplásticos, pequeñas partículas que pueden desprenderse al masticar contra el material.
“Cuando pensamos en comida, olemos alimentos o anticipamos el momento de comer, el organismo se prepara para recibir nutrientes”, explicó la nutricionista. En ese momento, detalló, “aumenta la salivación, se estimula la liberación de enzimas digestivas y de ácido clorhídrico en el estómago, y se liberan hormonas como la insulina”, ya que el cuerpo se dispone a digerir alimentos.
Sin embargo, si este mecanismo se activa y el alimento finalmente no se ingiere, pueden aparecer desajustes en el funcionamiento del organismo. Según la especialista, cuando esta situación se repite “puede producirse una desregulación del proceso digestivo y de las señales de hambre y saciedad”, lo que a largo plazo puede generar molestias gástricas, cambios metabólicos o mayor dificultad para interpretar las señales del propio cuerpo.
El mito de “engañar al cerebro”
Una de las ideas que circula para justificar este tipo de prácticas es que la masticación podría generar una falsa sensación de saciedad. Sin embargo, los especialistas advierten que el hambre es una señal fisiológica clave que el cuerpo necesita atender.
Gregorio explicó que ignorar esa señal puede resultar perjudicial. “El hambre es una señal vital y necesaria del cuerpo que debe ser respetada”, sostuvo. En ese sentido, señaló que intentar evitarla no representa una estrategia saludable: “se podrá ‘engañar’ al cerebro por un tiempo, pero esa conducta tiene consecuencias negativas tanto para la salud física como para la salud mental”.
Además, indicó que cuando estas conductas se sostienen en el tiempo pueden aparecer respuestas compensatorias del organismo, como episodios de atracones o alteraciones hormonales vinculadas a la regulación del apetito.
El riesgo de afectar la relación con la comida
Uno de los principales problemas de estas tendencias es el impacto que pueden tener en la forma en que las personas se vinculan con la alimentación. Gregorio advirtió que prácticas como la “plastic eating diet” pueden reforzar ideas negativas sobre la comida o sobre el propio cuerpo. “Cuando se instalan mensajes que presentan al comer como algo que hay que evitar o controlar todo el tiempo, eso puede generar una relación conflictiva con la alimentación”, explicó.
En ese sentido, señaló que algunas conductas promovidas en redes sociales pueden favorecer o desencadenar en un TCA, especialmente en adolescentes y jóvenes.
El impacto de las tendencias virales

Más allá de este reto puntual, la especialista advierte que el fenómeno forma parte de una tendencia más amplia que prometen bajar de peso rápidamente, controlar el hambre mediante trucos o dietas extremas y “atajos” para adelgazar que se viralizan en redes sociales.
La nutricionista explicó que estas propuestas suelen tener gran repercusión porque ofrecen soluciones simples a un problema complejo. “Las promesas de resultados rápidos suelen viralizarse mucho porque apelan a la urgencia y a la presión estética que muchas personas sienten”, sostuvo.
Para Gregorio, esto se vincula con un problema social más amplio relacionado con la presión estética. “Los trastornos de la conducta alimentaria constituyen un grave problema de salud pública que atravesamos como sociedad”, señaló.
Según la nutricionista, estos contenidos transmiten un mensaje implícito sobre el cuerpo ideal. “Transmiten la idea de que hay algo incorrecto en nuestros cuerpos y que deben ser modificados, instalando la noción de que el único cuerpo aceptable es el cuerpo delgado”, advirtió. Además, las plataformas digitales favorecen la circulación masiva de este tipo de mensajes, que muchas veces se difunden sin ningún tipo de respaldo profesional.
Redes sociales y consultas en aumento
El impacto de estos contenidos también se refleja en la consulta profesional. Cada vez es más frecuente que personas lleguen tras haber probado dietas o suplementos recomendados en redes sociales.
La especialista explicó que muchas personas replican estrategias vistas en internet sin evaluar si son adecuadas para su situación. “En la consulta vemos con frecuencia personas que prueban dietas o consumen suplementos porque lo vieron en TikTok o Instagram”, señaló. En algunos casos, agregó, estas decisiones se toman “sin supervisión profesional y con consecuencias que pueden afectar la salud”.
Señales de alerta
En adolescentes y jóvenes, los especialistas recomiendan prestar atención a ciertos cambios que podrían indicar una relación problemática con la comida. Entre las señales de alerta, Gregorio mencionó cambios en los hábitos cotidianos y en el estado emocional. “Cambios en el estado de ánimo, aislamiento o evitar compartir la mesa para que no los vean comer pueden ser indicadores de alerta”, explicó. También pueden aparecer restricciones alimentarias sin fundamento médico o sin asesoramiento profesional, una preocupación constante por el peso o las calorías, o la adopción de dietas extremadamente restrictivas.

Además, algunos signos físicos también pueden dar pistas sobre un posible TCA como descensos bruscos de peso, alteraciones en el ciclo menstrual, caída del cabello o cambios marcados en la piel y en los hábitos digestivos. “Cuando la comida pasa a ser una fuente permanente de culpa, miedo o control, es importante consultar con un profesional”, explicó la nutricionista.
Un mensaje frente a los “atajos” para adelgazar
Incluso algunas tendencias que se presentan como “saludables” pueden convertirse en un problema si se llevan al extremo. En los últimos años, por ejemplo, comenzó a hablarse de fenómenos como la obsesión por la comida “clean” (en español “limpia”) o el control excesivo de lo que se come.
Gregorio remarcó que los procesos vinculados a la alimentación no pueden reducirse a soluciones rápidas. “No hay soluciones inmediatas ni mágicas para bajar de peso”, sostuvo. Por el contrario, explicó que se trata de procesos que requieren tiempo, y que “buscar mejorar la alimentación es positivo, pero cuando se vuelve una obsesión o se eliminan grupos completos de alimentos sin una indicación profesional, también puede afectar la salud”, advirtió la especialista.
En ese sentido, también subrayó la importancia de no reducir la salud únicamente al peso corporal. “No todos los cuerpos gordos son cuerpos enfermos, ni todos los cuerpos delgados son cuerpos sanos”, concluyó. Según planteó, la clave está en construir hábitos sostenibles y desarrollar una relación equilibrada con la comida. “La alimentación tiene que ser algo que nos nutra, pero también que podamos disfrutar”.

