Amenazas de tiroteos: el fenómeno que preocupa a las escuelas y pone en alerta a las familias
En las ultimas semanas, en distintos puntos del país se multiplicaron las amenazas de tiroteos en escuelas y generaron preocupación en toda la comunidad educativa. Los mensajes, muchos de ellos difundidos a través de redes sociales, derivaron en suspensión de clases, operativos de seguridad y un clima de incertidumbre entre estudiantes, familias y docentes.
Desde la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense señalaron que estos episodios deben ser considerados como conductas graves, ya que implican riesgos concretos y requieren intervención institucional. Además, advirtieron que no pueden leerse como hechos aislados, sino como parte de una problemática más amplia vinculada a la convivencia escolar y al uso de entornos digitales.
Para profundizar en este fenómeno, desde Portal Universidad consultamos a la licenciada en Psicología María Paula Vega, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP).
Impacto de lo virtual en la vida
El crecimiento de estas amenazas no puede entenderse sin el rol de las redes sociales. Para Vega, la clave está en dejar de pensar lo digital como un espacio separado de la realidad. “Interpretamos esta ola de amenazas como una señal clara de que lo virtual y lo presencial no son mundos separados”, planteó la especialista al explicar que estas situaciones muestran cómo lo que circula en redes puede tener efectos concretos en la vida cotidiana.
En esa línea, agregó que “lo que comienza en redes sociales puede trasladarse rápidamente a la vida cotidiana”. Y agregó que esto impacta “directamente en las escuelas, en los vínculos y en la sensación de seguridad de toda la comunidad educativa”.
También señaló que estas prácticas se sostienen en dinámicas propias del entorno digital, y según detalló, “los retos virales y este tipo de amenazas suelen apoyarse en la lógica de la viralización, la exposición inmediata y la búsqueda de pertenencia grupal lo que lleva a que, en muchos casos, los adolescentes participen sin dimensionar plenamente las consecuencias, pensando que se trata de algo pasajero o sin gravedad”.
¿Son solo bromas?
Uno de los puntos centrales del debate es la tendencia a minimizar estos hechos. Sin embargo, tanto las autoridades como los especialistas coinciden en que el impacto ya es real, más allá de la intención.
En ese sentido, la especialista advirtió que “generar una situación de miedo, pánico e inseguridad en una comunidad educativa tiene consecuencias reales”, y remarcó que, incluso cuando no existe una intención concreta de llevar adelante la amenaza, “el impacto emocional en estudiantes, docentes y familias ya existe”.
Además, Vega puso énfasis en que estas acciones tienen implicancias legales y advirtió que “este tipo de amenazas constituye un delito, implica una intervención judicial y suele derivar en denuncias formales, investigación por parte de la justicia y sanciones escolares”. Y remarcó la necesidad de que “los adolescentes comprendan que en el mundo digital también hay responsabilidad y consecuencias”.
Impulsividad y necesidad de pertenecer
Para comprender por qué un adolescente puede realizar este tipo de acciones, es necesario considerar el momento evolutivo que atraviesa. En ese sentido, explicó que “durante la adolescencia todavía se está desarrollando la capacidad de anticipar riesgos, medir consecuencias y regular impulsos”, a lo que se suma “la fuerte necesidad de pertenecer, de ser visto por el grupo y de obtener reconocimiento social”.
En muchos casos, agregó, no hay una intención concreta de dañar: “Puede haber una escasa percepción del impacto emocional, institucional y legal que genera ese acto”. Pero también explica que “la inmediatez de las redes también favorece respuestas impulsivas, donde se actúa primero y se piensa después”.
El impacto en toda la comunidad educativa

Las consecuencias no recaen únicamente en quienes realizan las amenazas, sino que el efecto se expande a toda la comunidad escolar. Vega advirtió que “el impacto puede ser muy fuerte”, ya que aparecen los “miedos, la ansiedad, la angustia, la sensación de inseguridad y desconfianza hacia el espacio escolar, que debería ser un lugar de cuidado y protección”.
En este contexto, muchos estudiantes evitan asistir a clases o viven con preocupación constante. Como explicó la especialista, “incluso cuando la amenaza no se concreta, el efecto emocional permanece. Por eso no debemos minimizar estas situaciones: afectan a toda la comunidad educativa”.
El rol de los adultos
Frente a este escenario, el acompañamiento de las familias y de la escuela resulta fundamental, aunque no siempre es sencillo. La licenciada señaló que “lo más importante es poder conversar desde la calma, sin alarmismo pero también sin restarle importancia”, y sostuvo que es clave “abrir espacios de diálogo donde los chicos puedan expresar lo que sienten y pedir ayuda si algo los preocupa”.
Además, destacó que la clave no pasa por el control sino por la presencia, y remarcó que “escuchar, acompañar y supervisar no significa invadir, sino estar presentes”. Y agregó que “preguntar qué circula en redes y cómo se sienten en la escuela ayuda mucho más que el control aislado”.
Prevención y responsabilidad compartida
Finalmente, Vega remarcó que la prevención no puede recaer en un solo actor, sino que requiere un trabajo conjunto. En ese marco, sostuvo que “la principal herramienta sigue siendo la presencia adulta”, y que “conversar, acompañar y sostener vínculos de confianza permite que los chicos puedan pedir ayuda cuando algo los inquieta”.
A su vez, subrayó la importancia de “educar en ciudadanía digital y enseñar que lo que se publica o comparte en redes tiene consecuencias reales”. Además, la psicóloga advirtió sobre la importancia de actuar a tiempo y señaló que “cuando aparece una amenaza, no debe minimizarse ni resolverse en privado. Corresponde dar intervención a la escuela y, si es necesario, realizar la denuncia para que actúe la justicia”.
